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Por Walter Celina - 25 de Enero 2017
¿HABEMUS CARDENALIS? - I


¿Tenemos cardenal? La respuesta, de momento, será elusiva. Evitaré contradecir aquellas voces que, de manera casi litúrgica, puedan tener la urgencia de manifestar sí, por un respetable sentimiento de devoción.
Rehusaré pues avanzar hacia el motivo central, que es un asunto político-religioso, algo que valdrá examinar en su peculiaridad.
Si primero, según parece, está la materia y esta asoma con su esplendente naturaleza y, luego viene el hombre, con lo que este crea y organiza, hablemos un poquitín de los cardenales.
Unos, muy cercanos, tanto que oímos sus cantos desde el entramado de los árboles. En ocasiones, el derrame viene de algún púlpito… Algo bien distinto.

No dudo que el profesor que en ciencias naturales (1) suministró a los jóvenes de mi generación conocimientos básicos de zoología y botánica sonreiría, de saber que uno de sus alumnos, decenas de años más tarde de aquellas clases, abrió libros y navegó por Internet a fin de escrutar en temas sobre los que él enseñara, con aquellas cualidades mayores de quien educa: saber académico, sentido pedagógico y trato afable con el educando.

Una golondrina no hace verano. Tampoco estremece un cardenal en jaula de oro. En cambio, el trino de varios cardenales alegra vitalmente el espacio.
En Uruguay tenemos el privilegio de contar con el “cardenal de copete rojo” cuyo nombre de registro es “paroaria coronata”. Forma parte de las tangaras, género de paseriformes, un gran orden que abarca a más de la mitad de las especies voladoras del planeta. Se les distingue como pájaros cantores o aves canoras. “Passer”, en latín, es gorrión, por lo que la palabra indica a las aves que tienen un porte similar a dicho pájaro.

De presencia vistosa, su largo es de unos 20 cms. Copete distintivo, extendido por cara, cuello y parte del pecho. Continúa hacia el vientre con un blanco grisáceo. Dorso gris. Sus gorjeos o silbidos son potentes y dulces, asemejándose a los de una flauta. Prefieren zonas con arbustos, a orillas de ríos y arroyos. Omnívoro. Se encuentra en la condición de “vulnerable”.
Tanto la hembra como el macho son los encargados de la construcción del nido, que adquiere forma de taza. El uno no habita a expensas del otro. Pueden vivir hasta unos 25 años.
El diccionario hispánico refiere a esta bella forma de vida animal, indicando que el nombre deriva de “cardenalis”.

La otra acepción de cardenal tiene que ver con lo que denominaría la “copia humana”, esto es, los prelados que componen el colegio consultivo del Papa y el cónclave elector del mandatario estadual y religioso.
Hice anotaciones sobre el original. Veremos qué muestra la fotocopia porque también “¡habemus cardenalis”!


NOTA

(1): Prof. Ing. Agr. Julio Correa. 1947 y 1948. Liceo Departamental de Soriano, hoy “Luis Alberto Zanzi”.