Chuynet.com
facebook.com/chuynetportal twitter.com/chuynet
Google

Blogs

Buscar noticia



Guia Chuynet, A un Clic de Todo
Alquilar en la Playa
Venta Propiedades
 
 
Por Walter Celina - 26 de Enero 2017
¡HABEMUS CARDENALIS! - II


MORIR POR LA FE

¿Habemus cardenalis? Entrando al ámbito eclesiástico la respuesta es afirmativa. La proclamación del clérigo uruguayo Daniel Fernando Sturla Berhouet (1959) tuvo lugar en el Vaticano en febrero de 2015. La vocación de morir por la fe se expresa con la birreta y parte del hábito rojo patente.
Perteneciente a una familia de clase media, perdió a sus padres en la adolescencia. Adhirió a la congregación salesiana. Su hermano, el Dr. Martín Sturla -fallecido-, como diputado del Partido Nacional, fue redactor de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado.
Ha escrito en retrospectiva sobre la separación de la Iglesia y el Estado y acerca de denominaciones en el calendario (día de la familia, semana de turismo, etc.) y se ocupa de temas como la educación religiosa y el quehacer juvenil.

El concepto de que la iglesia católica está para salvar al hombre -como de manera similar lo proclaman sus demás variantes, sea con la Biblia, el Corán u otros textos- lleva a que se añoren los tiempos pretéritos en que dicho sistema de creencias estuviera identificado con el Estado (a despecho de los demás credos).
Cabe recordar que la pérdida de los privilegios de su matrimonio con el poder redujo territorialmente a la iglesia bifronte al mini Estado del Vaticano, aunque pudiendo, en las repúblicas emergentes, realizar sus prédicas. Y organizarse de las más diversas maneras. Así lo hizo en Uruguay, al amparo de la libertad de cultos y exenciones impositivas, cuando se consagró, constitucionalmente en 1918, que “el Estado no sostiene religión alguna”.

TRANSGRESIONES INDEBIDAS

El Estado laico no respalda ni avala doctrinas. No se embandera ni milita con ellas. La laicidad asegura la libertad del ciudadano de optar por una religión o por otra, según mande su conciencia. O por ninguna, si así se prefiere. Tampoco patrocina postulados ateos o agnósticos.
Caso emblemático es el de escuela pública vareliana. Lleva el signo indeleble de “laica”. Es la educación impartida en institutos oficiales la que respeta la conciencia del educando. La que no ataca la personalidad del niño; la que no lo induce a los temores de los infiernos con sus llamas permanentes; la que no prohija diablos rojos con tridentes, ni bellos infantes regordetes dotados de alas, para anidar nadie sabe dónde…

Estas consideraciones guardan relación con la mirada desviada del novel cardenal y su prédica. Él aspira a disponer de más santuarios en espacios de uso público, como si se tratara de iglesias abiertas, cuando pocos, muy poquitos, de sus feligreses visitan los edificios parroquiales. El tonsurado ha ayudado a jerarquías militares a transgredir las normas y usos que impiden expresiones institucionales de la fuerza armada con fines ideológicos, políticos, filosóficos o religiosos, lo que es una desviación contraria a la concepción democrático-republicana de gobierno. Un desafío a los preceptos que excluyen a los funcionarios armados de actos políticos y concomitantes, que responden a un centro vinculado a un estado teocrático. No otra cosa ha sido la presencia de uniformados en el templo Iglesia Matriz de Montevideo y un discurso -no procedente- del Comandante del Ejército. Más, este mismo cardenal proyectó un reducto de fe en el Hospital Militar, similar a otro ya autorizado -durante el primer gobierno del Dr. Vázquez- en el hospital para niños “Pereira Rossell”.

CREDO CON COMPRAS A PLAZO

Si la adhesión al catolicismo ha caído en desuso, razones habrá. No ha sido la laicidad la que enfermó con deméritos y soledad a la iglesia local y la repartió en pedazos, entre tantas corrientes y sectas de especuladores. Si el cardenal, como gusta manifestar “ama el pastoreo de las almas”, allí tiene un campo amplísimo. ¡Reconvierta a los que huyeron!

El cardenal quedó contento con la venta de 25 mil balconeras navideñas y lo ha celebrado, aunque sea un resultado bien flaco. Por propias expresiones parece que un “balde laicista” embotó a los católicos hasta ahora, a quienes ha rogado emprendan una cruzada salvadora.
Su fe ansía “temporalidad”. Quiere subsidios para la enseñanza católica y plazas para imágenes y lanza tarjetas de crédito para compras; como antes fundaran “cajas obreras”, impulsaran un banco en quiebra y hasta el partido llamado Unión Cívica, hoy fundido en el Partido Nacional…
Como cualquier filosofía su credo es respetable, lo que no significa compartible. El cardenal preconiza una utopía regresiva, anacrónica. El origen del mal que hace tiritar a la iglesia no está en José Batlle y Ordóñez. La virtud histórica de este consistió en separar los artículos de fe con intereses, muy concretos, del Estado Democrático de Derecho, del que sentara importantes bases. Ellas vigorizaron el respeto y la igualdad entre los ciudadanos.

La vieja iglesia, la más conservadora y cruel, rechaza al Estado laico y, por consecuencia, su laicidad.
Cabría preguntar: ¿cuál es la afinidad del cardenal uruguayo con Francisco Bergoglio? Si, como se ha visto, su catecismo recoge una concepción “demodé”, retornando a la prédica del Papa León XIII, de poco habrán de servir las balconeras, ni los panes comprados en cuotas, ni algunos militares en los oratorios.