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Por Julio Dornel - 27 de Enero 2017
CHUY- CHUI: RECHAZAN LA PENA DE MUERTE


Los asesinatos registrados en esta frontera durante el mes que termina, han marcado profundamente la pacífica convivencia que ha caracterizado a esta sociedad, determinando que desde algunos sectores se comience a reclamar la legalización de la pena de muerte. Si bien la discusión está planteada entre los habitantes de ambos municipios, una rápida consulta realizada en la zona céntrica de la ciudad (Gral. Artigas y Avenida Brasil) ha demostrado que el 70 % de la población se ha manifestado contraria a su legalización. Sin detallar los impedimentos legales que surgirían en el momento de su aplicación, es evidente que las personas consultadas han basado sus argumentos en la vigencia de los derechos humanos y garantías individuales relacionadas a cuestiones morales y religiosas. Un bajo porcentaje de los entrevistados señalaron que la misma se podría aplicar en casos comprobados de violaciones, secuestros, y crímenes de extrema violencia.

EL MIEDO DOMINA LA FRONTERA.

Hace algunos años señalábamos en EL FANAL correspondiente a marzo de 1994, que “el problema de la seguridad pública estaba reservado exclusivamente para las grandes ciudades, que por su explosión demográfica le quitaba a la población la posibilidad de de caminar libremente y sin mayores sobresaltos por las calles de ambos municipios”. Estábamos equivocados y es justo reconocerlo, la reiteración de algunos hechos delictivos han sorprendido a los propios funcionarios policiales, creando entre la población un estado de incertidumbre y temor jamás imaginado.

El paso de los años nos ha demostrado que el crecimiento arrollador que ha experimentado esta frontera, ha tenido como principal protagonista al pueblo más castigado por la violencia en todo el departamento. En un intento para atenuar los riesgos, la población apunta a la contratación de empresas de seguridad, sofisticados sistemas de control, rejas, muros y perros, mientras algunos establecimientos comerciales están cerrando más temprano y el hombre común reduce sus salidas nocturnas. Todo esto significa una lamentable constatación, para una ciudad que siempre se enorgullecía de su pacifica tradición de “dormir con las puertas abiertas”. Por supuesto que el tema no se agota con “gritos de alerta”, será necesario que las autoridades correspondientes y la sociedad en su conjunto encuentren una solución que por el momento vemos lejana. Tan lejana como la legalización de la pena de muerte.