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Por Walter Celina - 12 de Marzo 2017
REDES, NO TAN SOCIALES


La pregunta podría ser: ¿cómo influyen en el comportamiento y las emociones las redes sociales, más particularmente, si el usuario decrece en sus actividades ordinarias o grupales?
Es una materia en que padres y educadores tienen una mirada, que vale profundizar. Sus coletazos ocupan el campo de la psicología y, cada vez más, desembarcan en los consultorios médicos.
Una información de interés la provee la versión española de la revista Investigación y Ciencia de marzo, remitiéndose a fuentes de la Universidad de Pittsburgh y comentarios de American Journal of Preventive Medicine.

La cuestión gira en torno al tiempo que dedica un adulto joven a los medios sociales en línea. Cuanto más lo haga resultará más probable que se sienta aislado socialmente. La frecuencia en el uso de estas plataformas digitales aumenta el riesgo.
Un estudio que alcanzó a unos 1.800 estadounidenses, con edades comprendidas entre los 19 y 32 años, evaluó la utilización que los usuarios hacían de 11 plataformas sociales populares (Facebook, YouTube, Instagram, Tumblr y LinkedIn, entre otras). Fueron analizados los tiempos y frecuencias de conexión, calibrándose, asimismo, la percepción de aislamiento entendida por los participantes en la consulta.
Brian A. Primack, autor principal de la investigación, sostiene que “si bien puede parecer que las redes sociales presentan oportunidades para llenar el vacío social, el estudio sugiere que quizá no sean la solución esperada”.

Verificaron que los sujetos que se conectaban más de dos horas diarias presentaban el doble de probabilidades de aislamiento comunitario percibido que aquellos que pasaban en las redes menos de media hora cada día. De este modo, los que visitaban varias plataformas sociales, 58 o más veces por semana, presentaban cerca del triple de probabilidades de un sentimiento de aislamiento social que los conectados menos de 9 veces por semana.
Elizabeth Miller, coautora del trabajo, estableció que “todavía no sabemos qué precede a qué. Si son los medios sociales o, si es el aislamiento entendido por el individuo”. Aventuró que “es posible que los adultos jóvenes que, en un inicio se sienten socialmente aislados, recurran a los medios referidos, o también que su mayor empleo, de alguna manera, les lleve a sentirse separados del mundo real. Sin descartar que pudiere tratarse de una combinación de ambas circunstancias”.

Los académicos hurgadores encuentran distintas teorías para explicar porqué el uso de las redes puede provocar sentimientos de encierro. Por un lado, proponen que la utilización de las bases digitales enumeradas desplaza experiencias sociales más auténticas ya que, cuanto más tiempo se invierte en ellas, de menos horas se dispone para las interrelaciones en el mundo verdadero. Anotan que ciertas características de estos entramados favorecen los sentimientos de exclusión. Por ejemplo, cuando el sujeto ve fotografías de amigos que se divierten en un evento al que no ha sido invitado. Se argumenta que la exposición a representaciones idealizadas de la vida de otras personas podría provocar celos o envidia y la creencia, distorsionada, de que esas vidas son más felices y exitosas que la propia.

Primack no duda que “algunas personas que transitan por ciertas plataformas puedan encontrar comodidad y vínculos útiles a través de ellas”. Pero, recuerda que “los resultados del estudio muestran que, en general, la aclimatización a las redes tiende a relacionarse con un aumento del aislamiento social, no con su disminución”.
De lo tratado resulta la conveniencia de la restricción consciente de los tiempos empleados, tanto más cuando se haga visible que la persona cursa síntomas de aislamiento en sus relaciones cotidianas.