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Por Walter Celina - 19 de Marzo 2017
HABLEMOS DE MIRONES


En principio son mirones quienes observan con demasiada insistencia o curiosidad algo de la vida corriente, o quien mira actividades que realizan otros, sin participar. Estas personas son las que se parapetan tras las ventanas o frecuentan de lugares abiertos, a veces muy predispuestos al comentario…
Pero, hay otra variedad en la familia de los mirones. Tal vez Ud. sepa de alguno de ellos y conozca sus acciones, por lo regular pasivas.
Se trata de los “voyeur”, voz francesa que proviene, precisamente, del verbo “voir”, ver. Con el sufijo “eur” significa “el que ve”. Voyeur ha dado lugar a la palabra aceptada en el español “voyeurista” o “voyerista” y “voyeurismo.
Es un tipo de conducta sexual.

UN RECORRE CALLES

Conocí dicho comportamiento en un compañero de liceo. Me causó gracia. Éramos jóvenes. Yo -felismente- había roto la cáscara. Tenía conocimientos de fisiología, había leído a Havelock Elis y no me inhibía con las muchachas.
En las cálidas noches veraniegas de Mercedes solíamos juntarnos a conversar con amigos en la vereda de mi casa hasta cerca de la medianoche. Me llamó la atención que aquel muchacho, alto y desgarbado, ya tarde y solo pasara en dirección bien opuesta a su domicilio. La acción se repetía. Solo nos saludaba sin cortar su marcha. Lo interpelé sobre qué lo inducía en su caminata. Me dijo: “Me detengo en las ventanas abiertas y veo mujeres desnudas y parejas que duermen.” No le encontré mérito a tal entretenimiento. Me me parecía un acto indebido.

Él era un “voyeur”. Luego vi operar a desconocidos arrastrándose tras parejas en los parques públicos Rodó y Rivera, en Montevideo. Consideré lo de mi compañero un infantilismo. Extrañamente le ocurría a un estudiante con excelente dominio en todos los rubros del aprendizaje preuniversitario. Tal especie de falla psicológica era mucho más que una forma de inhabilidad para encarar directamente a una mujer. Luego supe que esa predisposición suele no acompañarse de ningún tipo de actividad sexual. Hoy llega a los consultorios de psicología y sexología. Puede y debe ser tratada.

UN ESPIADOR IMPENITENTE

En estos días se ha conocido, con lujo de detalles, una delectación voyeurista, seguida de manera sistemática en Estados Unidos por la friolera de 40 años.
Ocurrió en la ciudad de Aurora, Estado de Colorado. Gerald Foos compró el motel conocido como Manor House. En la edificación a dos agua montó un sistema que le permitía acceder a todo cuanto ocurría con las parejas en las habitaciones. Llevó un registro completo de lo que vio y “disfrutó”. Escribió detallando las variedades de sexo explícito de las personas que alquilaban por día o por hora. Finalmente, concertó con un escritor la realización de un libro que está en circulación en Uruguay.
El relato no estaría exento de cierto interés por la descripción de nuevas prácticas sexuales que despuntaron desde los años 60 del siglo XX y el uso de drogas.

No alcanzará punto de comparación con las investigaciones formidables de los esposos Masters y Johnson pero, aprecian quienes ya lo han leído, que posee el interés de un gran muestrario íntimo de lo que ocurre entre cuatro paredes.
Alguien podrá sostener que este voyeur quedó atrás con su tecnología. No puedo dudarlo.

Si “El Guardián” puede acompañar a una pareja hasta la puerta de un motel, adentro cualquiera podrá filmarla -desde la CIA a un limpiador- y en un colorido video remontar los hábitos eróticos captados hasta las galaxias…