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ENTREVISTA  INTEMPORAL A MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

Por Walter Ernesto Celina  

“Mi vida se va acabando y al paso de las efemérides de mis pulsos, que,
a más tardar acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la
 de mi vida. Adiós gracias, adiós donaires, adiós regocijados
 amigos, que yo me voy muriendo y deseando veros presto
 contentos en la otra vida.”
(Del prólogo de “Persiles”, de Miguel de Cervantes Saavedra.)

 INTRODUCCIÓN

Extraño caso de quien anuncia su muerte, para permanecer vivo 400 años después, rodeado de los encomios imaginables y de los que van más allá de la palabra y unánimemente lo reconocen como celebridad universal en el mundo de las letras y, a la vez, padre de la novelística.

Hay otra vida, ha dicho Paul Eluard, y está en ésta”, fantástica frase de poliédricos sentidos, nunca mejor aplicada que al creador del Caballero de la Triste Figura.

No fue sencillo que pudiéramos conectarnos con Don Miguel. Desde que emprendió el noviciado, su tiempo es absorbido por la Orden Tercera de San Francisco, como antes de 1613 lo hicieran sus hermanas y mujer.

La Batalla de Lepanto. Pintura de Paolo Caliari Veronese. Acedemia de Valencia.

Allí recibimos la indicación que nos atendería en la casona de la calle “de Francos, con vuelta a la del León”, signada “con el número 20 antiguo” en el nomenclátor madrileño. (1)

En la sala hay una mesa con candelabros, tinta, plumas y encima un artefacto de iluminación. La mesa, en uno de sus costados, tiene libros y mazos con papeles escritos apretados por una piedra lustrosa. Varias sillas, una mesa de té y a su costado un sillón apoltronado. Allí está un hombre enjuto, con un vientre voluminoso. Le han diagnosticado hidropesía. Su mal tal vez sea diabetes. 

EL CREADOR DE “DON QUIJOTE” HABLA

DE SU TIEMPO Y DE SU VIDA

Tras el saludo, extiende su brazo derecho para que acerquemos una butaca cómoda.

Casi con una sonrisa y una voz, entre magnánima y actoral,  inicia el diálogo:

-¿Pues bien, de qué queréis que hablemos?

-De Ud. Maestro. ¿Confirma que nació el 29 de setiembre de 1547, en Alcalá de Henares?

- Como que soy el Manco de Lepanto…

- ¿Pensó que cuatro centurias después de escrita la primera parte de Don Quijote de la Mancha se le consideraría sin disputa uno de los escritores más famosos de todos los tiempos?

- No niego mi amor por la literatura, a la que considero una de las formas del arte de pensar. Lamento sólo que algo de la fama con que hoy se me reviste no me haya llegado antes del 22 de abril de 1616.

Mueve la cabeza dos o tres veces, alza las cejas y continúa:

- Si la fama me llega por divertir y enseñar algo del alma humana, podría deciros que he demostrado para qué sirve escribir.

Ahora, en cuanto a mis creaciones, sólo  volvería a decir que “cada uno es hijo de sus obras”.

- ¿Su vida ha sido azarosa?

- Distinta a la del Quijote, aunque siempre envuelto en riesgos. Bastante turbulenta, os diría. Por un instante su mirada queda fija en el cielorraso y vuelve a observarme.

- ¿Cómo era su Alcalá de Henares?

- Allí vieron mis ojos la primera luz. Era entonces un poblado influido por la Universidad, la imprenta que editó la Primer Biblia Políglota y las costumbres moriscas.

- De su pueblo es oriundo el Dr. Manuel Azaña Díaz, escritor, presidente y defensor de la República Española.

- He afirmado ya que “por la libertad y la honra se puede y debe arriesgar la vida”.

En estos tiempos he vuelto a Alcalá y Esquivias. Puedo sostener que vi mucho porque anduve mucho. Quizás, un dato de familia.

- ¿La movilidad es un atributo distintivo de los Cervantes?

- Observad. Mi abuelo Juan fue abogado y miembro de la Santa Inquisición y mi abuela, Leonor de Torreblanca, pertenecía a una familia de médicos cordobeses. Mi padre, Rodrigo, se casó con Leonor de Cortinas, oriunda de Castilla La Vieja. Él era cirujano itinerante. Así, la familia pasó por Valladolid en 1550, por Córdoba en 1555, por Sevilla en 1560 y se estableció en Madrid hacia 1566.

- ¿Cuántos hermanos eran?

- Mis hermanas mayores: Andrea y Luisa; Magdalena la menor y Rodrigo, mayor que ella y menor que yo. Con él tuvimos un pesado cautiverio militar en Argel.  

Advertid: fuimos una familia bastante trashumante.

- ¿Su gusto por escribir cuándo aparece?

- Escribí en medio de mis ajetreos juveniles. Recuerdo que en 1569             -cuando hacía unos tres años que nos habíamos instalado en Madrid- realicé cuatro composiciones poéticas para mi maestro, el Rector del Estudio de la Villa, Don Juan de López de los Hoyos, quien fuera un gran humanista. Era yo un joven apuesto, saludable, bravucón -no lo negaría- cuando mantuve un duelo con el Maestro de Obras Juan de Segura. En ese lance no me hirió. La fortuna de la espada me acompañó, aunque debí sortear la justicia sevillana que me condenaría en rebeldía. Sentenciaron el corte de mi mano derecha y un destierro por diez años. En esta situación complicada emigré para Italia, recomendado por unos parientes ante el Cardenal Aquaviva, un prelado muy influyente, quien me acogió. Por allí interrumpí los estudios y se paralizaron de momento mis inclinaciones literarias.

- ¿De ahí en más el Mare Nostrum lo atrapó?

- Bien que le conocí en sus costas, tierras y cielos, siempre azules. Estuve asomado a las disputas imperiales sirviendo a España y ello me permitió conocer el cuadro de la época y sus intereses. ¡Ah… y a los individuos!

- Prosiga Maestro. ¿Cómo fue ese tiempo y el que le sirvió de antecedente para que las cosas fueran como resultaron para Ud.?

- Ese pasado inmediato anterior me puede servir para ilustraros porqué devinieron las aventuras reales que a tantos, y a mi, en primera persona, nos tocó vivir, en suerte o en desgracia.

- En su autorretrato menciona a Carlos I de España, padre de Felipe II…

- Sí, sí…¡Le dio fisonomía a España! Realiza una pausa e indica con interés:

- Entre 1519 y 1558 fue Emperador del Sacro Imperio Romano. Procuró mantener la unidad europea ligada al catolicismo.

- ¿Cómo alcanzó tanto poder?

- Descendía de Felipe I, apodado El Hermoso, Archiduque de Austria, y de Juana I, llamada La Loca, reina Castellana. Recibió la herencia de tres dinastías: la de Habsburgo (o sea de los Austrias), la de Borgoña y la de Tratámara.

Por el mecanismo de la sucesión, entre 1515-1519 su poder quedó establecido en los territorios de los actuales Países Bajos, Luxemburgo y Bélgica. Resulta así investido como Emperador del Sacro Imperio.

Mire qué interesante: Al heredar en 1516 la Corona de Aragón y Castilla (de los Reyes Católicos) se hizo Rey de España. Comandaría, por añadidura, los territorios exteriores a la Península Ibérica, a saber, Sicilia y Nápoles, Cerdeña, Canarias y todo el Nuevo Mundo (la América descubierta y por descubrir).

-En España  el monarca se conocía por Carlos I. Para los demás era el Emperador Carlos V.

- Efectivamente. Y, si queréis tomad en cuenta esta referencia. Nací en 1547, bajo su reinado. En 1556 cedió la Corona de España y sus posesiones a su hijo Felipe II. Y, en 1558, la Corona y los territorios del Imperio a Fernando I, su otro hijo.

- Su vida coincide Maestro con el reinado de Felipe II de España.

- Si, aunque él fallece un poco después de disponer la división del poder imperial. Le he sobrevivido un poco más…

- ¿Cómo de agitado fue el reinado de Felipe II y cómo marcó su vida?

 La historia suele ser gráfica. Os  narraré por partes.

Acordaos de las posesiones que el Rey Carlos I le cediera a Felipe II. Es gracioso. No eran pocas y se ampliaron por sucesivos matrimonios reales. El primero, en 1543, con su prima María de Portugal. En 1554, tras el fallecimiento de ésta lo hace con la Reina de Inglaterra, María I, de los Tudor. Cinco años más tarde será con la francesa Isabel de Valois y, finalmente, ya por cuarta vez, con su sobrina Ana de Austria.

- Su amor no tenía parecido con el del Ingenioso Hidalgo por Dulcinea del Toboso.

- ¡Mundos distintos, amigo!

- ¿Cómo el mundo que buscaba hegemonizar?

- No tengáis duda. Su poder en Europa integró las coronas de Castilla y Aragón, Navarra, los Pirineos Orientales (el Rosellón), provincias al este de Francia, los Países Bajos, Sicilia, Cerdeña, el Ducado Milanés (Italia al norte), Nápoles, más Portugal y sus colonias de África y Asia. La América descubierta, las Filipinas y plazas del África Norte, como Orán, Túnez, etc.

Nada más grande, bajo un cetro único, ha habido en la Época Moderna que nos toca contemplar.

- ¿No era un conjunto muy heterogéneo?

- Demasiado. Felipe II quiso signar este mundo bajo el común denominador del cristianismo católico y fortificó sus relaciones e intereses con el Papado.

- Lo que dio lugar a que se manifestaran relaciones encontradas entre el poder temporal y el poder espiritual.

- Os citaré, apenas, algunos focos a tomar en cuenta. Felipe II continúa la guerra contra los franceses. En el 57 -cuando yo tenía 10 años- las fuerzas imperiales triunfan en la batalla de San Quintín, firmándose la paz.

En el 1566 los Países Bajos, atizados por Inglaterra, se levantan. La guerra dura ochenta años.

En el 68 los moriscos de las Alpujarras de Granada proclamaron su rey, sublevándose. Tres años después fueron vencidos.

Felipe II, que era nieto del Rey de Portugal Manuel I, nombrado El Afortunado, reclama el trono y hace suyo a Portugal y sus colonias.

La situación, bien que se mire, era muy densa. Algunos asuntos dilemáticos se arrastraban de la época de Carlos I o V, como prefiráis llamarle.

- Por ejemplo, con protestantes y calvinistas europeos, con el agregado del lindero Imperio Otomano, guiado por la fe distinta de los musulmanes.

- Agregadle los problemas con los ingleses. Felipe II tenía claro la supremacía en el mar de los islámicos, que en 1560 habían derrotado a su flota. La exacerbación pues, se pintaba en varios puntos.

En tanto, los moriscos son expulsados de Granada y distribuidos por Castilla.

En medio de este conjunto abigarrado de situaciones era claro que parte del poder cruzaba por las rutas del Mar Mediterráneo. Debo referiros que se producen más chispazos significativos. En 1570 el Virrey de Argel destituye al Emir de Túnez, amigo de España. El Sultán Salim II da un ultimátum a Venecia y ocupa la estratégica Isla de Chipre.

- La presión en el caldero estaba tornándose crítica.

- Lo tenéis claro. Es cuando Felipe II realiza un acuerdo político con el Papa Pío V, por un lado, conocido como las capitulaciones de la Liga Santa y otro con Venecia. Irían mancomunados a una guerra frontal.

- ¿Su hermano Rodrigo ya integraba una compañía?

- La de Diego Urbina. Después me enrolé yo y con la armada cristiana de la Santa Liga y a las órdenes de Juan de Austria, iríamos a enfrentar a los turcos. 280 naves y 30.000 hombres de armas. Gusto recordar el nombre de mi galera. Se distinguía por la leyenda “Marquesa”.

- ¿Cómo fueron los sucesos?

- Felices en el resultado bélico. Atroces en las pérdidas humanas. Las naves se encontraron frente a frente con  las otomanas en el Golfo de Lepanto, en Grecia, próximo a las aguas del Mar Jónico y teniendo casi a la vista a la población de Patras. Teníamos que vencer y pudimos hacerlo. ¡Vedme, ahora!

- Maestro ¡perdió el uso de la mano izquierda y el brazo no tiene movimiento!

- De un arcabuzazo, mas otros dos que me impactaron en el pecho. Esto me valió el apodo que me señala ¡y a mucha honra! como“El manco de Lepanto”. Vivo para contarlo, más murieron millares de hombres.

- Digamos que esa fue su experiencia militar…

- Después de recuperado en Messina, estuve en Grecia y Tunicia, sirviendo a Juan de Austria.

- ¿El señor pasó por Nápoles?

- Bella tierra. Allí conocí a Silena, con quien tuvimos un hijo.

- ¿Cuándo retorna a España?

- En 1575 veníamos en la galera “El Sol”, cerca de las costas catalanas y no lejos de Cadaqués, cuando fuimos sometidos por el corsario turco Arnaut Mamí.

Pasé 5 años y meses en la condición de preso esclavizado en Argel. Así que adiós a las remuneraciones que nos habrían de pagar por servicios prestados a la Corona.

Cuando pude llegar a España, pagando rescate, la suerte no me fue muy favorable para tener una vida sin apremios. Hasta quise viajar a Las Indias.

- ¿En amores fue correspondido?

- No os diré que no lo he sido. En Madrid tuve amores con Ana Franca de Rojas, relación de la que nació en 1584 Isabel. Era mujer de un tabernero. En diciembre del año que os indicara contraje nupcias con Catalina de Salazar y Palacios, con quien no tuvimos hijos.

- ¿A todo esto su carrera militar como evolucionó?

- Quedó trunca, decididamente. Participé como funcionario al servicio de la Armada Invencible, cuando preparaba acciones contra Inglaterra. Rememorad que este era otro de los frentes en que España debía actuar. Y allí fracasó estrepitosamente, abriendo flancos. Los corsarios como Drake y otros golpearon en el Caribe y en el Atlántico, debilitando al reino.

- ¿Es por aquí que toma con bríos juveniles la pluma?

Abre los ojos con firmeza y alzando un poco la mano derecha, se apresura a responder:

- No. Todavía tuve una misión civil difícil, que me costó una orden de excomunión. Recorrí Andalucía requisando abastecimientos para la expedición de 1588, obligando a campesinos poderosos y canónigos con privilegios. Ello levantó fuertes resistencias. En otros trabajos me encontré con colaboradores deshonestos -que siempre los ha habido-, debiendo hasta pasar injustamente por la cárcel. Pero ya fue, suspira.

- ¿La literatura abrió en su vida un nuevo escenario?

- Definitivamente. Es la seducción por la palabra y lo que ellas son capaces de crear en nosotros y en los demás. Por cierto, “el tiempo madura las cosas. Ningún hombre nace sabio”. Anduve por tierra y por mar. Tuve momentos felices y de los otros. Escudriñé en mi y en los demás y pisé tierras desconocidas. El teatro me pareció siempre un oficio apasionante. Como escritor comencé una nueva vida, intensa y diferente a las que viviera. “La Galatea”sale de imprenta en 1585. “El Quijote”, su primera parte es de 1605. Las “Novelas Ejemplares” datan de 1613, “Viaje al Parnaso” de 1514, “Ocho comedias y ocho entremeces” de 1615, lo mismo que la segunda parte de “El Quijote”. Esas hojas que veis allí, apretadas por una piedra suave tomada del Río Manzanares, son “Los trabajos de Persiles y Segismunda”, que espero muy pronto acabar.

Llega en este momento una buena señora. Reverenciosamente le recuerda al Maestro que es la hora necesaria de las medicinas, los alimentos y el descanso.

No habrá despedida. Sólo el más grande recuerdo para el genio de Alcalá. Una luz diamantina, pequeña y firme de nuestro universo, posada tibiamente en todas las formas del habla humana. En esta vida.

(1) Véase dentro de esta serie de notas la referente a Ramón de Mesonero Romanos, quien actuara para la preservación de la vivienda en que falleciera Cervantes.

Walter Ernesto Celina - 2005