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Isabel Traductora
 
Historia de Chuy
 
EPÍLOGO

CHUY surgió como un poblado natural a orillas del arroyo homónimo hace más de un siglo. Ello ocurrió después que se levantaran los ya históricos marcos divisorios y se asentaran los primeros centros administrativos y de control fronterizos. 

A impulso de sus pobladores y favorecidos por la situación geográfica, logró una creciente importancia social y comercial. Así, con el devenir de los tiempos se evidencia una lenta pero firme evolución.

Muchos hechos sin duda, no han sido registrados en el presente trabajo, dado el carácter general de la obra. Toda tarea es perfectible y eso puede significar un desafío para el futuro y para los investigadores de la microhistoria. 

Profundizar en la vida socio-económico-cultural de una comunidad, como la nuestra, nos ha permitido rememorar el ayer para comprender nuestra realidad de hoy.

Hace un siglo los hermanos Tapí o Tapia eran contratados por la familia Ventura-Rodríguez como albañiles para construir nuevos edificios y un grupo de revolucionarios al mando de Benítez y Pareja, en 1897, tomaba por asalto la Sub Receptoría de Aduanas del Chuy y se libraba algún combate secundario en la zona, en el marco de las guerras civiles. 

Hace cuatro décadas don Alfonso Gómez tenia la única empresa fúnebre que funcionaba en la localidad y contó con carrozas tiradas por caballos de negro pelaje, para estar a tono con las circunstancias... 

En todas las épocas Chuy tuvo personajes populares y la sola mención de sus nombres, tiene un dejo de nostalgia y sentimentalismo del que ningún historiador puede desprenderse. Eduviges Plá recordaba siempre a Geraldo, un negro ex servidor en la Guerra del Paraguay, que con sus manos tocaba el clarín en forma maravillosa. Otros nombres de gente humilde y soñadora pero buena, se perdieron en el tiempo, quedando en la memoria popular los apodos: Piqueno, el Comisario Portela, Germán, Pilila... Tal vez, donde la historia parece injusta haya que hacer un último aporte. 

No abundan los nombres femeninos, pero hay damas cuya presencia y personalidad en la sociedad nadie olvidara: Pilar Armendáriz de Decuadra es un ejemplo entre tantos otros. 

El deporte ha tenido sus ídolos: Edgar Pérez, Wilson “Bibe” Selayarán, Ariel Lasa, Juan  C. Fernández (Jaburú), Carlos Dante Cardozo, Arturo Altéz y Paulo Píriz Santana (Paulinho). También recuerda a los que se fueron en forma imprevista: Rubén Luis Plá, Jorge “Monito” Nieves y Airton Amaral. 

En el mundo artístico los fotógrafos de todos los tiempos han contribuido mucho para que hoy lleguen a nosotros imágenes del pasado: Manuel de las Gracias Palomares, Edwin Rodríguez, Adonías Pereyra Mesones (el popular “Patón”), Zenadie González, Walter Gutiérrez y otros. 

La historia como vieron se ha escrito con hechos y nombres. Tal vez nadie comprendería el auge que ha tenido la medicina si no recordamos al pasar, los nombres de aquellos profesionales que siguieron a los precursores Manuel Iglesias (h), Gladys Soria, Garaza, Hilda Villar, Guido Vogler, Daysi Páez de Talayer (Odontólogos); Fernando Campos Ross, Oscar Chaux Maldonado, Cabrera Ayala -los tres paraguayos-, Juan José Canclini, José Ibarra, Luis C. Schettini, Turquesa Oliveri, Wilfredo Casella y otros (Médicos). 

Y así, la memoria de los pueblos debe seguir abriendo surcos para que en ellos la siembra fecunda de nuestros abuelos, la de nuestros padres y la de cada uno de nosotros, perdure a través del tiempo en el más frondoso árbol, el de la HISTORIA.

 
AL LECTOR
Aclaraciones:
En este libro encontrará el lector algunas palabras que no se ajustan a las reglas ortográficas actuales.

Esto se debe a diversos motivos:

1) La trascripción de documentos se ha realizado respetando el texto original.

2) Según la fuente consultada aparecen variantes en algunos nombres que se citan: Esequiel, Exequiel o Ezequiel Silveira, Jorge Calvete o Calvette, Zezefredo Da Costa o Acosta.

3) En algunos casos se mantuvo el nombre original (Santa Vitoria) y en otros en castellano (Santa Victoria).

4) Anotamos  algunos errores ortográficos por agregado, sustitución o falta de letra debido a errores tipográficos, que esperamos sepan disculpar.

En Reseña (1931 - 1936) se hizo mención al pasaje del Zeppelín en dos oportunidades y en años diferentes (1934 y 1937) resultado de consultar publicaciones periodísticas y el libro del Prof. P. Azambuja.

Consultas posteriores nos permiten asegurar que el famoso dirigible pasó el 29 de junio de 1934, en la noche, hacia Buenos Aires y retornó días después en pleno día.

Según la fuente fue la única vez que pasó el Zeppelín. En 1937 ocurría la tragedia del Hindenburg que marcaba el fin de ese vehículo, como medio de transporte de pasajeros. (Publicación alusiva a los 75 años de EL PAÍS, 1993).

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