Si los traslados del lenguaje corriente de un idioma a otro puede suponer la aparición de algunas dificultades, estas resultan superlativas tratándose de textos literarios o poéticos.
Traducir Don Quijote de la Mancha no es empresa fácil, más aún por la existencia de una barrera de cuatrocientos años, que hace que deba encontrase el sentido exacto de giros idiomáticos periclitados o en desuso.
Traducir a un contemporáneo puede ser menos problemático pero ¿será fácil traducir a Gabriel García Márquez, por ejemplo? Desde luego que no.
Edith Grossman es una traductora de altos quilates.
Abandonó todos sus trabajos para ajustar la versión que hizo de Cervantes al inglés.
Obtuvo un resultado óptimo. La Harper Collins lleva tres ediciones agotadas en Estados Unidos. El libro se transformó en suceso, por la inteligente labor de la especialista.
Ella lo tuvo a García Márquez en penitencia, deteniendo la traducción de sus novelas.
El le dijo algo así:
-“Me enteré que me estás siendo infiel con Miguel.”
Ahora, esta mujer de 68 años, se ha puesto en carrera con Gabo y otros latinoamericanos de suceso.
Cervantes sonreiría.
Walter Ernesto Celina - 2005