CUESTIONES PREVIAS
Un distinguido grupo de investigadores y comentaristas gardelianos, a los que me une la relación periodística, me permitieron acceder a sus coloquios sobre los contenidos de una publicación de la que fuera autor el histórico comentarista radial bonaerense Julio Jorge Nelson.
Resumiré algunas de las conclusiones del colectivo de referencia, el que ha preferido suscribir sus análisis bajo la sencilla indicación de “Varios autores”. Entiendo, no obstante, que importan los nombres; más aún si los contenidos son certeros, como tengo segura convicción.
En este cuadro preliminar cabe anotar que Julio Jorge Nelson -en adelante JJN-, cuyo nombre real fuera Isaac Rosofsky-, nació en Villa Crespo, Bs.As. Vivió entre el 27.04.1913 y el 06.03.1976). Se le conoció por el apelativo de “La viuda” de Carlos Gardel. Tuvo una presencia constante como difusor del máximo cantante en medios radiales y escritos. Su prédica estuvo ligada a ediciones discográficas y publicaciones. Por consecuencia, al sostenimiento de los derechos de autor percibidos por los detentadores sucesorios de “El Mago”.
“Mientras algunos sospechaban que “El rusito” (como también era llamado. WEC) quería vivir de la memoria de “El Zorzal”, otros sostenían que Gardel le debía en buena parte su perduración”…, ha sostenido en “Todo Tango” su biógrafo Julio Nudler.
ENTRANDO EN MATERIA
¿Cuál es el nudo de la cuestión examinado por el equipo de investigación?
El punto de arranque se sitúa en 1970, momento en que el afamado locutor descuelga un informe, aparentemente no controvertible. En el opúsculo “Carlos de Buenos Aires” cita la edición del diario “El Debate” de Montevideo, de 24 de junio de 1956, para traer a colación el “testimonio” del letrista uruguayo Antonio Casciani (31.01.1901-11.03.1967).
Casciani delineó, con música de Joaquín Barreiro, los tangos “Farabute” y “Un año más”. Carlos Gardel los grabó, con tríos de guitarras, el 22.12.1928 y el 17.06.1930, respectivamente
Las fechas no constituyen preciosismos. Según se verá, todas cuentan.
Ensayando el arte del birlibirloque, el comentarista -asociado a la vena francesista- produce declaraciones que el entrañable compositor de versos nunca dijo al medio escogido, ni a ningún otro y que, contradicen versiones auténticas del austero vendedor de diarios y revistas de la Plaza Libertad.
Para colmo, en ese ejemplar del diario “El Debate” (adscripto al político Don Luis Alberto de Herrera) ¡ni siquiera se alude a Antonio Casciani! Pero, en la cima del fraude ideológico, JJN sostiene para su folletín: “Gardel era francés; no tengo ninguna duda” afirma Casciani, y añade que “algunos sabían que no era argentino, sino francés…” Coronación, en suma, de un acto audaz de mendacidad, nada fortuito.
GUISO DE GATO POR LIEBRE
El librillo de JJN relata una supuesta amistad entre Gardel y Casciani desde tiempos infantiles en el barrio sur, sin tomar en cuenta las diferentes edades entre ambos. “Conocí a Gardel hace más de 50 años”, pone en boca de Casciani, que entonces era un párvulo, un preescolar.
Las patas cortas de cualquier engaño, por lo regular, quedan en contraste con otros hechos. De una amistad tan intensa y lejana, llamaría la atención que, recién hacia los años 28 y 30, Gardel tomara los bonitos títulos cascianescos. Pero, por encima de todo, planeaba una causa eficiente: el canillita versificador recién conoció al Gran Carlitos en una mesa del café “Tupí Nambá” en 1928.
Véase. Recuerdan en su trabajo los analistas amigos que, en la Revista “Sintonía” (Año 8, No. 327, de 16.06.1938), “en un reportaje a Antonio Casciani, a tres años de la muerte de Carlos Gardel, este afirma lo que ya había dicho en otras oportunidades: lo conoció en el Bar “Tupi Nambá”. Allí había llegado el astro, acompañado con el jugador del Barcelona Josep Samitier, después de enfrentarse contra Peñarol, por lo que puede situarse el encuentro con mucha exactitud. Fue la noche del 27 de agosto de 1928. Es decir, muchísimo después de 1906, que es lo que asegura Nelson.”
Agregan, como parte fidedigna de la historia, que quien llevó a Casciani ante Gardel fue el cronista José Pedro (Bebón) Blixen, produciéndose muy pronto el registro de “Farabute”, en París, en la fecha consignada más arriba. Tal presentación hubiera oficiado como ociosa si los protagonistas hubieran tenido una amistad añeja.
Habría mucho más para desgranar. Baste decir ahora que JJN inventó en 1970 un “testigo mudo” -el señor Antonio Casciani-, que había fallecido en 1967…, persuadido que podría pasar “gato por liebre”.
Es bueno, finalmente, saber qué lo llevó a intentar vender semejante adulteración.
ERASMO SILVA CABRERA TIRA DE LA MANTA
Los derechos autorales generados por Gardel a su muerte hicieron correr, por años y años, ríos de dinero a favor de un círculo.
En 1967 el periodista “Avlis”, E. Silva Cabrera, publicó “Carlos Gardel, el gran desconocido”. Rastrear el origen tacuaremboense del cantante fue como tirar de la manta. Provocó la reacción de quienes habían patentado la falsa nacionalidad francesa del cantante eximio. Es a partir de ahí que se acoplan los JJN, inundando con versiones distorsionadas la historia del nacimiento, andanzas, ascensión y triunfo del más carismático representante de la sensibilidad rioplatense del siglo XX.-
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