BESOS DE HOMBRE Y PECHAZOS DE MUJER
Por décadas el fútbol se reputó una contienda de género. Absolutamente masculina. Los valores de fortaleza física, velocidad, vivacidad, habilidad en el dominio del esférico, capacidad para eludir adversarios, entre otras cualidades, se valoraban conjuntamente con el respeto al adversario y a las normas del juego. En cierto modo, para el cuadro de los valores sociales prevalentes, asociaba el culto por la destreza física del hombre -siguiendo el concepto griego de “cuerpo sano, mente sana”-, más el apego a la disciplina (principio consustancial al orden productivo y, a la vez, en los métodos de la investigación científica). Era el modelo. Y sigue siéndolo. Aunque, ahora, con aditamentos. Algunos pueden llamar la atención.
Por lo pronto, se ha abierto un debate más franco.
La mujer -que se integró al trabajo, al estudio, a las ciencias y rompe tantos “tabúes”- entró a los campos de juego y hace gala de virtudes. Ellas corren, saltan, cabecean los balones, los impulsan, trancan con músculos firmes y celebran.
Lo dicho corresponde a un vistazo muy general.
Con una mirada más detenida, surgen preguntas. ¿Qué está pasando con los hombres en el juego del balompié? ¿Los parámetros tradicionales de masculinidad qué variantes han tenido? ¿Es posible que algunos jugadores se estén “femeneizando”? ¿El fenómeno es de ahora? ¿O la tendencia siempre existió, solo que estuvo secuestrada por velos? ¿La homosexualidad está en el fútbol? ¿Desde cuándo?
Sobre las postrimerías de diciembre, los ingleses -que suelen mostrarse como impertérritos tradicionalistas y, a la vez, dueños de bárbaras hinchadas-, mostraron algo de “su otro yo”.
Bristol Rovers competía -en juego friccionado, en una quinta división- con el Gateshad. Luego de una escaramuza John O’Donnel buscó a Lee Mansell, del Bristol. Pero, este lo encaró de manera poco común: ¡Se lo comió a besos! Al explicarse, dijo: “Terminamos haciendo algo bonito”…
Lo que acontece en concentraciones deportivas no suele ser diferente de lo que ocurre en otros conglomerados masculinos o femeninos, de mayores o de menores, en que la sexualidad aparece como un convidado de piedra y hace de las suyas.
Cada lector podrá citar casos que son de su conocimiento y que, por lo regular, no se exponen a fin de “evitar el escándalo público”.
LA HOMOSEXUALIDAD
La cuestión subyacente (aunque no tanto) es la homosexualidad.
Homosexual deriva de la raíz griega homo, que significa “mismo o igual” (no de la latina homo, equivalente a “hombre”).
Como explica el profesor mexicano Héctor Castillo Ortiz, el término suele emplearse como adjetivo (para calificar, por ejemplo, un sitio de reuniones gays, como una casa de bailes; o mismo, un acto). Otros, en tanto, lo utilizan para referirse a sujetos que poseen la predisposición o aptitud de relacionarse emocional, afectiva y sexualmente con individuos de su mismo sexo. Obviamente, en este caso, se trata de una connotación bien distinta de la anterior. No es una calificación asertiva, más o menos contundente. Así, Gómez Baynetto entiende la homosexualidad como “la capacidad para amar al propio sexo”.
Si se toma el pensamiento médico se entenderá la homosexualidad como una tendencia, permanente o episódica, para relacionarse sexualmente con personas del mismo sexo, acompañada de una disminución o ausencia de capacidad para hacerlo con personas del sexo opuesto.
Existen pues, formas diferenciadas de examinar el tema. Hay más.
¿Cuáles serían las causas que provocan la homosexualidad en los hombres y en las mujeres? A mediados del siglo XX algunos abordajes, con visos de científicos, entendían que se trataba de una enfermedad. La corriente católica sostenía que la actividad sexual, así ejercida, era anormal y contra natura, al no estar orientada a la procreación.
Otros estudios dejaron de lado la interpretación de una aversión al sexo opuesto, prohijando el criterio del amor al propio género. En los años 50 los títulos del Dr. Van Der Velde, examinaban -sin gran lucidez aunque contra la pacatería- tópicos como la atracción y la aversión o rechazo en el matrimonio.
Como ha recordado el Prof. Castillo Ortiz, los científicos buscando las causas de la homosexualidad “han estudiado las hormonas, la constitución corporal, los cromosomas, el cerebro, las gónadas, etc., y hasta han realizado experimentos con animales tratando de invertir su sexo. Han explorado la conducta, la afectividad, la creatividad, la sensibilidad y la inteligencia de los homosexuales; han hecho estudios estadísticos sobre la incidencia de la homosexualidad -tanto en tribus “salvajes” como en países “civilizados”- en el pasado y en el presente, y han recorrido toda la escala zoológica en busca de comportamientos homosexuales.”
Opina que la homosexualidad como “problema” refiere a un parámetro heterosexual y no a alguna característica intrínseca. “La homosexualidad -aprecia- se inscribe en el universo de las orientaciones humanas, y tiene tanto o tan poco sentido preguntarse la causa de la homosexualidad, como preguntarse la causa de la heterosexualidad.” Resultaría, así, un estilo de “relación interpersonal, que se convierte en foco de interés y en objeto de estudio social, solamente en el ámbito de las culturas sexonegativas o que manifiestan diversos prejuicios y tabúes sobre la sexualidad.”
El lector deberá entendérselas con el gato que ha caído sobre su mesa.
Volviendo al inicio, podrían esperarse más escenas de besos y manitos en los campos deportivos. Pechazos y apertura de maxilares contra los oponentes…
De cualquier manera, si al salir de un estadio fuera interrogado -según el estilo “boca de urna”- por una de nuestras empresas de encuestas, no dejaría expresar mi total adhesión por la relación heterosexual.
walter.celina@outlook.com - walter.celina@adinet.com.uy