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Por Walter Celina - 13 de Enero 2015

DEMOCRACIA POLÍTICA Y DEMOCRACIA ECONÓMICA


LOBOS TRAS OVEJAS

UNA definición clásica de democracia fue aportada por Abraham Lincoln al sostener que es la forma de “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. A partir de la misma sólo queda establecer qué debe entenderse por “pueblo”.

Este punto, de apariencia sencilla, suele tornarse complejo.

La palabra se origina en el latín: populus. Puede aludir a nociones distintas. A los habitantes de una región, a un agrupamiento limitado de habitantes, con tamaño menor a una ciudad y, finalmente, a lo que se reputa “clase social baja”.

El aforismo comprende, sin duda, a esta. Es decir a “las masas”, “al pueblo trabajador”, en el lenguaje moderno; con el antecedente de la época romana cuando el Senatus Populus (SPQR) definía una forma de Estado con un órgano de poder formado por “patricios” y “plebeyos”.

En el Estado actual integran el pueblo todos los individuos en igualdad de condiciones, sin reconocimientos de privilegios de raza, sexo, religión, etc.

La configuración de una democracia política es, sin discusión, el punto de partida para una sociedad con mayores elementos de igualdad social y desarrollo. La diferenciación de clases hace a distintos estándares de vida.

La labor de un buen gobierno debe orientarse, por distintos medios lícitos, a generar la democracia económica. “Que los ricos sean menos ricos; que los pobres sean menos pobres”, sostenía José Batlle y Ordóñez. El más olvidado de los batllistas. El que puso las bases para una economía del Estado que mirara hacia el interés colectivo y, por ende, al de las mayorías desposeídas. A “las “clases populares”, se sostenía, fijando una diferencia importante con las que no lo son.

En la era del Frente Amplio sus “30 medidas” de cambio, en que coincidió la izquierda originaria -con las distintas vertientes que lo crearan-, fueron relegadas a baúles de museo. No porque no pudieran reelaborarse algunas de aquellas propuestas, sino porque Vázquez, como Mujica, invirtieron los parámetros. Se escudaron en el fenómeno de la globalización mundial, alentaron las apetencias del “libre mercado” y abrieron las piernas para que, tras las ovejas, pasaran los lobos inversores. ¿Y la redistribución de la riqueza? ¡Bien, gracias!

Al generarse empleos, al llenarse nuevos cargos, al ajustarse las recaudaciones por impuestos y, al tenerse cuidados que los gobiernos anteriores no adoptaron, la población apreció ciertas “mejoras” y, no queriendo la fuente de fideos cocidos de los partidos históricos, volvió a dar una carta de crédito al llamado progresismo frenteamplista. Esto corresponde al momento, a la coyuntura política. Y, como veredicto legítimo, es inobjetable.

LA INFLACIÓN Y LOS QUE TAMBIÉN COMEN

Pueden apreciarse otros fenómenos que están en el escenario. Me detendré en los ingresos, no de los que más tienen Y en algunas concomitancias.

Pondré en foco la situación de los empleados, funcionarios, docentes, artistas, jubilados, pensionistas, jóvenes, etc., con familiares a cargo o de ingresos ocasionales o mínimos, insuficientes.

Acaba de decretarse, a partir del 1º de enero, el valor mensual del “salario mínimo nacional” en $10.000 (diez mil pesos). El jornal diario resultará de dividirlo por 25 y, para determinar la hora laboral, entre 200. Cincuenta pesitos la hora.

La apuesta del gobierno enfila a la “desindexación”. Esto es, lo contrario mantener constante en el tiempo el valor de compra del salario. Es un “no” a la corrección ante la depreciación de los ingresos.

Manejan, con el equipo del Cr. Danilo Astori, otros parámetros. Y no importa la mentira piadosa que a los jubilados hiciera el nominado ministro Ernesto Murro, en cuanto a que estaban elevando las pasividades, por encima de la inflación…

Claro, con pagas magras -que también son cuesta arriba para pequeñas empresas- es fácil lucirse con expresiones falaciosas.

Un informe insospechable del Instituto “Cuesta-Duarte”, adscripto al PIT-CNT, puntualizó con cifras disponibles de 2013 que es "muy preocupante la alta proporción de trabajadores con salarios sumergidos”, resultando que “casi un 40% de los trabajadores los recibieron por debajo de los $ 14.000 líquidos, de los cuales la mitad ni siquiera llegaban a los $ 10.000 líquidos mensuales".

Como la economía se sustenta sobre los viejos moldes, la inflación se asoma y crece, mimetizada por operadores gubernamentales, flirteando en el área penal. La última resolución del Comité de Política Monetaria del Banco Central dispuso reducir, nuevamente, la cantidad de medios de pago en circulación. Menos plata, menos créditos, más intereses bancarios, desestímulo del consumo para frenar los precios internos. Aunque nadie controlará el valor de la canasta básica de los pobres y sumergidos, de las pagas que reciben las gentes de bajos ingresos.

¡Qué también comen, todos los días!

walter.celina@outlook.com - walter.celina@adinet.com.uy

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