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Por Walter Celina - 4 de Febrero 2015

LA URUGUAYIDAD DE “EL ZORZAL”


GARDELIANAS

EL PRIMER HOMENAJE A CARLITOS

En las postrimerías de 2014 un calificado grupo de investigadores gardelianos me hicieron partícipe del fértil coloquio que mantenían con motivo de expresiones mendaces del comentarista radial argentino Julio Jorge Nelson, inocentemente propaladas ahora por una periodista bonaerense.

Me referí a detalles medulares del episodio en la nota aquí publicada, titulada “Nuevo Derrumbe francesista”, adscripta a la serie “Gardelianas”. En el opúsculo “Carlos de Buenos Aires” el audaz J.J. Nelson hizo decir al compositor Antonio Casciani (autor de “Farabute” y “Un año más”) lo que este jamás sostuvo: “Gardel era francés. No tengo ninguna duda.” Para dar viso de autenticidad a lo sostenido citó la edición de “El Debate”, del 24.06.1956, en que existe una rememoración al cantante en la que, ni siquiera, el poeta arrabalero es citado…!

Bien, tras esta digresión, vuelvo a un pasaje -muy puntual- de los intercambios y chequeos de informaciones que cruzaron mis apreciados contertulios.

Al ocurrir el accidente de Medellín, el 24.06.1935, en el que fallece el eximio cantante de todos los tiempos del Río de la Plata, la identidad uruguaya de Carlos Gardel nunca había sido puesta en tela de juicio. Por nadie.

El terrible sacudón emocional de nuestros pueblos dominó, generando reacciones sensibles por doquier. Desde la cancillería nacional -que preparó las exequias en Montevideo- a las conmociones barriales.

El 25 de junio de 1935, a horas de la infausta noticia, es Antonio Casciani, el canillita que cruzaba como rutina las calles capitalinas, desde el Centro hacia el Barrio Sur, quien propone el primer homenaje a “El Mago”.

La Sra. Martina Iñiguez, con el buen sentido de la oportunidad que la caracteriza, mostró en la instancia referida, la edición del 25 de junio de 1935 de “El Diario”. La nota se denomina “Pájaros de un ala” y en ella el poeta-vendedor de diarios ata a Gardel a la “calle costa de mar”, Isla de Flores. Seguramente porque -como lo registrara en el disco- fue calle de un momento crucial de su vida: “la de sus “primeros principios”, la de su iniciación de su encuentro con la vida. La que lo catapultó al Buenos Aires querido, la ciudad que lo abrazó como a un gran hijo.

VIBRACIÓN PLEBEYA

Página exhumada por la investigadora Iñiguez. Título: Los pájaros de un ala quieren darle un tinte reo al homenaje. En Isla de Flores. La Callecita Costa de Mar.

“Allí donde se concentra el sentimiento afectivo por el “Mago” desaparecido, las expresiones tienen un solo sabor. ¡Hay que llegar a lo pregonado! Se reverenció a Carlos Gardel en todos los momentos; sus tangos fueron eje; sus dichos la voz integra de ese tajo que va del Centro al Parque en un gran grito malevo.

Ahí está el almacenero gaucho de la esquina de Río Negro, cuyo comercio

se denominaría en adelante “Un año más", en homenaje al tango del poeta

del barrio, Antonio Casciani, y al cantor extraordinario que lo legó al pueblo; las mujeres conservan grabado su recuerdo y quieren de todos modos que se siga “avanti” la iniciativa; aquí están ultimando detalles; “Soplita”, la “Voz del gigante” de Sarandí y Juan C. Gómez, sigue haciendo progresos para la causa del barrio; y enseguida un “Convento rante” de la calle Daymán 1077 (hoy Julio Herrera y Obes).

La pibada rodea la pieza Nº 11 que fuera de Gardel muchos años ha, cuando él peleaba la vida en intenso mano a mano, cerquita del centro, pero sin haber llegado todavía a adentrarse en él, con el legajo de tangos en el alma.

Debajo captamos a Antonio Casciani en la esquina que nació “Farabute”.

Los muchachos le dicen: “¡venga para que nos hable del «hombre»!” y él sonríe como en una promesa…

Promesas han de ser lo que tejen “para cuando Isla de Flores tenga sus chapas nuevecitas, ya denominada Carlos Gardel…”; los purretes reunidos en gran “tenida” también lo comentan y son capaces de realizar una gran manifestación para ratificar sus deseos; finalmente, la picada de Río Negro e Isla de lores, esquina guapa que ha sabido de líos y cantores. Ahí está la pared descascarada pero pronto rejuvenecida con un baño de pintura para recibir orgullosa la chapa con el nombre del “brujo” de los tangos. La arriada se halla en pleno, programando homenajes…” (“El Diario” - 25.06.1935)

walter.celina@outlook.com - walter.celina@adinet.com.uy

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