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Por Walter Celina - 3 de Marzo 2015

LAS RIENDAS DE LAS FISCALÍAS


Con la euforia propia de quienes ajustan su vestimenta para el ceremonial del poder y, probándose anticipadamente la indumentaria con que asistiría como Secretaria de Educación y Cultura al Consejo de Ministros, la Dra. María J. Muñoz se expidió -como se recordará- sobre el complejo tema de la organización fiscal.

Anunció que esta actividad (que se encuentra albergada bajo la sombrilla institucional del referido ministerio) pasaría, por simple decreto, a depender directamente de la Presidencia.

Sabidos fueron los cabildeos posteriores. Marchas, contramarchas, desmentidos y, la mención a un nuevo proyecto de ley -que se sumaría a otro remitido por José Mujica-, del que dejó de tenerse noticia.

Es mejor hablar claro. Disfrazar la realidad argumentando sobre la asepsia política de algunos estamentos oficiales sería como negar que dos y dos suman cuatro.

Los intérpretes del derecho, en función de sus percepciones filosóficas o ideológicas -o como quiera llamársele-, no dejan de apreciar las normas aplicables según la tonalidad de su cristal; más aún, cuando las reglas objetivas dadas por la legislación -que todo no lo pueden abarcar- dejan margen para más de una opinión razonable. Tiene algún sentido pues, hablar de dos bibliotecas. No siempre. Menos, a cada rato.

La dualidad puede observarse con nitidez en las determinaciones de los Tribunales de Justicia o de la Suprema Corte. Aparecen votos discordes. Más de una opinión para dilucidar un problema jurídico. La pluralidad existe, más allá que se trate de asuntos que deben ceñirse a requisitos técnicos legales. Obviamente, no se puede sentenciar de cualquier forma. Pero ¡vaya si en cada decisión que se adopta gravita el peso de una concepción democrática o de otra rígida y, aún, proclive a un sesgo autoritario!

En la nueva legislación que Uruguay viene adoptando para el proceso penal y en la proyectada del código respectivo -acordada en principio, pero no sancionada-, los Fiscales tendrán un papel muy dinámico.

Si “la justicia se politiza” o “la política se judicializa” -en cualquiera de los casos-, el Poder Ejecutivo aspirará -por lógica política- a no perder las riendas de un instituto como es el de las fiscalías que, históricamente, ha tenido entre sus manos. En democracia y bajo dictaduras.

El gran asunto a resolver es cómo un Ejecutivo “respetuoso de la Constitución y de la ley” administra este brazo, cuya función es coadyuvar a impartir justicia con el mayor grado de imparcialidad.

Importa -y mucho- que el Poder Ejecutivo brinde al Poder Judicial una asistencia descontaminada de gérmenes nocivos, provengan del partidarismo; de los intereses extranjeros introducidos a través de enormes capitales, conducidos por sociedades y bufetes profesionales; del narcolavado; del crimen organizado, etc.

Asegurar la independencia fiscal, proteger la persona de cada agente, galvanizar su centro operativo y dotarlo de los medios para el cumplimiento de una función pública de alta calidad, fortalecería la institucionalidad republicano-democrática.

Culminado el regocijo carnavalero, qué tanto estremece a Doña María J. Muñoz, es de esperar que ahora -calzando el coturno ministerial- no sorprenda más a la opinión pública -y a la forense, en particular- con anuncios que por decreto va a hacer lo que -a esta altura tiene que haber aprendido- ¡qué no puede hacer…!

walter.celina@outlook.com - walter.celina@adinet.com.uy

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