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Por Walter Celina - 17 de Junio 2015

EL CURA Y EL SECADOR DE CABELLO


Una Señora muy distinguida estaba en un avión viniendo de Suiza.

Viendo que estaba sentada al lado de un simpático cura, le preguntó:

--Discúlpeme, Padre, le puedo pedir un favor?

--Claro, hija, qué puedo hacer por ti?

--Es que yo compré un nuevo secador de cabello sofisticado, muy caro.

Yo realmente sobrepasé los límites de la declaración y estoy preocupada con la Aduana.*

Será que Usted podría llevarlo debajo de su sotana?

--Claro que puedo, hija, pero tú debes saber que yo no puedo mentir!

--Ah, Usted tiene un rostro tan honesto, Padre, que estoy segura que ellos no le harán ninguna pregunta. Y le dio el secador...

El avión llegó a su destino. Cuando el Padre se presentó en la Aduana,

le preguntaron:

--Padre, Usted tiene algo que declarar?

El Padre prontamente respondió:

--Desde lo alto de mi cabeza hasta mi cintura, no tengo nada que declarar, hijo.

Encontrando la respuesta algo extraña, el Vista de Aduana preguntó:

--Y de la cintura para abajo, qué es lo que Usted tiene?

--Yo tengo un equipo maravilloso, destinado al uso doméstico, en especial para las mujeres, pero que nunca ha sido usado.

Muerto de risa, el Vista de Aduana exclamó:

--Puede pasar, Padre!... El siguiente!...

MORALEJA: La inteligencia hace la diferencia.

No es necesario mentir, basta escoger las palabras correctas.

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