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Por Walter Celina - 10 de Agosto 2015

BAILONGO CUARTELERO EN MERCEDES


IV

“Te conocí en los fortines

que cuidaban la frontera

reclamando los amores

de una china cuartelera.”

Milonga Del tiempo guapo - 1941

De Vicente Florentino y Marcelo De La Ferrere

MILONGUEANDO EN EL “GRAL. LUNA”

En la búsqueda de antecedentes ampliatorios para la preparación de estas notas sobre el músico compatriota Carlos Warren Mernies, obtuve un importante hallazgo. Se trata de sustanciosos relatos, no exentos de pintoresquismo, realizados por el pianista y director orquestal mercedario.

Una página en Internet -de quien firma Juan Imperial (1)- toma estas manifestaciones de Warren de un suceso ocurrido en la capital chaná: “Con motivo de una fiesta celebrando la fundación del 9º de Caballería, se realizó en el Cuartel “General Luna”, un baile para la tropa y sus chinitas. La música estuvo a cargo de Primitivo Larrobla, clarinetista que fue 2º maestro de la Banda”.

“A un grupo de muchachos nos fue permitido presenciar el baile desde afuera; recuerdo que el éxito fue un tango que Larrobla llamaba “La lata” y que acompañaba con golpes en una lata de queroseno; ese tango era muy parecido al que más tarde conocimos como “La morocha.”

LAS PRIMERAS PARTITURAS

Más adelante revelará Carlos Warren del modo que accedió a las primeras notaciones del género tanguero: “Un día llegó a la ciudad de Mercedes un joven catalán llamado Juanito Pujado que venía a trabajar con su tío, don Magín Pujado, propietario del café “Casino”. Juanito tocaba varios instrumentos, flauta, violín, piano y guitarra y con frecuencia recibía las últimas novedades musicales desde Buenos Aires. Él fue quien me proporcionó las partituras de los primeros tangos que toqué: La morocha, El choclo, El porteñito…” Esto es, las obras que hacían furor y constituirían emblemas del tango.

LLEGA EL TENDERO CLAUDIO GÓMEZ

Continúa el maestro: “Ese año visitó Mercedes un transformista e imitador, Lopetti; el hombre necesitaba un pianista que lo secundara. Un amigo, que nunca falta, me instó para que me animara a aceptar la tarea y acepté.

En el intervalo debía tocar una sinfonía; arremetí con “La morocha”. Al terminar, se desató una estruendosa batahola; me parecía que la sala entera se desmoronaba y me golpeaba en la cabeza. Permanecí quieto, mientras continuaba la ovación interminable.

Una media voz, de gracioso acento hispano, salió de la primera fila de la platea; detrás de mi, aventuré de soslayo una mirada angustiosa: era don Claudio Gómez que me animaba: “¡Tócalo otra vez, hombre, que es por ti!.

“La morocha” había hecho su aparición triunfal en Mercedes y aquellos aplausos fueron los más inolvidables de mi vida artística”, subrayaba Warren Mernies.

El Sr. Gómez era un acreditado tendero instalado en la ex calle Florida (Castro y Careaga) y Artigas. De niño mis padres me vestían allí.

¿ESTÁ PIRINCHO?

Esta evocación es graciosa y tiene que ver con lo que le ocurriera a su padre: “Una tardecita se juntaron con unos amigos y decidieron ir a buscar a Canaro a su casa. Golpearon la puerta de calle y les atendió el padre del músico maragato quien, con marcado acento italiano, les preguntó:

- ¿Qué quieren?

- ¿Está Pirincho?

Esta fue la respuesta del dueño de casa:

-Cuí non vive nengún Pirincho, cuí vive el maestro Francisco Canaro.

Rápido como un rayo, mi padre dijo:

-Señor ¿puede entonces decirle al maestro Francisco Canaro que lo

buscan unos amigos?

“Sin responderle el hombre se dio vuelta y gritó:

-Pirincho, te buscan”.

NOTA (1):

En Internet: El imperio del tango. Autor Juan Imperial.

walter.celina@outlook.com - walter.celina@adinet.com.uy

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