LA EDUCACIÓN POR EL GARROTE
Las formas de la violencia oculta algunas veces se hacen explícitas y, merced a los elementos tecnológicos en boga, nos transformamos en testigos de hechos cruentos. Hoy, desde Ferguson, Estados Unidos, a Uruguay o a cualquier país, las distancias han quedado abatidas.
Así, todos hemos estado en ese retazo de cielo, siempre tormentoso, que es el centro de privación de libertad adolescente, bautizado como “hogar” Ceprili.
Si las cosas deben llamarse por su nombre, cabe recordar que en la sociedad actual la participación de menores en hechos de gran violencia y de sangre se ha incrementado. La circunstancia llevó a la creación de estas cárceles diferenciadas para jóvenes. Y no por nuevas, confiables y funcionales.
Está en la tapa del libro que los allí alojados no son bebes de pecho. El régimen de seguridad tiene, por fuerza, que ser estricto y, a la vez, garantista a tres puntas, al menos. Uno: la sociedad precisa asegurar la segregación de los imputados. Dos: la privación de libertad debe efectuarse en el marco de los derechos básicos del individuo. Tres: los agentes públicos a cargo del servicio tienen que ser preservados en sus vidas, en lo cual coadyuvará tanto la especialización, como la formación y los distintos programas a aplicarse en las áreas de internación.
Todo esto y más, para conciliar la reclusión con el disciplinamiento, la educación, la salud y la rehabilitación.
Acabo de ingresar -vía Internet- al Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (SIRPA) pretendiendo conocer los “programas de privación de libertad y semilibertad”, así como los de “seguridad y traslado” que orientan al Ceprili (Centro de Privación de Libertad) y otros más de esta ordenación institucional, bajo la sombrilla del INAU (sucesor del Consejo del Niño). Y más arriba, o jerárquicamente, conectado con ese invento burocrático llamado Ministerio de Desarrollo Social (MIDES).
Pero, no diré bien. Repetiré ¡mal, muy mal! Las páginas no están disponibles. Fueron ocultadas, si antes existieron. Lucen el cartel “en construcción”…
El desideratum es que los responsables políticos y, en cierta forma los técnicos de la gestión, primero institucionalizan en el papel, luego burocratizan y, en situaciones proclives a lo crítico, ejercen la contención por el viejo método de las golpizas. El protocolo de hecho -que no de derecho- es el garrote.
KARATEKAS POR BOXEADORES
En 1960 fui electo secretario general de la organización sindical de los trabajadores del Consejo del Niño. Al formular nuestros planteos, por carrera escalafonaria y mejoras en retribuciones deprimidas, los asociamos a la demanda de “rubros para la infancia” y, en los memorandos -destinados a partidos, legisladores y medios- analizamos que los incrementos para manutención de animales en el Ministerio de Defensa se elevaban (por el primer gobierno del Partido Nacional) en porcentajes muy superiores a los destinados para la alimentación de los menores internados.
Nuestra acción sindical -vinculada a la gestación de COFE y a la unidad de todas las fuerzas del trabajo en una central-, siempre estuvo signada por la ética de la defensa de la minoridad y los intereses nacionales.
Nunca apoyamos prácticas desviadas. Una y otra vez, formulé denuncias a nivel legislativo. En la prensa escrita debí distorsionar mi nombre y apellido. Las suscribía como V.V. Celina de Verité. Disociaba la W en dos V, usaba mi primer apellido y le agregaba “de Verité”, que en lengua francesa expresa “de verdad”. Así sorteaba las persecuciones, que siempre me acompañaron.
Con la misma percepción asistimos al Congreso del Pueblo. José (Pepe) D’Elía admiraba y apoyaba la aparición consistente de este estilo.
En el paro de octubre de 1965, de rechazo a algaradas de militares golpistas (Cristi, Aguerrondo, Ballestrino, Paulós), Enrique Sánchez Varela presidía el Consejo del Niño. Entre muchas acusaciones sobre su gestión, rechazamos con calificados docentes, la contratación de 8 boxeadores para ejercer tutorías en el Centro de Menores J. Álvarez Cortés.
La cuenta del paro cumplido me fue cobrada con 11 meses de suspensión, con privación del 100% de los haberes. Las voces solidarias quebraron aquella mano dura, acarreando, por extensión, que sucumbieran las candidaturas blancas de la Agrupación 55, de Angel Ma. Gianola-J. E.Sánchez Varela.
Una orientación de principios siempre es enaltecedora. Aunque apareje inconvenientes. Está en la esencia de la lucha.
También aquella historia de los custodios boxeadores murió. La técnica de los golpes -está demostrado- no se concilia con la recuperación humana y hasta se aprecia en el maltrato animal…
El empleo de karatekas, por desarrollo físico y/o destreza, para someter a un individuo agresivo en rebeldía, es totalmente anacrónico e inconducente. La política del SIRPA se habría quedado con esta orientación, careciendo de otros atributos.
El orden interno falla por la base si, para sofocar un principio de amotinamiento de dos sujetos -a la vista en un patio y otros en celdas- se hace preciso que acuda más de una veintena de sujetos y operen “manu militari”, como en un operativo de guerra.
A CADA CUAL LO SUYO
La falla primera está en la cabeza institucional y en la dirección, seguida por la de quienes supervisan. Tal responsabilidad se extiende a los “jefes de tropa” (que arremeten según “sus” reglamentos, protocolos, instrucciones, acciones de práctica, o como quiera llamárseles). La prioridad para el enjuiciamiento radica ahí.
Ahora, que esa gestión político-técnica sea pésima, no releva otras cargas -individuales o compartidas- por abusos, tropelías o conductas funcionales reñidas con el sentido común. Para el caso está muy claro: en esencia tal escaso sentido tiene que ver con la tuición de los recluidos. Nada menos.
De arriba hacia abajo hay que exigir comportamientos éticos en el desarrollo de las actividades públicas. Para lo cual los sindicatos pueden y deben ejercer un papel importante. Incluido el del INAU.-
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