La liberalización de las costumbres y el levantamiento de viejos prejuicios no deben entenderse como una especie de “todo vale” o “cheque en blanco” para quebrantar comportamientos sociales, aseguradores de la convivencia.
Es muy simple: los derechos de las personas terminan, allí mismo, donde comienzan los de los demás.
En primer término, esta norma debe ser entendida. Del grado de conciencia que de ella se tome dependerá que no se viole. Una segunda consecuencia es propiciarla. Y hacerla respetar. En la familia y fuera de ella. En los ámbitos educativos y de esparcimientos y fuera de ellos. Cada cual, marcando el territorio si es necesario, sin violencia, con palabras reflexivas. La otra vía es la coactiva, a cargo de las autoridades. Tantas veces ausentes o anodinas.
He aquí una de las formas por las que un actor acaba de dar una excelente lección en la pequeña sala de teatro del muy distinguido Club Lawn Tennis, en el barrio de Carrasco, Montevideo.
El calificado intérprete Roberto Jones se encontraba dando su unipersonal “La memoria de Borges”, en homenaje al gran Jorge Luis Borges cando fue interrumpido por el sonido de dos teléfonos celulares.
La primera vez, orientó de modo manifiesto su mirada al espectador impertinente. En la segunda punteó las tablas fuertemente con el bastón del literato ciego que representaba. Al término de la obra se excusó por no aceptar los aplausos ya que había perdido alguna referencia en el parlamento. Y además, se dirigió personalmente al usuario del aparato móvil.
Luego en Facebook anotó: “Un mal educado, una persona marginada de las buenas costumbres, un irrespetuoso violador de los derechos de los otros, hizo sonar dos veces su máquina, producto de su irrefrenable adicción."
Después agregó: “Dos veces me quede sin letra, dos veces tuve que realizar un esfuerzo impropio para continuar. Este esfuerzo me provoco una hipertensión que luego se concreto en un hematoma facial.”
Esta no es la primera vez que Jones ha tenido un incidente con el público debido al uso de los teléfonos. En junio de este año el actor y director teatral trató a una joven de "maleducada" al verla utilizar el teléfono en otra puesta en escena del unipersonal. Al terminar la obra Jones bajó del escenario e increpó a la asistente de la función. De todas formas, en una función posterior y tras el rezongo, el artista le dedicó la obra a la joven y a su madre en un gesto conciliador.
La enseñanza es clara: cada uno de nosotros puede dar la lección.