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Por Walter Celina - 4 de Octubre 2015

MINISTRO DE TRABAJO DE SIRUELA


¡Hay que ver la gente que trajo el barco y las cosas que están mostrando!

La composición del gabinete es un muestrario de escaso compromiso con las fuerzas que dieron origen a la última victoria electoral del Frente Amplio. Los secretarios de estado son afines al presidente y, en general, se desconoce qué respaldo en votos poseen.

Si la conexión con el partido político ganador es pobre -lo que ya se ha hecho notorio-, hay un problema. La responsabilidad directriz del agrupamiento partidario está comprometida. Corresponde marcarla.

Los hechos se van sumando para formar una verdadera ristra.

Me detendré apenas en dos que, de alguna manera, se concatenan. Son una renuncia palmaria a principios históricos de la izquierda.

El primero tiene que ver con el decreto cesarista de “esencialidad de los servicios educativos”. El boomerang fue lanzado contra el derecho de huelga y regresó a las manos del presidente Tabaré Vázquez y de su ministro Ernesto Murro, como papel para el canasto. La medida -improvisada, además- fue eclipsada por las demostraciones públicas de docentes y estudiantes.

El servidor de la secretaría de trabajo, no obstante, se ha mostrado no solo descarriado, sino soberbio.

En el poblado extremeño de Siruela existió un maestro que “no sabía leer y puso escuela”, por lo que así lo hizo reconocer el dicho popular.

No es, por cierto, el caso de Murro. Su currículo vital lo presenta como maestro por dos años y, por más tiempo, como preso político. No dice que adherido al MLN, luego al PCU y, según algunas versiones, adepto ahora a una conocida cofradía secreta.

Estas cualidades de versatilidad en su pensamiento lo llevaron a proponer que una mejora mínima a los docentes -presentada como un acto casi extremo de generosidad- se atara a la renuncia temporal del derecho de movilización y, lo que es lo mismo, al de huelga. Tal condicionamiento había recibido rechazo por parte de las asambleas de maestros y profesores.

Este maestro no ofrecía un aumento, liso y llano. Venía con un bozal en la mano. ¿A nombre de qué izquierda hablaba? ¿Dónde aprendió su nueva doctrina del amansamiento a los trabajadores?

Aunque al momento de confeccionar esta nota la diferencia surgida por este asunto entre el personaje y la bancada parlamentaria del FA se habría disipado, el hecho ha sido que el ministro de Siruela habría sostenido que si los legisladores no aprobaban el “aumento” condicionado “pondría a disposición su cargo” (no ya que renunciaría, por aquello del dicho criollo: “Decir adiós, no es dirse”…).

El presidente sostuvo que sería el Poder Legislativo el que daría aprobación definitiva al proyecto presupuestal, según soberanamente estimara. Pero, resultó que el maestro y ministro de Siruela quiso imponer una fórmula malhadada, que sus colegas jamás olvidarán.

Entonces ¿en qué quedamos?

Al presidente y al maestro de escaso ejercicio profesional, bien podrían decirles los educadores: ¡Escriban con la mano y no borren con el codo!

NOTA:

La expresión originaria es “maestro de Siruela”, en referencia a una localidad de España.

Luego se deformaría tomando el nombre común “ciruela”, aunque sin relación alguna con el árbol y su fruto.

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