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Por Walter Celina - 20 de Noviembre 2015

BOTTINELLI MIRA LA SASTRERÍA DEL F.A.


Quien pone sastrería de corte y confección y, luego de los preparativos expone en sus vidrieras, queda sujeto -automáticamente- a recibir comentarios sobre la calidad de lo que exhibe.

Guardando silencio una comisión del Frente Amplio estuvo analizando las alternativas de una reforma constitucional.

En nota anterior (En la Sastrería Constitucional) exploré, con la simple visión de un mero sujeto político, lo que de algún modo estaba cantado desde meses atrás, más los datos que ahora afloran y, por añadidura, ciertas opiniones contradictorias. Estas surgieron entre el núcleo que proyecta modificaciones al régimen constitucional y gente vinculada al Partido Socialista, en particular, del exsenador y especialista de la materia, Dr. José Korzeniak Fuks.

Si el análisis técnico no puede desligarse del político -y viceversa-, algo similar ocurre con el politológico. Ni el más crudo observador de laboratorio puede desprenderse de elementos de su subjetividad. Entre las mallas de razonamientos asépticos quedan, siempre, rastros de sentimientos o ideas que se profesan.

El hombre, se ha dicho, es esencialmente, un animal político. Muy torpe, muchas veces, ya que no logra ocultar lo que niega. Felizmente, ya somos muchos los que hemos visto las cartas del Frente Amplio.

Quien en estos días paseó su mirada penetrante e idónea sobre la nueva sastrería de corte y confección ha sido el Prof. Oscar Bottinelli.

Su examen tiene el interés apuntado, al que agrega la cualidad de conocer los entretelones de la política nacional. No viene caído del cielo. Su mirada arranca desde la segunda mitad del siglo XX. Fue -me consta- hombre de la camada original del Frente Amplio. Por lo demás, en la postdictadura, actuó como secretario del Gral. Líber Seregni.

Ha sostenido de manera categórica en páginas de El Observador, también reproducidas por Uypress: “En el Frente Amplio se ha alcanzado un consenso primario hacia modificar las reglas de juego con la finalidad explícita de retener la Presidencia de la República con una caída en el nivel de votación, al proponer eliminar el balotaje mayoritario y retornar al régimen de mayoría relativa (pluralidad) pero, ahora con el aditamento de condiciones irreversibilidad de su caída y en pos de conservar la Presidencia de la República, impulsa el cambio de reglas de juego.”

Apuntando a razones numéricas elocuentes, el analista abrió la carpeta para recordar: “El Frente Amplio encara esta reforma constitucional cuando tras alcanzar el cenit en 2004 (50,5% del total del electorado) cae cinco años después al 48,0% y otros cinco después al 47,8%; eso que contó con el recambio biológico en su favor, que en el conjunto de las dos elecciones le aportó aproximadamente 3,5 puntos porcentuales de diferencia en su favor.

En consecuencia, el Frente Amplio perdió en una década más de 6 puntos porcentuales (2,7 en caída de votos reales más 3,5 en desaprovechamiento del recambio biológico), lo que en buen romance significa la friolera de unos 150 mil votos; esa es la caída del F.A. en diez años. Retuvo la mayoría parlamentaria por la exigua diferencia de 5.000 votos, que son los que le faltaron al Partido Ecologista (PERI) para alcanzar la representación parlamentaria; como quien dice, nada. Otra vez anduvo por ahí el anca de otro piojo para salvar a alguien.”

Aludiendo al más significativo de los últimos retoques a la Carta Magna, Oscar Bottinelli sintetiza cómo a los partidos pactistas de poco les valió poner la mesa de juego con un declive que les resultara favorable: “El camino (a emprender por el Frente Amplio - W.E.C.) no es nada nuevo. Fue el transitado en 1996 por el Partido Nacional, el Partido Colorado y el Partido del Nuevo Espacio al impulsar la instauración del balotaje mayoritario presidencial, con el objetivo de impedir (en realidad lo logrado fue apenas postergar una elección) el acceso del Frente Amplio, en general, y de Tabaré Vázquez, en particular, a la Presidencia de la República.”

Y se detiene: “Cabe no olvidar el papel decisivo para ello del Partido del Nuevo Espacio, sin cuyo concurso no se hubiesen logrado los dos tercios de cada cámara para aprobar la ley constitucional, ratificada en el anca de un piojo en el plebiscito constitucional del siguiente 8 de diciembre. Se caminó por el cambio de reglas de juego para intentar frenar un proceso electoral irreversible.”

La buena memoria es imprescindible en ciencia y en política y, el comentarista glosado, la posee en grado sumo: “En 1994 el Frente Amplio alcanzó virtualmente un triple empate: quedó tercero a 1,7% del primero (Partido Colorado) y a 0,6% del segundo (Partido Nacional) encendió las alarmas en ambos partidos tradicionales que apelaron al cambio de reglas de juego. De vuelta, nada. Y esa nada para frenar lo que devino en irrefrenable, el ascenso sostenido en un largo tiempo del Frente Amplio, (que fue de poco más del 18% en 1971 a más del 50% en 2004). Y como contracara, la irrefrenable caída de los partidos tradicionales que pasaron en conjunto del entorno del 90% del electorado (1942-1966) a bastante menos del 50% a partir de 2004.”

Lo de ahora, como lo de ayer, es un juego electoralista, presidido por el oportunismo de quienes le sintieron el gusto al poder y quieren mantenerse en el. Los subterfugios como el aliento a la reforma en curso resultarían innecesarios si se gobernara a cabalidad para los más, esto es, con entrega, mirando siempre a los sectores populares y demostrando -con hechos- que es posible educar mejor, ofrecer mayores estándares en salud, seguridad, vivienda, estímulos al mundo del trabajo, contralores que saneen los aparatos burocráticos y aviven las formas productivas nacionales.

Mucho me temo que de esta sastrería sigan saliendo dandis a la violeta y no gobernantes de izquierda, cultores de una nueva sociedad, más libre y soberana y no de “campos en ruinas”, como previno José Saramago.

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