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Por Walter Celina - 29 de Noviembre 2015

AVE FÉNIX XIV - F.G.L.: RAÍCES Y ESENCIA DEL CANTE JONDO


RASTREOS MUSICOLÓGICOS

En grandes trazos se ha visto a Federico García Lorca cruzar por los ámbitos formativos que cultivarían su inteligencia y darían personalidad a su producción artística, especialmente en el campo literario.

Con 23 años ofreció en el Centro Artístico de Granada una conferencia para destacar la importancia del primitivo canto andaluz, también llamado cante jondo. Este último término es la voz dialectal andaluza de “hondo”, según la interpretación dominante. Manuel de Falla, maestro y amigo de FGL, lo consideraba “cante antiguo”, diferenciándolo del moderno cante flamenco.

En la brillante y erudita exposición cumplida en el centro granadino, el 19 de febrero de 1922, FGL remarca la distancia entre uno y otro y procede a un circunstanciado rastreo de la forma lírica, alcanzando su remoto origen.

Lo explica así: “Se da el nombre de cante jondo a un grupo de canciones andaluzas, cuyo tipo genuino y perfecto es la siguiriya gitana (Este vocablo es una corrupción de la voz seguidilla. Admite escrituras similares. Refiere a tonadas muy antiguas. WEC), de las que derivan otras canciones aún conservadas por el pueblo, como los polos, martinetes, carceleras y soleares. Las coplas llamadas malagueñas, granadinas, rondeñas, peteneras, etc., no pueden considerarse más que como consecuencia de las antes citadas, y tanto por su arquitectura como por su ritmo, difieren de las otras. Estas son las llamadas flamencas.”

Y recuerda que Falla “cree que la caña y la playera, hoy desaparecidas casi por completo, tienen en su primitivo estilo la misma composición que la siguiriya y sus gemelas, y cree que dichas canciones fueron, en tiempo no lejano, simples variantes de la citada canción. Textos relativamente recientes, le hacen suponer que la caña y la playera ocuparon en el primer tercio del siglo pasado, el lugar que hoy asignamos a la siguiriya gitana.”

Y prosigue: “Estébanez Calderón, en sus lindísimas Escenas Andaluzas, hace notar que la caña es el tronco primitivo de los cantares, que conservan su filiación árabe y morisca, y observa, con su agudeza peculiar, cómo la palabra caña se diferencia poco de gannis, que en árabe significa canto.”

FUNDAMENTOS DE UNA DIFERENCIACIÓN

Tanto el profesor entrañable como el fiel alumno reputan que “las diferencias esenciales del cante jondo con el flamenco, consisten en que el origen del primero hay que buscarlo en los primitivos sistemas musicales de la India, es decir, en las primeras manifestaciones del canto, mientras que el segundo, consecuencia del primero, puede decirse que toma su forma definitiva en el siglo XVIII.”

Anota el disertante que el uno “es un canto teñido por el color misterioso de las primeras edades; el segundo, es un canto relativamente moderno, cuyo interés emocional desaparece ante aquél. Color espiritual y color local, he aquí la honda diferencia. Es decir, el cante jondo, acercándose a los primitivos sistemas musicales de la India, es tan sólo un balbuceo, es una emisión más alta o más baja de la voz, es una maravillosa ondulación bucal, que rompe las celdas sonoras de nuestra escala atemperada, que no cabe en el pentagrama rígido y frío de nuestra música actual, y abre en mil pétalos las flores herméticas de los semitonos.”

A diferencia “el cante flamenco, no procede por ondulación, sino por saltos; como en nuestra música tiene un ritmo seguro y nació cuando ya hacía siglos que Guido d'Arezzo (1) había dado nombre a las notas. El cante jondo se acerca al trino del pájaro, al canto del gallo y a las músicas naturales del bosque y la fuente. Es, pues, un rarísimo ejemplar de canto primitivo, el más viejo de toda Europa, que lleva en sus notas la desnuda y escalofriante emoción de las primeras razas orientales.”

Las explícitas referencias históricas y las apreciaciones musicológicas recomiendan buscar en Internet esta disertación, modo imprescindible para valorar la pieza.

DESDE EL PRIMER LLANTO, DESDE EL PRIMER BESO

El conferencista apela a la caracterización siguiente: “Es hondo, verdaderamente hondo, más que todos los pozos y todos los mares que rodean el mundo, mucho más hondo que el corazón actual que lo crea y la voz que lo canta, porque es casi infinito. Viene de razas lejanas, atravesando el cementerio de los años y las frondas de los vientos marchitos. Viene del primer llanto y el primer beso. Una de las maravillas del cante jondo, aparte de la esencial melódica, consiste en los poemas.

Las más infinitas gradaciones del Dolor y la Pena, puestas al servicio de la expresión más pura y exacta, laten en los tercetos y cuartetos de la siguiriya y sus derivados. No hay nada, absolutamente nada, igual en toda España, ni en estilización, ni en ambiente, ni en justeza emocional. Las metáforas que pueblan nuestro cancionero andaluz están casi siempre dentro de su órbita; no hay desproporción entre los miembros espirituales de los versos y consiguen adueñarse de nuestro corazón, de una manera definitiva. Causa extrañeza y maravilla, cómo el anónimo poeta de pueblo extracta en tres o cuatro versos toda la rara complejidad de los más altos momentos sentimentales en la vida del hombre.”

A diferencia de otras coplas “el cante jondo canta como un ruiseñor sin ojos, canta ciego, y por eso tanto sus textos pasionales como sus melodías antiquísimas tienen su mejor escenario en la noche... en la noche azul de nuestro campo…”

Los verdaderos poemas del cante jondo no son de nadie, están flotando en el viento como vilanos (filamentos o barbillas junto a ciertos frutos. WEC) de oro y cada generación los viste de un color distinto, para abandonarlos a las futuras. Los verdaderos poemas del cante jondo están en sustancia, sobre una veleta ideal que cambia de dirección con el aire del Tiempo. Nacen porque sí, son un árbol más en el paisaje, una fuente más en la alameda.

La mujer, corazón del mundo y poseedora inmortal de la «rosa, la lira y la ciencia armoniosa», llena los ámbitos sin fin de los poemas. La mujer en el cante jondo se llama Pena... Es admirable cómo a través de las construcciones líricas un sentimiento va tomando forma y cómo llega a concrecionarse en una cosa casi material. Este es el caso de la Pena.

En las coplas la Pena se hace carne, toma forma humana y se acusa con una línea definida. Es una mujer morena que quiere cazar pájaros con redes de viento. Todos los poemas del cante jondo son de un magnífico panteísmo, consultan al aire, a la tierra, al mar, a la luna, a cosas tan sencillas como el romero, la violeta y el pájaro. Todos los objetos exteriores toman una aguda personalidad y llegan a plasmarse hasta tomar parte activa en la acción lírica.

“En mitá der “má” había una piedra/ y se sentaba mi compañerita a contarle sus penas./

Tan solamente a la Tierra le cuento lo que me pasa,/ porque en el mundo no encuentro persona e mi confianza. /

Todas las mañanas voy a preguntarle al romero/ si el mal de amor tiene cura, porque yo me estoy muriendo.”

NOTA

(1): Guido D'Arezzo, 990-1050. Maestro italiano de la música medieval y de la enseñanza vocal. Creador del tetragrama (pauta de 4 líneas) y de la escala diatónica. Dio nombre a las notas musicales.

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