SIMBOLOGÍA DEL NOMBRE
Retorno al inicio de la Parte 1 de esta nota. En la primera palabra -equivalente al título de la obra-, Federico García Lorca efectúa la transmutación de un nombre común en propio: Yerma, protagonista esencial de la tragedia.
El vocablo “yerma/o”, como nombre o adjetivo, encierra el concepto de inhabitado, incultivado. Donde nada puede crecer. En su sinonimia equivale a páramo, desierto.
El nombre propio traduce, así, una significación cargada con la dimensión de lo ineluctable, de lo fatal.
La titulación del encuadre lorquiano quedó solo en un nuevo nombre de mujer, Yerma. La Mujer Estéril fue una opción manejada por el escritor. Si no la usó, mantuvo ese concepto como un atributo distintivo para la desenvolver el drama y su agónica conclusión final.
EJERCICIO DEL SABER
La cuestión de la fecundidad, como de la creación de vida artificial, estaban planteadas en el mundo científico en los años 30 (citas de Rostand y de Marañón del pediatra uruguayo Dr. Alfredo Alambarri), con exploraciones primarias.
El formidable médico e intelectual Marañón (1) era amigo de Federico y, aunque no he obtenido registro acerca de su influencia en la presentación de la temática de Yerma, me resulta ilustrativo el alcance de tales vínculos. He citado -notas atrás- a la escritora Marcelle Auclair cuando, asistió a la velada en la casa de retiro de los Marañón, en Toledo, conocida como El Cigarral de Menores. Ocurrió el 26 de febrero de 1933. García Lorca leyó a sus amigos Bodas de Sangre. Yerma habría de ser escrita poco después.
No será inútil señalar que el anfitrión era un calificado investigador sobre factores que afectaban la reproducción humana. Estudió enfermedades infecciosas como la sífilis y la aplicación del quimioterápico salvarsán, del alemán Paul Ehrlich. Por lo demás, fue uno de los gestores de la ciencia endocrinológica.
Según la formación universalista de los pensionados de la Residencia Estudiantil (citada en entregas precedentes), es un supuesto lógico que la materia de la procreación haya sido tratada en tertulias del retiro toledano.
A la luz de la ciencia actual esterilidad es la incapacidad de llevar a término un embarazo para alumbrar un hijo vivo. La no reproducción acontece si los órganos sexuales no funcionan bien o por gametos defectuosos. La infertilidad es la imposibilidad de concebir cuando, habiendo mantenido después de un año relaciones sexuales sin aplicar anticonceptivos, no se puede obtener un hijo vivo. La causalidad es variada: hormonas, testículos, ausencia de esperma, factores cervicales, alteraciones anatómicas, estilos de vida, etc.
A mi modo de ver en Yerma laten estos factores, sobre los que en su tiempo existían preguntas cruciales, cuyas respuestas sólo pudieron ir desovillándose desde la segunda mitad del Siglo XX.
¿Cuál es el escenario de Yerma? El de una angustia existencial que trepa a la tragedia y no desconoce lo poético, ni ignora lo social.
AVECINAMIENTO DE LA MATERNIDAD
(Un fragmento de Yerma)
María.- Estoy aturdida. No sé nada.
Yerma.- ¿De qué?
M.- De lo que tengo que hacer. Le preguntaré a mi madre.
Y.- ¿Para qué? Ya está vieja y habrá olvidado estas cosas. No andes mucho y cuando respires respira tan suave como si tuvieras una rosa entre los dientes.
M.- Oye, dicen que más adelante te empuja suavemente con las piernecitas.
Y.- Y entonces es cuando se le quiere más, cuando se dice ya ¡mi hijo!
M.- En medio de todo tengo vergüenza.
Y.- ¿Qué ha dicho tu marido?
M.- Nada.
Y.- ¿Te quiere mucho?
M.- No me lo dice, pero se pone junto a mí y sus ojos tiemblan como dos hojas verdes.
Y.- ¿Sabía él que tú...?
M.- Sí.
Y.- ¿Y por qué lo sabía?
M.- No sé. Pero la noche que nos casamos me lo decía constantemente con su boca puesta en mi mejilla, tanto que a mí me parece que mi niño es un palomo de lumbre que él me deslizó por la oreja.
Y.- ¡Dichosa!
M.- Pero tú estás más enterada de esto que yo.
Y.- ¿De qué me sirve?
M.- ¡Es verdad! ¿Por qué será eso? De todas las novias de tu tiempo tú eres la única...
Y.- Es así. Claro que todavía es tiempo. Elena tardó tres años, y otras antiguas, del tiempo de mi madre, mucho más, pero dos años y veinte días, como yo, es demasiada espera. Pienso que no es justo que yo me consuma aquí. Muchas veces salgo descalza al patio para pisar la tierra, no sé por qué. Si sigo así, acabaré volviéndome mala.
M.- ¡Pero ven acá, criatura! Hablas como si fueras una vieja. ¡Qué digo! Nadie puede quejarse de estas cosas. Una hermana de mi madre lo tuvo a los catorce años, ¡y si vieras qué hermosura de niño!
Y.- (Con ansiedad.) ¿Qué hacía?
M.- Lloraba como un torito, con la fuerza de mil cigarras cantando a la vez, y nos orinaba y nos tiraba de las trenzas y, cuando tuvo cuatro meses, nos llenaba la cara de arañazos.
Y.- (Riendo.) Pero esas cosas no duelen.
M.- Te diré...
Y.- ¡Bah! Yo he visto a mi hermana dar de mamar a su niño con el pecho lleno de grietas y le producía un gran dolor, pero era un dolor fresco, bueno, necesario para la salud.
M.- Dicen que con los hijos se sufre mucho.
Y.- Mentira. Eso lo dicen las madres débiles, las quejumbrosas. ¿Para qué los tienen? Tener un hijo no es tener un ramo de rosas. Hemos de sufrir para verlos crecer. Yo pienso que se nos va la mitad de nuestra sangre. Pero esto es bueno, sano, hermoso. Cada mujer tiene sangre para cuatro o cinco hijos, y cuando no los tienen se les vuelve veneno, como me va a pasar a mí.
M.- No sé lo que tengo.
Y.- Siempre oí decir que las primerizas tienen susto.
M.- (Tímida.) Veremos... Como tú coses tan bien...
Y.- (Cogiendo el lío.) Trae. Te cortaré los trajecitos. ¿Y esto?
M.- Son los pañales.
Y.- Bien. (Se sienta.)
M.- Entonces... Hasta luego.
(Se acerca y Yerma le coge amorosamente el vientre con las manos.)
Y.- No corras por las piedras de la calle.
M.- Adiós. (La besa. Sale.)
NOTAS
(1): Gregorio Marañón (1887-1960) médico español, pionero de la endocrinología, investigador y conferencista de nota. Liberal en lo político militó con reservas por la República Española. Exiliado, visitó Montevideo y otras capitales del continente. Retornó a la España franquista y en 1956, luego de las manifestaciones de estudiantes por libertades, con Menéndez y Pidal y otros denunciaron la situación política y abogaron por el desexilio de sus compatriotas.
En 1926, su trabajo Tres Ensayos Sobre la Vida Sexual, agitaría las aguas en el lago clerical.
Amor, Conveniencia y Eugenesia, de 1929, desarrolla una concepción sobre la constitución de la familia, sexualidad y deberes sociales.