Catalogado como el país del futuro y la quinta economía mundial para el año 2026, de acuerdo a las indicaciones oficiales, es evidente que Brasil está muy lejos de alcanzar estos objetivos, con el agravante de “que la gente que tiene hambre no puede esperar tanto”.
Mientras aumentan los escándalos y la corrupción en algunos sectores de la política norteña, surgen en forma simultánea algunos datos económicos que pretenden tranquilizar a la sociedad brasileña. Nadie duda que se trata de un extraordinario país con tremendas interrogantes, y que mantiene intactas sus históricas desigualdades sociales, que no afectan sin embargo la popularidad de su presidente.
El conocido actor Renato Aragao (Didí) Embajador de Unicef para los Niños brasileños, con campañas de solidaridad en todo el territorio, recibió una carta que pretende recoger la opinión mayoritaria de los brasileños, donde se niegan a colaborar con estas campañas exponiendo sus argumentos en los siguientes términos: Querido Didí: Hace algunos meses usted me escribió una carta pidiéndome una donación mensual para enfrentar algunos problemas que comprometen el presente y el futuro de muchos niños brasileños. Sin embargo no respondí a lo solicitado, considerando que la carta no debería ser enviada a mi dirección. Ahora usted me escribe nuevamente preocupado por no haber atendido su solicitud. Ante su insistencia me siento en la obligación de contestar la misma. No fue por un motivo “especial” que no hice la donación solicitada. Son varios los motivos que me llevaron a no participar de su campaña, y si quisiera podría escribir más de 10 páginas sobre los mismos. Usted me dice en su última carta que mientras yo estuviera leyendo, un niño estaría perdiendo la chance de desarrollarse y de aprender por la falta de apoyo para su formación.
Didí, no intente hacerme culpable. Esa jugada publicitaria la conozco muy bien. Ese texto puede funcionar con muchas personas pero no conmigo. Yo no soy la Ministra de Educación, no ordeno ni otorgo prioridad a los presupuestos de las escuelas, ni puedo obligar al hijo del vecino a frecuentar las clases escolares. Mi parte la vengo haciendo desde los 11 años cuando comencé a trabajar para ayudar a mis padres en el sustento de mi familia.
Es posible que usted no tenga noción de lo que el Gobierno Federal nos saca para mantener la salud, la educación, la seguridad y todo lo que el pueblo brasileño necesita. Ya estoy pagando dos veces por la educación pública; primero por la escuela a través de los impuestos y también por la escuela particular puesto que la pública no atiende la enseñanza con la calidad que debería y que mis hijos merecen.
No creo saludable recorrer a la sociedad para resolver problemas que no deberían existir por el volumen recaudado en nombre de la educación. Sucede que ese dinero está mal administrado y no tiene a la educación entre sus prioridades.
Para que tenga una idea en mi ciudad, la alimentación de un presidiario le cuesta al erario público R$ 3.82, mientras la merienda para un niño de la escuela pública sale R$ O.20.
Por ese motivo consideramos que la carta debería ser dirigida al Presidente de la República que es quien tiene la voluntad política y las llaves del cofre para aplicar los recursos. Lamentablemente no es lo que sucede. Considero que mi donación mensual es muy grande y que con ella podríamos mejorar la calidad de vida de mi familia. Usted podrá comprender los motivos por los cuales no voy a colaborar con su campaña.
Mándele una carta al Presidente pidiéndole que seleccione mejor los Ministros y profesores de la educación pública. También se deben mejorar los salarios de esos profesionales para que le tomen el gusto a la educación y defiendan su camiseta.
PD: No me mande otra carta pidiendo dinero. Le pregunto finalmente si el dinero del CPMF que pagamos durante 11 años, mejoró en algo la educación y la salud del pueblo brasileño”, firmado Eliane Sinhasique.
Chuy, noviembre de 2009.