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Por Walter Celina - 21 de Febrero 2016

AVE FÉNIX XXII - F.G.L.: SUS AMORES - PARTE 1


LOS CRITERIOS DE DOMINIO

A lo largo de la civilización los criterios de dominio, basados en la fuerza, han ejercido un fuerte impacto en la conducta humana. Ello se ha reflejado en la sexualidad y en la presión anatematizante de modalidades como la homosexualidad.

El machismo exacerbado ha golpeado duramente las maneras del erotismo físico, y aún sentimental, entre individuos del mismo género, proclamando como única opción válida la heterosexualidad.

La vida, también, en otras especies animales, muestra la diversidad. Lo que algunas sociedades declararon como su ley de hierro -y de lo que son muestras vigorosas la Inquisición y el hitlerismo, para poner dos ejemplos tajantes- quedan como símbolos oprobiosos de la intolerancia.

Más allá de algunas preferencias juveniles por mujeres, Federico García Lorca volcó su intimidad hacia ciertas personas de su igual condición.

Cabe recordar que su primer gran amor fue la joven María Luisa Natera Ladrón de Guevara. Con ella tocó el piano a cuatro manos y se fotografió en un balneario. La llamó "mi niña, la de los ojos azules y las trenzas rubias".

Luego se enamoraría de María Luisa Egea, algo mayor que él, aunque sin éxito. El hispanista Ian Gibson recogió testimonios indicativos de una relación marital fugaz con la estudiante de Bellas Artes, de 17 años, Margarita Manso (luego esposa del pintor Ponce de León), la que le fue presentada por Salvador Dalí.

Entre el relato denigrante de sus asesinos franquistas y la cautela de los biografistas y analistas de su producción -volcada especialmente a la poesía y la dramaturgia-, los estudiosos garcialorquianos hoy no esconden el punto. Como no eludieron con el escritor su amistad, intensa y fraterna, personalidades señeras de las letras de país, de Europa y América Latina.

Es que, más claro que antes, los criterios del machismo craso, de dominio personal y social, han ido camino a su entierro.

Importa la historia de la verdad, tanto como la evasión del escándalo y el tratamiento con respeto del fuero privado individual. De los vivos y de los muertos.

VARIOS NOMBRES Y UN PRESAGIO

La cautela con que la familia de F.G.L. administrara la información de su homosexualidad fue explicada -más recientemente- por Laura García Lorca. Luego de aceptar la opción de Federico, sus parientes procuraron evitar -razonablemente- que su asesinato se confundiera con un crimen sexual.

En el pasaje biográfico en curso -Parte 2- he de centrar el comentario en la amistad estrecha, de cooperación artística -y con pasajes controversiales- de Federico con excéntrico y genial Salvador Dalí y el cineasta Luis Buñuel. Antes, resumiré nombres de sus parejas, a excepción de la última.

En 1922 Emilio Aladrén Perojo ingresaría en la Escuela de Bellas Artes, año en que también lo haría Dalí. F.G.L. le llevaba a Alardrén más de un lustro. Hacia 1927 iniciarían relaciones. El poeta lo presentaba como una promesa de la escultórica. Tal valoración no era compartida por sus amigos, quienes tampoco le estimaban como persona.

El romance finalizó cuando el escultor se unió a la inglesa Eleanor Dove. Existe la carta que documenta la decepción de Federico. Es cuando apronta valijas para Nueva York. Emilio Alardrén finalizaría haciendo bustos en bronce para personajes del dictador Franco.

Bien distinto fue el caso con el estudiante madrileño de ingeniería Rafael Rodríguez Rapún, nacido en 1912. Futbolista y socialista, se había incorporado al teatro La Barraca, comandado por el escritor. El vínculo es de alrededor de 1933 y se entrecorta por los viajes de Federico, aunque reanudándose luego que el poeta retornara del Río de la Plata. Atestigua María Teresa León, esposa de Rafael Alberti, la aflicción de Rodríguez Rapún al conocer la muerte de F.G.L. Enrolado en el Frente del Norte, fallece al cumplirse el año justo del fusilamiento de su gran amigo.

Eduardo Rodríguez Valdivieso era un empleado bancario, entusiasta de la literatura. Catorce años menor que F.G.L., cultivó contactos con el granadino por cerca de un año. Se habían conocido en 1932 en una reunión bailable en que bebieron juntos. Falleció en 1997, conservando las cartas de amor recibidas.

Encontrándose en la Huerta de San Vicente, junto a Federico en la festividad de este nombre, el 18 de julio de 1936, se produjo un hecho inusitado. Bajo la atormentadora sombra de la guerra civil, el poeta descendió de su dormitorio y le reveló un sueño inquietante: un conjunto de mujeres enlutadas lo acababan de amenazar, enarbolando crucifijos negros.

Un temor siniestro estaba cruzando por su cabeza. Una especie de luna en sombras.

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