BUSCADORES DEL MÁS ALLÁ
Por un segundo me permitiré retrotraer al lector al momento crucial de la infancia en que, mirando al espacio, formalizó sus primeras interrogantes acerca de los puntos estrellados de la noche, sobre las mutaciones del círculo lunar. ¿Quién pudo no hacerlo?
Del pasado al presente ha habido una coincidencia absoluta. Las preocupaciones inquisitivas han sido consustanciales a los hombres de todos los tiempos.
Las más remotas civilizaciones, crecidas desde 10.000 años anteriores a la era actual (E/A), constituidas por chinos, babilonios, egipcios, y también americanos, en gradaciones particulares del conocimiento, vincularon el comportamiento del mundo exterior a su propia existencia. Creencias, leyendas, supersticiones y la corporización de religiones respondían a los enigmas, con precariedades indudables.
La observación sistemática de las estaciones, los períodos de crecidas en los valles fértiles, dieron forma a los calendarios. Aparecieron formas de medir, de calcular y de prever. Los griegos, de los 500 años anteriores a la E/A, sorbieron conocimientos de los pueblos babilonios -los del actual y atormentado sitio geográfico de Iraq, Irán, Siria, etc.-, ensayando las primeras hipótesis acerca de los modos de orbitar de los cuerpos celestes.
Las interposiciones tierra-luna-sol, aunque seguían atemorizando, pasaron a tener explicaciones. Algunos pensadores ya concluyeron que la tierra no era chata como un plato, sino una esfera. Y, en base a apreciaciones matemáticas, se animaron a tentar el cálculo de la circunferencia terrestre.
Surgirían dos nombres capitales, en una masa de desarrolladores que provocarían ciencias incipientes: Claudio Ptolomeo (138-180 de N/E) y Nicolás Copérnico (1473-1543 de N/E).
Griego, el primero. Sostuvo la tesis del geocentrismo. La tierra es el centro de la actividad espacial. Polaco el segundo, concibió el carácter heliocéntrico del sistema, es decir, de la circulación alrededor del sol. Sus estudios encontraron inspiración en hipótesis cosmológicas de viejos griegos (Nicetas, Filolao, Heráclides, Ecfanto y, especialmente, Aristarco de Samos). El modelo ptolomeico, adoptado por la Iglesia Católica, prevaleció siglos, al poner a Dios como eje y darlo como creador de la tierra (a tenor del relato bíblico, en Génesis del Viejo Testamento).
Los buscadores del más allá, como cualquiera de nosotros, hoy continúan levantando sus miradas y develando misterios.
ESTRELLAS DEL SABER EN TENERIFE
Las apacibles Islas Canarias, pertenecientes a España, en el océano Atlántico y a un costado del África, fueron primer punto de recalada de los barcos colonizadores. Oriundos de esas mismas tierras insulares pisaron tempranamente nuestro suelo y se afincaron en las latitudes platenses. Cerca de 6000 compatriotas viven –ahora- en Tenerife, la isla mayor del conjunto canario.
No resultará ocioso recordar que algunas de las mayores instalaciones de astrofísica del mundo están en las cumbres de Canarias (Tenerife, La Palma, Gran Canaria).
Hace pocas semanas tuvo lugar allí el festival científico STARMUS, sigla que en inglés proviene de los vocablos “estrellas y música”, una fórmula perfecta para reunir, en una edición más, ciencia y arte. Cumplido hace muy pocas semanas, cruzó como una estrella fugaz en la información. Pero los ecos no se han acallado. Sobre algunos de sus rasgos importantes conversaremos.
Hombres catapultados al espacio por Estados Unidos, Rusia y España han dado sus reflexiones junto a personalidades como las de Neil de Grasse Tyson -sucesor de Carl Sagan al frente de la serie Cosmos-, varios Premios Nobel de Economía (entre ellos Joseph Stiglitz), el notable físico inglés Stephen Hawking o la norteamericana Jill Tarter, propiciadora del proyecto SETI, de búsqueda de inteligencia extraterrestre (coincidente con el descubrimiento por la NASA de 1.300 nuevos planetas extrasolares).
El Festival Starmus aúna desde su origen el propósito de conciliar música y astronomía, poniéndolas en manos del gran público. Asimismo, una especie de retorno a la inspiración de Gustav Holst, compositor de Los Planetas, obra creada sobre datos matemáticos de las órbitas planetarias.
El evento condecoró a Stephen William Hawking (Inglaterra 1942). Físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico. Con Roger Penrose elaboró teoremas sobre el espacio-tiempo, efectuando la predicción teórica de los agujeros negros radioactivos, una de las formas de la materia.
Su enfermedad motoneural lo tiene prácticamente paralizado, comunicándose por un aparato generador de voz.
En una inquisitoria periodística, en Canarias, sostuvo con criterio esclarecedor: “Es importante que todos tengamos buenos conocimientos de ciencia y tecnología. La ciencia y la tecnología están cambiando drásticamente nuestro mundo, y es fundamental asegurarse de que esos cambios se produzcan en las direcciones correctas.
En una sociedad democrática eso significa que todos tenemos que tener conocimientos elementales sobre ciencia, de manera que podamos tomar nuestras propias decisiones, con conocimiento de causa y no dejarlas en manos de expertos.
Los ordenadores superarán a los humanos en los próximos cien años. Cuando eso ocurra, tenemos que asegurarnos que sus objetivos coincidan con los nuestros.”
¡La prevención científica también suena a verdadera música!