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Por Walter Celina - 10 de Agosto 2016
LA CIENCIA EN STARMUS ‘16 - LA INVASIÓN DE LAS AGUAS - NOTA 2


UNA RECAPITULACIÓN

El Festival Starmus 2016, en Tenerife (Canarias – España), abordó en sucesivas conferencias asuntos tan variados como qué había antes del Big Bang, vida inteligente en el universo, sonda Cassini, seguridad informática, cambio climático y más.
El simposio ofreció su tribuna al científico Chris Rapley para tratar el acuciante problema del clima, con afectación de áreas geográficas sometidas a temperaturas calcinantes o a congelamientos extremos, violentísimos tornados, subida de aguas con pérdidas territoriales y desplazamientos humanos, alteración de todas las formas de vida conocidas, proyectos de sobrevivencia y asuntos conexos.

El disertante exhibe títulos más que suficientes: catedrático de Ciencias del Clima en el University College de Londres, profesor en el St Edmund’s College de Cambridge, invitado del laboratorio de propulsión a reacción de la NASA, miembro de la Academia Europea y del consejo del Winston Churchill Memorial Trust, presidente del comité asesor de política científica de alto nivel de la Agencia Espacial Europea y presidente de la London Climate Change Partnership.
Según el doctor Rapley, los humanos somos los habitantes de un sistema muy complejo, la Tierra, que es “la nave en la que viajamos por el universo”.
En su opinión el nivel de stress de los humanos, como especie, está llegando a sus límites debido al aumento de la población mundial, la necesidad creciente de alimentos y recursos. Ello hace que se tenga que buscar una nueva organización. “Estamos cambiando ya el modelo vigente, pero lo que no sé es hacia qué está cambiando”, afirmó. La incertidumbre es grande.

Rapley recordó que una de las conclusiones a las que se llegó en la Cumbre sobre Cambio Climático -celebrada en París en 2015- fue la que el planeta no podía permitirse sufrir un aumento de temperatura mayor a 2 grados más. Las naciones asistentes coincidieron en ese punto. Y, casi todas, se comprometieron a reducir sus emisiones, estableciéndose, de aquí a 2020, un máximo de 2 grados. Subrayó que lo dramático es que “no sabemos cuál será exactamente la consecuencia de que suba más la temperatura”.

A pesar de que el efecto invernadero es necesario para la vida en el planeta y de que los niveles de CO2 (carbono) son variables, las cantidades emitidas en los últimos 100 años han superado los niveles máximos registrados entre los que se sabe que oscila. Lo preocupante es que “nunca nadie ha respirado el aire tal como está ahora”. Es la consecuencia de que “hemos roto el equilibrio energético del planeta”.
Apoyándose en gráficos, mostró variantes climáticas que han alterado los ciclos del agua, las corrientes marinas, el suministro de alimentos o la distribución de la población, entre otras cosas, destruyendo las relaciones y modos de vida de la gente. “El mundo moderno está adaptado imperfectamente a un modelo climático, que deberá que sustituir por fórmulas nuevas sostenibles”.

MIGRANTES POR CIUDADES SUMERGIDAS

Pero, “para saber qué es lo que está ocurriendo, hay que considerar lo que sucede en los océanos, que son como termómetros líquidos”. Explicó que la subida de las aguas es de actualmente 3 milímetros al año, unos 30 centímetros cada siglo, un ascenso que antes no se producía. “Si los mares hubieran subido a este ritmo desde hace tiempo, desde la época romana por ejemplo, ya habrían crecido más de 6 metros, y sin embargo eso no ha ocurrido. Por tanto, podemos concluir que la crecida es más reciente”. Lo que asombra es el ritmo del movimiento. “El Ártico está cambiando de manera espeluznante, con enormes consecuencias para las formas de vida.” Un efecto inmediato del deshielo, fuera del mundo central, de momento.

Se detuvo en la preocupación existente en Londres ante la imparable subida del nivel del mar. Poniendo tensión en el auditorio manifestó: “El riesgo de inundación es tremendo”. Agregó que se han instrumentado planes y se han tomado decisiones para prevenir ese escenario y actuar ante él. Sin embargo, explicó, hay un nivel máximo ante el cual se puede luchar, que estaría entre los 3 y 5 metros. Pero, sentenció, “si el mar subiese más, no hay nada que pudiéramos hacer”.
“Con lo que costaría luchar contra la crecida de las aguas (unos 40.000 millones), para irremediablemente luego tener que abandonar Londres a los mares, se preguntó: “¿Merece la pena tal esfuerzo?” Luego, reflexionó: “¿Es el entorno parte de la economía; o la economía parte del entorno?”.

Unió, seguidamente, tal aspecto, centrado en los gastos y quiénes lo pagarían, con otro significativo. El de un nuevo tipo de desplazados, “los climáticos”, advirtiendo: “Y ya hemos visto cómo actuamos en Europa con los refugiados…”
La perspectiva, cuando se habla del clima, es pesimista. Según Rapley el catastrófico escenario londinense no es una excepción, sino que se está convirtiendo en la norma y por eso es tan necesario cumplir con los objetivos marcados en París.

E hizo un llamamiento: “Necesitamos la mayor acción colectiva de la historia para combatir el cambio climático. Ya se han unido 20 naciones para la llamada Misión Innovación, que busca implementar las tecnologías que nos permitan reducir las emisiones contaminantes”.
La solución, según Rapley, vendrá del esfuerzo común y de nuestra inteligencia. Sin embargo, tal vez sea un poco atrevido confiar en una especie que está destruyendo su único hogar. No obstante, manejó un concepto optimista: “Somos infinitamente ingeniosos y sería posible encontrar la manera de escapar a la tragedia.”