A veces las relaciones entre algunas disciplinas científicas y la política se tornan complejas. Las mediciones sociológicas, muy discutidas a mitad del siglo XX, terminaron aceptándose, aunque resultados puntuales puedan generar cuestionamientos. Los hemos visto en las elecciones nacionales y en las de Estados Unidos, cuna del sistema de auscultación de las tendencias del público, donde -además- las previsiones se catapultan casi como verdades únicas en el profuso sistema de los medios de comunicación.
En otras situaciones, expresiones acuñadas para la definición de fenómenos de la química o de la física, por ejemplo, terminan inyectándose en las atmósferas partidarias y periodísticas conexas.
Hay cosas que, para no dramatizar, podrían tildarse de graciosas.
Entraré en un terreno cuasi-prosaico. Alguien se harta cuando sacia su apetito o bebe, traspasando el límite de la sobriedad. El término se usa, asimismo, para denotar cansancio o fastidio. El harto es el “repleto”, el que ha comido mucho. Y el hartazgo hace a acciones hechas con exceso.
Este introito semántico viene a cuento con otro aspecto de la política de “los últimos días”, en un remezón que sacude los altares de la estructura del Frente Amplio y apela por la vigencia de un credo “auténtico”.
¿De qué se trata? Ciudadanos identificados -objetivamente- con la ardiente prédica del publicista y hombre de negocios Esteban Valenti, han lanzado un manifiesto y colectan firmas.
¿De qué hablan?
Veámoslo: “Muchos ciudadanos estamos hartos, otros directamente nos alejamos de la política, nos desinteresamos.
Estamos hartos de la mentira instalada y reiterada.
Hartos de la mano de yeso que en esta oportunidad abortó la comisión investigadora sobre los negocios con Venezuela y el funcionamiento del FONDES.
Hartos del ocultamiento permanente y a cualquier precio
Hartos de no afrontar de manera transparente el debate ante la gente.
Hartos de que nos subestimen con argumentos como "las investigadoras son el circo político que quiere instalar la oposición"
Hartos de que la crítica "le hace el juego a la derecha"
Hartos del secreto absoluto y permanente.
Hartos de la mentira como instrumento de la política, de la peor política.
Hartos de la disciplina partidaria impuesta para ocultar e incluso por encima de la moral republicana.
Hartos de que se imponga la prioridad del poder y de los funcionarios por encima de todo y de todos.
Tan hartos estamos que necesitamos expresar a viva voz nuestro rechazo a todo lo que ensucia o destruye aquello que nos enorgullecía y diferenciaba: la Honestidad y la Ética
Todo lo que nos tiene hartos no hace otra cosa que aislarnos de la gente, del pueblo y empobrecer la política y por lo tanto la democracia.”
He ahí lo principal de este grito de decepción.
Para el caso, la norma de cortesía no admite el uso de una expresión como “¡buen provecho!”. Por el contrario, los excesos políticos, sean por autosuficiencia, infantilismo o ignorancia, hablan de una enfermedad, también política.
En física “caída libre” es el movimiento de un cuerpo por acción del campo de gravedad. Una modalidad concreta es la del paracaidismo deportivo. Sobre una altura de 1.500 metros, el sujeto se desploma a una velocidad de unos 250 kms. por hora, empleando 1 minuto en su llegada a la superficie planetaria. Si el dispositivo anti impacto falla, el resultado será el peor.
En química, en una mezcla líquida, el precipitado va al fondo.
Las debacles partidarias admiten ciertas similitudes, aunque sean otra cosa.
Un viejo aforismo de la política nacional -al parecer de los tiempos de José Batlle y Ordóñez- recuerda que “el se precipita, se precipita”.
Parecería que este podría ser el destino del Frente Amplio. Por el más grave deterioro de sus líneas programáticas, por su quehacer irregular en la conducción del gobierno y el quebrantamiento de la ética.