En notas anteriores nos hemos referido a la obra literaria del maestro Francisco Rodríguez Correa, señalando premios y distinciones logrados en varios concursos, gritando palabras que rompieron los moldes del relato y la poesía. Con la publicación de “CONFESIONES” vamos a disfrutar de los pequeños lujos que nos da el periodismo al publicar textos desconocidos de escritores que todavía no disfrutaron del reconocimiento que merecen sus letras, cuando asoma la necesidad de decir algo.
Este poema, obtuvo el premio destacado en el 9º. Concurso Internacional de Poesía del Club de Leones de Rocha, junto con otros dos poemas. De Juan Carlos Pirali (Argentina), Nelly Robella ( Uruguay).
Por reglamento del Concurso, quienes ya ganaron el Premio Gran León, que se otorga por única vez, como en este caso, en lo sucesivo, si sus poemas triunfan en cualquiera de las categorías se les otorga el Premio Destacado.
Concurso Internacional de Poesía
Club de Leones Rocha
= 2016 =
Premio Destacado
CONFESIONES
Romance
“Confieso que he vivido”, como escribió el poeta.
Bajo la proa fulgente de mi lucero guía,
fui haciendo mi camino con paciencia de reja,
y en el surco labriego entregué mi semilla.
Mi corazón no alberga ambición ni codicia.
No pretendo los lucros que la vanidad llena.
Los caudales profanos no alhajan mi peculio,
mas confieso, disfruto de la mayor riqueza.
Soy feliz a mi modo, de zapatos raídos.
Mi atuendo, sin adornos, fortalece mi orgullo.
Mi pantalón zurcido, compañero de ruta,
mi camisa cansada por rigores del uso
Oro, plata, ni gemas, han turbado mis sueños,
Sí, me importan las joyas que decoran el alma,
y el espíritu pleno de bondad y nobleza,
y confieso el sosiego que reposa en mi almohada.
Me abaten mis errores, y el dolor del hermano.
La maldad que fecundan las miserias mundanas.
Confieso mi repudio al egoísmo humano,
igual que a la mentira por cobarde y esclava.
En tren de confesiones, declaro mis dolencias.
Mi corazón es débil, mi espíritu guerrero.
Mi dolor por aquellos que sufren hambre y frío,
y por los que carecen del abrigo de un techo. No cultivo enemigos, pues no los necesito.
No hay albor más sublime que el sol de una mirada.
Una palabra amena, el gesto solidario,
y el abrazo sencillo que nos arrulla el alma.
Los tonos de victoria me suenan estridentes,
El aplauso es lisonja que engendra vanidades.
Prefiero ese silencio que nos cobija en calma,
y confieso, no me ato a elogios ni homenajes.
Confieso con el alma plena de amaneceres,
que amé sin condiciones, con pasión desmedida.
Como el aire y el agua, y la tierra adorada,
para el que ama, confieso, el amor es la vida.
Amar, amar, amando hasta inundar el pecho,
con ese amor tan pleno que fecunda una historia.
Si la vida es un sueño que llena el infinito,
amar es un milagro que nos colma de gloria.
Y confieso que admiro los buenos corazones.
La gente solidaria, de espíritu sincero.
La que no causa daños y siempre da una mano,
al pobre acongojado de pena y sufrimientos.
Los que están liberados de envidias y egoísmos,
sin codiciar las flores del sabio jardinero.
Los que labran su huerto, y comparten sus frutos.
Los que honran a la vida. Confieso, ¡que los quiero!
Francisco Antonio Rodríguez Correa