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Por Walter Celina - 12 de Enero 2017
UN PAR DE MIRADAS SOCIOPOLÍTICAS


En la segunda quincena de febrero de 1848 se produjo en París un estallido revolucionario. Sus actores fueron obreros, estudiantes y la guardia nacional. El sitio a las Tullerías provocó la renuncia real de Luis Felipe. Se proclamó la 2da. República.
Se consagró el sufragio universal. En abril se efectuaron elecciones. Demócratas moderados obtuvieron el triunfo. En noviembre se edictó la Constitución redactada por una Constituyente. En diciembre Luis Bonaparte (sobrino de Napoleón) fue electo presidente. Al año siguiente posaría como Napoleón III. La variante condujo al 2do. Imperio galo.
En la obra politológica titulada El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (DB), Carlos Marx-CM (1) estudió la naturaleza de aquella sucesión de hechos. Numerosos enfoques independientes analizan hoy los criterios desarrollados por el pensador.

Cabe recordar que la revolución francesa dio su campanazo en 1789 y que, tras de 10 años de agitación social y convulsiones políticas, terminó en manos de Napoleón Bonaparte. ¿Es que el poder germinativo del evento se había extinguido? Vuelvo a la pregunta -a la que vinculé mi examen de nota anterior- acerca de ciertos fenómenos del área social cuando, provocativamente, expresé: ¿Cuánto dura una revolución?
Fue precisamente CM quien en su DB esgrimió estas sutiles consideraciones:

“Las revoluciones proletarias se autocritican constantemente, se interrumpen continuamente en su propio curso, vuelven a lo que aparentemente ya habían conseguido para comenzar nuevamente; se burlan sin compasión de las insuficiencias, debilidades y mezquindades de sus primeros intentos; parecen aplastar a su adversario sólo para que éste pueda adquirir nuevas fuerzas de la tierra y se levante más gigantesco ante ellas, retroceden una y otra vez ante la prodigiosidad infinita de sus propios objetivos, hasta que se crea una situación que hace que retroceder sea imposible...”

Es un razonamiento que, si de algo carece, es de impaciencia. En la dimensión humana, tan pequeña, sobrevienen las derrotas, más aún si la medición y valoración de los que se hace está dominado por la imperfección u oculta impudicia.
Hay una previsión negativista que alerta. El deber no es prepararse para la derrota, sino para superar los desafíos. Apelando a las mejores capacidades y espíritu de entrega. Extirpando corruptos y arribistas.
Por su parte Eric Hobsbawm-EH (2), en Historia del Siglo XX, en su carácter de relator contemporáneo se refirió a la revolución rusa, de este modo:

“Las repercusiones de la revolución de octubre fueron mucho más profundas y generales que las de la revolución francesa, pues si bien es cierto que las ideas de ésta siguen vivas cuando ya ha desaparecido el bolchevismo, las consecuencias prácticas de los sucesos de 1917 fueron mucho mayores y perdurables que las de 1789. La revolución de octubre originó el movimiento revolucionario de mayor alcance que ha conocido la historia moderna. Su expansión mundial no tiene parangón desde las conquistas del Islam en su primer siglo de existencia.”

Retorno al comentario de una nota anterior. Y contacto con la más próxima a cualquiera de nosotros: la revolución cubana. Fue, en cierta medida, la extensión última del sentimiento anticolonialista (contra el dominio español, por su inicial hálito nacionalista). Ha sido, asimismo, un vigoroso coletazo de la de octubre en América Latina, en tiempos de la predominancia del águila calva.
Una empresa compleja. Esperanzas, logros, insuficiencias, errores de diverso porte, ansias latiendo en la gente.
Y sombras de guardianes sobre nosotros.
¡Qué nuestros pueblos tengan la última palabra!


NOTAS

(1): Carlos Marx (CM) nació en 1818 en Tréveris (Trier), ciudad de Prusia (actual Alemania). Falleció en Londres, en 1883.
Cursó estudios en las universidades de Bonn, Berlín y Jena. De cabellera abundante y piel morena, era llamado por familiares y amigos “el Moro” (mohr).
En el año 1842 publicó una nota en la Rheinische Zeitung, de Colonia, convirtiéndose luego en su jefe de redacción. Fue crítico de las condiciones sociales y políticas, lo que le costó la renuncia al medio. Trabajó como corresponsal del New York Tribune (1852-1861) y escribió para la New American Cyclopedia.
Con Federico Engels comparten una misma concepción sobre los temas revolucionarios. Desarrollan la concepción del materialismo histórico, expuesta luego en Crítica de la Economía Política (1859). En estas tesis, se presenta cada época histórica del sistema económico predominante y el modo de satisfacer las necesidades vitales de los individuos.
Dirige la red de Comités de Correspondencia Comunista, existentes en ciudades europeas. Escriben con su amigo Engels una declaración de principios tendiente a unificar asociaciones de lucha e integrarlas en la Liga de los Justos, pieza conocida como el Manifiesto. En 1864 fue fundada en Londres de la I Internacional. Pronunció el discurso inaugural, escribió sus estatutos y dirigió la labor del órgano directriz, antagonizando con el núcleo anarquista de Mijaíl Bakunin.
Elaboró la base doctrinal de la teoría anticapitalista. El ensayo más relevante es El Capital (volumen 1, 1867; volúmenes 2 y 3, editados por Engels y publicados en 1885 y 1894, respectivamente). Se trata de un análisis histórico y detallado de la economía del sistema imperante. Formula la teoría del destino del valor excedente del trabajo asalariado, la “plusvalía”.
Sus obras abarcan literatura, historia, economía, filosofía y se tornan precursoras de las ciencias políticas. Tal la cita del DB.

(2): Eric Hobsbawm (EH) 1917-2012. Historiador británico, autor de diversas obras sobre la revolución industrial, los movimientos sociales preindustriales, la historia europea contemporánea y la metodología de la historia.
Egresó del King's College de la Universidad de Cambridge como doctor en historia. Docente de la Universidad de Londres. Especialista en el estudio de la historia contemporánea, incluida la más reciente. Centró sus explicaciones académicas sobre los hechos del siglo XX, desde 1914, primera guerra mundial, a 1991, en que implosiona la URSS. Algunos de sus trabajos reconocidos son: La Era de la Revolución (1962), La Era del Capitalismo (1975), La Era del imperio (1987), Historia del Siglo XX (1994), Sobre la historia (1998) y Guerra y Paz en el Siglo XXI (2007).
Enrolado en la corriente del materialismo histórico, combinó su alto prestigio con polémicas atrayentes, más el plus de su autocrítica marxista.