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Por Julio Dornel - 13 de Enero 2017
EL SUEÑO DEL PIBE


La mayoría de los niños han soñado siempre con ser jugadores de fútbol y brillar en algún equipo importante o en alguna selección. Nadie duda de los sacrificios que realizan los padres para que el futuro crack se vaya transformando en un profesional que logre una sólida posición y que algún día pueda salvar a la familia. Sin embargo en la gran mayoría estos sueños se ven frustrados y solamente un bajo porcentaje logra alcanzar la meta y la fortuna que un día soñó toda la familia.

Como todo deporte asociado el fútbol de los niños tiene la virtud de contribuir a la formación de su personalidad y mejorar su desarrollo físico. Sin embargo este deporte debe ser practicado dentro de las posibilidades de cada niño y teniendo en cuenta siempre el espíritu de la competencia y el compañerismo que debe reinar entre los participantes. De esta manera se estaría otorgando fundamental importancia a la formación deportiva, sin tener en cuenta la formación del atleta profesional que llegará con los años. La práctica del baby fútbol con orientación de profesores especializados contribuye a la formación de la personalidad de los niños y jóvenes promoviendo valores a través del juego. También en el baby los niños van aprendiendo a respetar a sus compañeros, a sus profesores y al público en general. Lamentablemente no todo es así. Algunos padres piensan que el niño tiene que dejar de estudiar a los 10 años para convertirse en el crack que salve a la familia.

“Adultos Pequeños”

El concepto se refiere a la especialización temprana de los niños en el deporte y a como padres y entrenadores con el fin de satisfacer necesidades propias, no las que el niño, lo lanzan a un camino incierto dentro del deporte.
Con estas decisiones muchos quedan en el camino, ya sea porque no conservan el talento que tenían durante la infancia o porque “jugar con una pelota” no es lo mismo que comprometerse con una carrera deportiva, donde se debe “renunciar” a muchas cosas. Como punto de comienzo y análisis a este problema, padres y profesionales del deporte deberán conocer y respetar los derechos que poseen los niños con respecto a la práctica deportiva. Solo así se podrá lograr que el niño deportista-aprendiz sea más propenso al éxito que al fracaso. Respetando su mundo, que es diferente del mundo del adulto, ofreciéndole información para que pueda expresarse, tener opiniones y participar en las decisiones que lo afectan, estaremos en el buen comienzo de esa relación de deberes y derechos para entonces hacer la mejor elección. Los niños tienen derecho a divertirse en su participación deportiva y tienen una forma especial y diferente de percibir el juego y la diversión, en comparación a los adultos.

El niño debe jugar como un niño y no como un adulto.

El espíritu de competición está presente en su desarrollo desde temprana edad y esta bien que compita, pero dentro de una competición organizada adecuadamente sin imitar las competencias de los adultos. El deporte para ellos verdaderamente significa diversión. Sin embargo con la influencia del adulto podemos apreciar como ese concepto de diversión se transforma en alegría o amargura como sinónimos de victoria o derrota. Para el niño las victorias y marcas no son la cosa esencial del deporte, sino la ampliación de conocimientos, la satisfacción y el mejoramiento de si misma. A todos nos corresponde valorar y hacer respetar los derechos de los niños y jóvenes deportistas: Salud, Familia, Igualdad, Identidad, Educación, Participación, Protección, Juego. Autoridades políticas, dirigentes deportivos, entrenadores, padres de familia, periodistas y profesionales del deporte, debemos valorar y darle el carácter de importancia que el tema tiene, de lo contrario estaremos justificando la improvisación, desorganización y todas las acciones que se traducen en la manipulación del niño con el único fin de que el adulto obtenga ventajas personales.

(Corresponde señalar que la segunda parte de este comentario: Adultos Pequeños, no es de nuestra autoría.)