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Por Walter Celina - 19 de Febrero 2017

CONTRA LA HUMILLACIÓN AL POETA CARDENAL


Casi llegando a la segunda quincena de febrero varios medios de prensa han recogido la Carta Abierta que, dirigida al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, redactó el escritor y periodista compatriota Fernando Butazzoni.

DOS PINCELADAS

Apenas un introito ligero para el más simple apunte.

1. Ernesto Cardenal (1925 - Granada - Nicaragua) es considerado, a justo título, un brillante intelectual vivo de América Latina. Antes he hablado de él.

Orienta su vida a la poesía, atendiendo quehaceres diversos (teología, escritura, traducción, escultura, política). Como clérigo se adscribe a la “teología de la liberación”. Vivió en Estados Unidos. En 1970 visitó Cuba y escribió sobre la revolución. Atendió, asimismo, los procesos de cambio de Perú y Chile. Participó en 1977 del ataque insurreccional contra el Cuartel San Carlos. Con la victoria sobre la dictadura de la familia Somoza, ocupó -entre 1979 y 1988- el cargo de ministro de cultura.

Se ha dicho que Ernesto Cardenal une el lenguaje místico con el épico; los problemas de los trabajadores de su pueblo con la magia de lo cotidiano; la ironía con la intensidad de la vida moderna. Es de los que recuerda que no hay olvido posible: “Creyeron que te/ mataban con una orden/ de ¡fuego!/ Creyeron que te/ enterraban/ y lo que hacían/ era enterrar una semilla.” (Epitafio para Adolfo Báez Bone).

2. Fernando Butazzoni (1953 - Montevideo) ha merecido innumerables premios por sus obras literarias, traducidas a varios idiomas. Es guionista de cine y comentarista político. Fue combatiente antisomocista, con el rango de oficial en el ejército rebelde sandinista.

CARTA DEL TU A TU, POR ERNESTO CARDENAL

“Montevideo, 12 de febrero de 2017.

Daniel: ¿Te acordás cuando me dijiste, allá en El Chipote, que admirabas a Ernesto Cardenal y que él era una gloria de Nicaragua? En aquel momento todos estábamos felices porque El Chipote, en el mismo corazón de Managua, ya no era un lugar siniestro. Estaba por fin lleno de luz, de muchachos y muchachas que no tenían miedo. Hasta las aguas de la laguna de Tiscapa parecían menos oscuras.

Eso fue por agosto o septiembre de 1979, cuando la revolución recién empezaba. Aquella tarde viniste al campamento con Javier Pichardo, el Emilio del Frente Sur, y con otros compañeros comandantes. También estaba el flaco Alejandro, y estaba la China a mi lado, un poco asustada, y estaba el Braulio, que después fue embajador, y la hermana de Marisol que parecía una niña disfrazada de soldado. ¿Te acordás?

Luego resultó que tu admiración por el poeta Ernesto Cardenal se convirtió en odio y persecución. Y ahora, casi cuarenta años después, vos y tu mujer siguen ensañados con él, y con trapisondas legales lo quieren humillar sacándole los pocos reales que pueda tener, confiscándole la casa donde vive y dejándolo en la calle.

Por cierto que él es un opositor a tu gobierno, pero la revolución sandinista se hizo también para eso: para que los opositores no tuvieran que andar escondidos, para que no los persiguieran ni los torturaran allí, justo allí, en El Chipote donde vos habías estado preso. Vos dijiste que la revolución se hizo para la libertad. ¿Qué pasó, Daniel? ¿Te olvidaste de todo aquello?

En 1979 vos y yo éramos jóvenes. El flaco Alejandro, la China y el Braulio también. Pero Cardenal ya era un cincuentón de barba blanca, un cura flaquito y siempre tímido. Él ya era un patrimonio nacional. Por eso lo nombraste Ministro de Cultura, porque su prestigio engalanaba tu gobierno.

Hoy él es un anciano de 92 años, y es un patrimonio del idioma y de toda América Latina. Tiene mucho más prestigio ahora que en 1979. A vos, Daniel, no te pasa lo mismo, aunque tenés mucho más poder y mucha más plata que en aquel entonces. Él es un cura decente, pobre y revolucionario, admirado en todo el mundo. Vos sos apenas un reyezuelo atrapado en su palacio, casi un príncipe consorte.

Todos sabemos que bastaría un gesto emanado de tu corte para que cesen los acosos y el encarnizamiento contra Ernesto Cardenal. Somos miles los escritores y artistas que, en todo el mundo, te exigimos desde hace años que dejes en paz al poeta.

Muchos piensan que reclamártelo una vez más es un gesto inútil. En todo caso es un gesto de dignidad que bien merece el pueblo de Nicaragua. Te pido que lo consideres.

Sé que una carta abierta es un método de comunicación bastante reprobable. Pero en este caso es la única manera de intentarlo, ya que tu embajador en Montevideo, el hijo de Licio Gelli, no me merece ninguna confianza, y allá en tu palacio me tienen prohibida la entrada.”

Y firma: “Fernando Butazzoni. Ex combatiente del FSLN, ex oficial del Ejército Popular Sandinista”.

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