Mientras nos vamos acercando a los partidos que van a confirmar nuestra presencia en el mundial de Rusia (2018) sentimos la necesidad de “hacer correr” la pelota por los campos de la imaginación y filosofar un poco sobre las alegrías que nos ha regalado el futbol. En esta previa del mundial debemos reconocer que el fútbol sigue pariendo ídolos, haciéndonos pensar que durante muchos fue el deporte avasallante que movilizaba multitudes por culpa de una pelota que desde 1924 se había convertido en la fuente inagotable de los festejos y alegrías que nos ubicaron en la cumbre del mundo. Estábamos obligados a ganar, habíamos recogido muchos triunfos para regresar con el consuelo de participar, sin subir al podio y volver con “la frente marchita”. La malaria tenía que terminar. La organización fue entrando lentamente en la AUF para transformar el panorama oscuro que nos impedía alcanzar la gloria. Si bien es poco lo que hemos logrado, se puede observar un cambio de mentalidad impuesto por el cuerpo técnico, los jugadores y la dirigencia del futbol uruguayo.
LO DIJO EDUARDO GALEANO.
“Las páginas que siguen están dedicadas a aquellos niños que una vez, hace años, se cruzaron conmigo en Calella de la Costa. Venían de jugar al fútbol, y cantaban: Ganamos, perdimos, igual nos divertimos.”
“Yo jugaba muy bien, era una maravilla, pero sólo de noche, mientras dormía: durante el día era el peor pata de palo que se ha visto en los campitos de mi país.”
“Yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo, sombrero en mano, y en los estadios suplico ‘una linda jugadita, por amor de Dios’. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece. “Y un buen día la diosa del viento besa el pie del hombre, el maltratado, el despreciado pie, y de ese beso nace el ídolo del fútbol. Nace en cuna de paja y choza de lata y viene al mundo abrazado a una pelota. “Rara vez el hincha dice:
Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie.” “Es que ella (la pelota) es muy ofendidiza. No soporta que la traten a patadas, ni que le peguen por venganza. Exige que la acaricien, que la besen, que la duerman en el pecho o en el pie.” “Pero en plena expansión imperial, el fútbol era un producto de exportación tan típicamente británico como los tejidos de Manchester, los ferrocarriles, los préstamos de la banca Barings o la doctrina del libre comercio.“Como el tango, el fútbol creció desde los suburbios. Era un deporte que no exigía dinero y se podía jugar sin nada más que las puras ganas.”