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Por Walter Celina - 27 de Mayo 2017
UNA QUERELLA MONUMENTAL


UN REMOTO GRAN HERMANO

Para dar marco a esta nota repasaré la noción de querella. Supone un enfrentamiento o disputa. También la expresión de un dolor físico o de un sentimiento doloroso. Una queja. Llevada al derecho, algo más: acusación por un delito, reclamo testamentario, etc.
El cruce simbólico entre la cruz y la espada dio lugar a una famosa confrontación: la Querella de las Investiduras. Le han seguido otras. Y Uruguay tiene en estos días la propia.
El Papa Gregorio VII, el Nº 157 de la Iglesia Católica, ejerció su poder entre 1073 y 1085. Nacido en la Toscana tuvo como nombre de pila Hildebrando. En alemán “el batallador”, que cambiaría por el más indulgente de Gregorio: “el que vigila”. Una especie de remoto “gran hermano”.
De ecónomo y tesorero pontificio pasó a ser consejero de cinco reyes eclesiásticos, hasta que subió al trono.
El matrimonio entre la iglesia católica y la nobleza permitía que esta nombrara obispos, rectores de conventos, párrocos y más, asignando tales títulos por dinero y al mejor postor. El celibato (soltería perenne) ya no se respetaba; se toleraba la unión libre y los casamientos públicos de directivos de la comunidad religiosa.

Gregorio decretó que obispos y párrocos serían designados solo por el Papa. Cualquier resolución en contrario, que no contara con la anuencia de la jerarquía apostólica, ameritaría el castigo de excomunión.
El choque se inició con Enrique IV, monarca del Sacro Imperio Romano-Germánico, entre 1084 y 1105 (en que abdicó). El emperador convocó un concilio que revocó el mandato de Gregorio VII. Vuelto al poder “el papa vigilante” lo excomulgó, levantando posteriormente la medida en un episodio denominado la Humillación de Canossa.
Sin embargo, la rivalidad no cesó prolongándose con guerras, el saqueo de Roma y luchas políticas. Todos pasaron a ser hildebrandos…

EL ARANA AMNÉSICO

El edil Mariano Arana, uno de los grandes viajeros del gobierno frenteamplista, está jubilado. Después de su autodestierro político emergió como miembro del deliberante montevideano. Es uno de los querellantes que votó por la negativa para no facilitar la colocación de un monumento a la virgen María en una plazoleta de la rambla capitalina. Después de no conceder su voto da vuelta la pisada y se manifiesta arrepentido. Resulta que “recién ahora” (textual) se enteró que “hace décadas” (textual) el F.A. concedía la libertad de opción en determinadas condiciones. La amnesia le jugó una mala pasada, por lo que pió, tarde…

UN CONTENDIENTE LAICO Y NACIONALISTA

Francisco Faig es docente universitario, columnista del diario El País y ha sido partícipe de tertulias radiales con Emiliano Cotelo.
Ha intervenido en el asunto de si es pertinente habilitar un espacio público para colocar un pedestal con una escultura mariana.
Transcribo un segmento de su argumentación, crítica del Partido Nacional:
“…En Uruguay, no hay discriminación contra ninguna religión; cada uno es libre de profesar con tranquilidad la que le venga en gana; la instalación o no de una imagen de la Virgen María en la rambla no iba a cambiar absolutamente en nada la libertad de cultos que existe en el país.
De todo el tema de la Virgen, que concitó cierta atención, me interesa reflexionar sobre el vínculo entre Partido Nacional e Iglesia Católica, o para ser más específico, entre numerosos dirigentes del partido y el discurso de la Iglesia sobre los asuntos de sociedad y, en particular, sobre este tema de la Virgen en la rambla (aunque antes podría tomarse como ejemplo la argumentación, de unos y otros, la despenalización del aborto o el matrimonio entre homosexuales).

Cuando uno es representante político lo que representa es a la ciudadanía en una lógica política. Es decir que los temas han de analizarse y resolverse privilegiando cuestiones que hacen a argumentos políticos en el sentido amplio, que hacen a la polis, a lo terrenal, a la convivencia del aquí y ahora y sus perspectivas futuras. Cuando uno hace política entonces, no debe privilegiar sus convicciones personales, religiosas, como principal argumento político.

¿Por qué? Porque en la república vivimos con separación entre cuestiones religiosas y cuestiones políticas; porque lo político está al libre arbitrio de la construcción de los hombres y lo religioso, por lo general, está prefijado desde perspectivas dogmáticas; porque el Partido Nacional no tiene definición religiosa alguna sino que alberga en su seno gentes de distintos credos que participan y votan a ese partido ateniéndose a cuestiones políticas y no a principios y argumentos religiosos.
Dicho lo cual, es claro que pueden coincidir las opiniones de un político con las de un sacerdote sobre temas de sociedad. Pero lo que no puede pasar es que los sacerdotes lideren cuestiones políticas y que los políticos definan sus argumentos como calcados de los que predican los sacerdotes.”
Tal vez estas apreciaciones también puedan ayudar a que Tabaré Vázquez y su núcleo íntimo aclaren un poco sus ideas.

Fuentes: El País, La Democracia y Uypress