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Por Walter Celina - 14 de Julio 2017
LA ESCUELA MATEMÁTICA URUGUAYA - III


MATEMÁTICOS RELEVANTES
PROF. ING. JOSÉ LUIS MASSERA

INTROITO

Como centro de estas notas vengo abordando las dificultades que comporta impartir las matemáticas y disciplinas conexas y obtener mejores resultados en los educandos, en todos los niveles. Este problema ha tenido ciclos históricos, momentos de avance y de retroceso. Al analizar las enseñanzas de la escuela matemática uruguaya, he optado por detenerme en las contribuciones de un núcleo fuerte de sus investigadores y profesores. De quienes con sus especulaciones y docencia buscaron derribar obstáculos, desbrozar caminos y, al fin, expandir el campo científico. Ahí está, esa es la conexión íntima por la que puede alcanzarse un gran objetivo.

Me referiré a José Luis Massera. No como persona de mi amistad -a quien conocí exponiendo sobre sistemas filosóficos en 1960 y, luego, traté con asiduidad, bajo una misma inspiración política-, sino al hombre que a través de propios trazos autobiográficos, revela momentos preciosos de su quehacer preacadémico (1).
Antes, dos noticias breves. La primera. Nació en Génova; Italia, de padres uruguayos quienes cumplían un viaje por el Viejo Mundo. Junio de 1915. Fue inscripto en el Consulado de Uruguay. La segunda. Recibió títulos de doctor honoris causa: Universidades La Sapienza (Roma), Humboldt (Alemania), Niza (Francia), Puebla (México), Quito (Ecuador), Técnica de Budapest (Hungría), San Andrés (Bolivia), La Habana (Cuba), UFRJ (Río de Janeiro), UDELAR (Uruguay) y otras distinciones.

EL ESTUDIANTE Y SU PROYECCIÓN

6TO. AÑO.- “Pienso que estos recuerdos, más allá de algunos episodios con sello personal, contendrán experiencias generalizables de interés para muchos de ustedes. Cuando cursaba el sexto año del ciclo Primario, tuve un maestro que marcó mi vida profundamente. Nada más ni nada menos; él me enseñó a pensar. Era algo adusto, no admitía fáciles simpatías, alguna vez que no olvido me sancionó, y ante la protesta de mi padre anotó en su libreta una sola palabra: "mimado", cosa que pude leer, quizás porque él quería que lo leyera. Y estuve de acuerdo con él. Lo esencial fue lo que ya dije antes: más allá de los conocimientos del programa, fue capaz de grabar fuertemente en mi mente que lo decisivo no era tal o cual aprendizaje particular, sino ayudarme a que yo mismo fuera capaz de entender, como cosa propia, mía, como pensando, hubiera podido llegar a él.”

1ER. AÑO LICEAL.- “Una vez, en la clase de matemática del primer año del Liceo el tema a tratar era la semejanza de polígonos. Yo no había estudiado la lección y, justamente me llamaron para darla. Podría quizás haber inventado alguna excusa, pero acepté el reto y pasé al pizarrón donde lo que inventé fueron demostraciones de los teoremas. Honradamente no puedo asegurar si eran correctas, pero creo que no estaban descaminadas en lo esencial. No sé qué conclusiones sacaron mis compañeros de clase; de lo que sí estoy seguro es que el profesor no entendió nada: lo había sacado fuera de lo que había leído en el texto.”

MATERIAS MEMORÍSTICAS.- “Más adelante, siempre en el Liceo, en general no me gustaban las materias memorísticas -nunca tuve buena memoria y ahora es mucho peor- particularmente la Historia. Hubo una excepción con un profesor, no demasiado bueno, pero que intentaba una explicación relativamente racional de la historia: sea como fuere, aquello me gustó. En tercer año, el profesor de matemática era un alemanote que sabía algo y me daba gusto, quizás como manifestación incipiente de mi vocación.”

EL ESTUDIANTE DE 15 AÑOS.- “Más importante fue en esa época -tenía unos quince años- la revolución que comencé en mi casa y que duró varios años. Mi padre tenía un Diccionario Enciclopédico Hispano Americano en varios tomos, de bastante buen nivel. Un día, de retorno de la clase del alemán, se me ocurrió buscar en el diccionario una de las palabras que había usado, probablemente "ecuación". Me encontré con una enorme cantidad de ecuaciones diferentes, que ni había sospechado que existieran, ni cómo abordarlas. Satisfecha con creces mi curiosidad con las algebraicas, fui a buscar una de las otras del diccionario. Así, día por día y palabra por palabra, comencé una recorrida, sumamente caótica, sin duda, que me fue aportando una cosecha de términos matemáticos y de informaciones valiosas sobre ellos, que iba acumulando y conceptualizando lentamente.”

DOS COMPRAS DE VIAJE.- “Por esas fechas, mis padres viajaron para un tratamiento en Carlsbad (2) y me llevaron con mis dos hermanas. Al regreso pasamos por París, y acompañé a mi padre a una gran librería. Ahí compré dos excelentes libritos, uno sobre geometría clásica y otro de trigonometría. A la vuelta los devoré en poco tiempo: por fin encontré textos de matemática razonablemente ordenados. No obstante seguí usando el método, malo pero abundante, del diccionario. Después del Liceo venían dos años de Preparatorios para diferentes carreras y elegí, naturalmente, ingeniería que era la que más usaba matemática. Pero yo ya estaba más adelante del programa.”

GRUPO DE ESTUDIO CON LAGUARDIA.- “Leía bien el inglés y el francés, pero conocía la importancia del alemán y contraté un curso particular intensivo de dos meses para aprender los rudimentos que necesitaba para leer matemática. Fue todo un éxito, practiqué -con ayuda del diccionario- leyendo un grueso volumen de Geometría Proyectiva.
El paso por Preparatorios tuvo otras consecuencias importantes. Allí conocí al colega Rafael Laguardia, que había hecho un curso superior con grandes profesores franceses. Trabamos una estrecha amistad que duró hasta su muerte en 1980. Él conocía algunos otros jóvenes aficionados a la matemática, con quienes formamos un grupo de estudio. Alguno que había leído un texto importante, daba luego un cursillo a los otros. Pronto se abrieron nuevos horizontes. En el Uruguay todos habíamos leído buenos libros de texto del matemático español entonces radicado en la Argentina, Julio Rey Pastor, que hacía viajes anuales a Europa para actualizarse. Nos relacionamos con él, y acordamos que haría visitas los sábados a Montevideo para trasmitir a nuestro grupo esas novedades.”

DEL CÍRCULO AL INSTITUTO MATEMÁTICO.- “Así se formalizó un curso bastante extenso sobre lo que entonces llamábamos "Espacios Abstractos", hoy diríamos más bien "Topología General". Posteriormente y como consecuencia de la guerra de España y de los movimientos fascistas en Europa, inmigraron a Argentina Santaló y otros españoles, el gran matemático italiano Beppo Levi y otros, que se convirtieron en nuevos profesores y amigos de nuestro grupo. Por otra parte, delegaciones nuestras concurrían a las reuniones de la Unión Matemática Argentina, que ya existía desde años atrás. Por esos mismos años, se vinculó a nuestro grupo Misha Cotlar, hijo de un modesto inmigrante ruso, que es un destacado matemático a nivel mundial.”


NOTA

(1): Tomado de su amplio relato al recibir el “Premio México de Ciencia y Tecnología", en la ciudad homónima, en marzo de 1998.

(2): Carlsbad: Zona balnearia de California (EE.UU.). San Diego, al norte.