En la década del 70 la Villa de Chuy presentaba el mayor crecimiento demográfico del país, destacándose el auge comercial y edilicio que ponía de relieve en forma simultánea el carácter emprendedor de sus habitantes.
Por aquellos años la villa contaba con un liceo con 430 alumnos y 37 profesores, funcionando en tres turnos; cursos de UTU con 26 alumnos, escuela Nº 28 con 259 alumnos y 10 maestros. Entre los servicios estatales se destacaba UTE con 40 funcionarios, la central telefónica con una encargada y 68 abonados, receptoria de aduanas con 37 funcionarios, terminal turística con oficina de migración, aduana, policía y salud pública, Junta Local con 36 funcionarios y Sucursal del Banco República con 11 funcionarios. Relacionado con el Banco de Previsión Social funcionaba una dependencia de la Caja Rural, existiendo además una oficina de la Dirección General Impositiva, agencia de correo y telégrafo nacional, juzgado de paz, policlínica de salud pública y plaza de deportes. Relacionado con la presencia de profesionales universitarios debemos señalar que la misma estaba centrada en 5 médicos radicados permanentemente, 2 escribanos, 2 veterinarios, 4 odontólogos, 2 obstétricas y varios especialistas que atendían en forma periódica. En el plano comercial Chuy contaba con 3 farmacias, 2 casas de cambio, 228 comercios de diferentes ramos, una radio CV 148 radio Chuy, mientras en la vida social y deportiva se destacaba el club Social con 650 socios y varias instituciones que practicaban fútbol, ciclismo, básquetbol y kart, existiendo además dos estadios cerrados para la practica del fútbol, dos para básquetbol y un circuito para ciclismo. Han pasado 4 décadas, y si bien en el plano comercial los free-shops marcan la diferencia con modernos locales y la venta de productos importados, es evidente que también hemos perdido elementos tradicionales y costumbres arraigadas, que formaron nuestra identidad en el siglo pasado.
Era otra frontera, donde se destacaban carencias importantes en la energía eléctrica, en el agua corriente y en las comunicaciones. Casas modestas y románticas donde sobresalían los jardines al frente con sus enredaderas trepando por las paredes. Un paisaje urbano que ha sido devorado por el progreso y donde van quedando pocos habitantes que puedan reconstruirlo para ubicar calles y predios que pudieran ofrecernos hoy un retrato de la aldea inicial.
En ese Chuy de “fisonomía aldeana” nos encontramos con algunos vecinos ya desaparecidos que contribuyeron en forma espontánea con mucho esfuerzo y dedicación a forjar desde el anonimato el desarrollo social y cultural de esta frontera. Muy difícil hubiera sido para Chuy cumplir sus etapas de evolución ciudadana sin la presencia de Mauro Silva, Silvio Fossati, Samuel Priliac, Onesio Rocha, Francisco Leiza, Jorge Calvette, Jesús Perdomo y muchos otros difíciles de incluir en la nota. Es evidente que en la actualidad otras urgencias nos vienen empujando.
Chuy, febrero de 2010.