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Por Julio Dornel - 20 de Febrero 2010

LOS DOMINGOS ASADO


Nació en el Uruguay de las vacas gordas y se integró de inmediato al paisaje urbano, hasta que los primeros coletazos de la canasta familiar decretaron lentamente su extinción.

No lo valoramos como correspondía, pensando que sería eterno y nos daba lo mismo que fuera de tira o aguja de segunda. Un rito sagrado se cumplía religiosamente todos los domingos en los hogares fronterizos. El mismo estaba relacionado con el asado familiar que sin pretexto alguno servía para reunir la rueda “masculina” en el terreno culinario que tradicionalmente había sido de las mujeres. Por lo general los hombres se encargaban de todo, imponiendo un dominio territorial que llegaba hasta la cocina. Sin ser genios de la culinaria se las arreglaban para matizar el trabajo entre los coloridos delantales de sus esposas y el “machismo” de un dominio mal interpretado.

Aquellos cocineros accidentales del fin de semana preferían siempre el asado a la parrilla que exigía solamente la correcta manipulación de los ingredientes pasando en pocos minutos de lo material a lo espiritual al compartir bebidas en torno a una mesa donde cada chinchulín representaba una contribución a la humanidad. Hoy todo ha pasado, los asados entre amigos representan uno de los mejores recuerdos del siglo pasado y un cacho de nostalgia ciudadana que ha perdido su identidad. El periodista olimareño Ruben Darío Lago, nos hacía llegar algunas reflexiones ajenas, cuestionando la perdida de algunas tradiciones y preguntándose finalmente ¿Qué es un asado? “No es solamente carne a las brazas, es mucho más; es amistad, fraternidad, abrazos. Es compartir con los vecinos, con los amigos y con el que llegue. Es parranda, es murga, es Navidad, es semana santa y carnaval, es playa, es vino, campo, mujeres, momentos, años que componen la felicidad del uruguayo. Es sol, es campo, cerros, arroyos, es manantial y río. Es carne, achuras, ensalada y pan, es familia, aunque ahora existen otros íconos que pretenden identificarnos. Duele sentir que perdemos nuestro idioma, nuestro acento, nuestros paisajes. Duele perder nuestras tradiciones y sobre todo el asado de los domingos.

Esperamos que los verdaderos asados vuelvan pronto a los hogares uruguayos y no tengamos que recurrir una vez más al hueso con grasa, que para abaratar la canasta, se pretendió implantar en nuestro país, mientras el verdadero asado cruza la frontera en busca de mejores mercados.

Chuy, febrero de 2010.

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