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Por Julio Dornel - 21 de Marzo 2010

ACERCÁNDONOS A LA VIOLENCIA DOMESTICA


Considerando el aumento de situaciones de violencia que se registran diariamente contra las mujeres, CHUYNET.COM dedicará un espacio semanal para que los profesionales vinculados al tema, puedan analizar causas y efectos de una situación por demás preocupante para la sociedad uruguaya.

En esta oportunidad recogemos la opinión de la Dra. Beatriz Aristimuño De Angeli, (Derecho y Ciencias Sociales) Defensora Pública en la ciudad de Pando, Integrante y Docente del Grupo “Derecho y Género” de la Facultad de Derecho UDELAR, Integrante de la Red Temática Universitaria de Estudio de Género, integrando además la Mesa Interinstitucional de la Trata de Personas y Migraciones.

La Dra. Aristimuño comenzó señalando que “En febrero de 2008, al lanzar el Plan Global del Milenio, el Secretario General de ONU, Sr Ban Ki-Moon, expresó: “La violencia contra las mujeres no debe ser tolerada, en ninguna de sus formas, en ningún contexto, bajo ninguna circunstancia, por ningún dirigente político ni por ningún gobierno. El momento para hacer el cambio es ahora, y solo si nos unimos y hablamos abiertamente podemos marcar la diferencia”

Estas palabras del Secretario de ONU nos llevan a reflexionar respecto de que es la Violencia contra las mujeres debiendo entonces partir de una aproximación al marco teórico para luego concretarlo a la normativa vigente en nuestro país.

Partimos diciendo que la violencia es una conducta aprendida, no inherente al ser humano, legitimada por prácticas anteriores, retomadas y consentidas.

Es un tema complejo donde en su producción y sostén intervienen múltiples aspectos de la vida de las personas: sociales, culturales, familiares, emocionales, individuales, económicas, etc.

La forma más visible y a su vez más invisible de la violencia contra las mujeres es la Violencia Domestica. Para definirla podemos decir que “supone un sistema de dominación, cuyo objetivo es controlar y someter a las personas que se encuentran en situación de desigualdad y desequilibrio de poder.”

En este tema, encontramos una variable fundamental: el género.

Género: es una categoría de análisis que nos permite estudiar los modelos de socialización existentes en una cultura y como se determinan los roles y mandatos culturales para mujeres y varones, y en segundo lugar, podemos visualizar la distribución de poder en una sociedad y como se van generando en este ordenamiento social las relaciones de jerarquía y subordinación.

Históricamente se asoció a la mujer con la naturaleza y al hombre con la cultura. Por ello a la mujer se le asignó el orden de la naturaleza, de lo instintivo e irracional, lo no-espiritual. La identidad femenina se construyó alrededor del eje de la maternidad, especialmente con el atributo de “ser para los otros”. La identidad masculina se construyó por el contrario, entorno a un eje múltiple: destreza física, capacidad, potencia, fortaleza emocional, éxito, aciertos y autonomía, se maneja la vida a través de la razón, no de los sentimientos. En resumen, el hombre es el proveedor, la mujer la guardadora del hogar. Esta subordinación por el género no solo se da en las distintas formas de Violencia Doméstica sino también en el acceso desigual a oportunidades: trabajos, salarios, puesto de mayor jerarquía y poder, cargos políticos, etc.

Pero esta idea se ve modificada a partir de la segunda mitad del siglo XX con la presencia de las mujeres en los espacios sociales, laborales, científicos y culturales, hasta ese momento ocupados por los hombres en forma casi exclusiva.

Simone de Beauvoir con su libro “El Segundo Sexo” (1949), provoca una revolución ya que realiza aportes desde la antropología, la historia, y del feminismo no académico, y lo hace no solo desde el libro sino con una práctica militante. Entonces aquellos pactos que durante siglos se sostuvieron en los que cada género tenía su lugar determinado entran en crisis, comenzando a sufrir modificaciones; se transforman las prácticas sociales, el modo de pensar y las formas de sensibilidad y el género que es un concepto relacional, cambia los pactos y los contratos que rigen las relaciones entre hombres y mujeres. Estos cambios nos llevan a redefiniciones de ideas tales como las tareas domésticas, la circulación del dinero y los cánones de los modelos de éxito, llevando a una modificación en las relaciones de poder en el interior de la pareja. Cambian también los lugares de actividad y pasividad, cambia la sexualidad, los sujetos y objetos de deseo y la fidelidad. Son todas estas modificaciones a los esquemas clásicos arrastrados a través de siglos de historia, que llevan a una situación de tensión entre los géneros, que si no es asimilada por cada uno de los integrantes de la sociedad en forma armónica provoca episodios de violencia fuera de la familia, de los círculos de afectos, y dentro de ellos.

Entonces, cuando esta violencia se ejerce dentro de la familia, estamos ante la Violencia Doméstica, que constituye un eje que transversaliza a toda la sociedad. Creemos que la Violencia Doméstica constituye en nuestras sociedades un grave problema social, una vulneración de los derechos humanos de las personas que la sufren, habitualmente mujeres de todas las edades, porque se encuentran en una posición subordinada frente a los hombres, y son éstos quienes detentan un poder abusivo sobre aquellas”. - señalo finalmente la Dra. Aristimuño en su primer aporte para CHUYNET.

Chuy, marzo de 2010.

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