POR LA DRA. BEATRIZ ARISTIMUÑO
En artículos y entrevistas anteriores hablamos de la ley nº 17.514, del concepto de violencia doméstica, de la forma en que se aplica desde el Poder Judicial, sus imperfecciones y alcances; ahora hablaremos de otros instrumentos que fueron redactándose en distintos institutos del Estado para trabajar con situaciones de Violencia Doméstica.
La ley Nº 17.514 no solo proporciona definiciones, y procedimientos sino que además y tal como lo dice su título pretende prevenir, detectar tempranamente, atender y erradicar la Violencia Doméstica y para eso no solo debe actuar el Poder Judicial.
Las situaciones de violencia, que son hechos sociales no naturales, son de tal complejidad que su abordaje involucra la educación, la salud, y la seguridad, entre otros.
Por eso en agosto de 2007, se crea en la Enseñanza Primaria el “Mapa de Ruta”. La escuela es el espacio de encuentro y aprendizaje donde los niños/as se vinculan unos con otros. Si la escuela se constituye en un espacio que sostiene, continenta, arraiga, crea sentimientos de pertenencia y de identificación, el alumno/a encuentra “su lugar” y entonces si está sufriendo situaciones de Violencia Doméstica, maltrato o abuso en su casa, en la familia, en el barrio, es probable que rompa su silencio y le cuente a la maestra lo que está viviendo. Muchos niños/as rompen el aislamiento social donde encuentran un referente de confianza, alguien que pone atención en su existencia que los escucha, que les da importancia; esto habilita a la confidencia de lo que pasa en el ámbito familiar y/o comunitario. La escuela se transforma entonces, en testigo de los hechos y no puede constituirse en cómplice silenciando lo que conoce.
El Mapa de Ruta es entonces una herramienta conceptual y operativa que marca el camino para transitar ante situaciones de alta complejidad, como lo son la violencia, el maltrato y el abuso sexual que viven niños/as y adolescentes.
Es una estrategia para operativizar el trabajo en red y generar mecanismos de articulación interinstitucional que permitan trabajar desde la especificidad y la responsabilidad que a cada uno le compete ante estas situaciones.
Además permite potenciar los recursos existentes y retomar las buenas prácticas que se vienen realizando en cada institución y/o localidad.
Ante lo expuesto, es que la escuela debe tener lineamientos para realizar una intervención que proteja los derechos de todos los involucrados, no hay que olvidar que en algunos lugares la escuela es el único interlocutor estatal o institucional que tiene la población, por lo que no solo un referente para los alumnos sino para sus familias. En este sentido podemos decir que la escuela es “constructora de ciudadanía”
En el Mapa entonces se facilita a los docentes la forma de encarar el problema teniendo en cuenta los objetivos: de protección a quienes están en situación de mayor vulnerabilidad, de garantía para el cumplimiento de los derechos del niño en todos los procedimientos destinados a su protección, de generación de estrategias para el cambio de situación involucrando a todos los actores.
Así ante situaciones conocidas por los maestros, y luego de seguir el procedimiento que indica el Mapa, se recurre a la Justicia con la correspondiente denuncia.
Otro instrumento creado para trabajar con situaciones de violencia doméstica es la “Guía de Procedimiento Policial, para actuaciones en violencia doméstica contra la mujer” surgida en abril del 2008 del Ministerio del Interior.
Se trata de una herramienta que permite a los funcionarios/as del Ministerio del Interior mejorar la atención que brindan a personas que requieren sus servicios por encontrarse en situaciones de violencia doméstica, unifica criterios y procedimientos para abordarlas, proporcionando al personal policial instrumentos que le posibiliten comprender y mejorar su actuación.
Encara a la violencia doméstica como un tema de seguridad pública, por tanto una flagrante violación de Derechos Humanos.
Por ello se han dictado cursos para el personal policial para instruirlos respecto a cuales son los hechos que constituyen violencia doméstica, como debe tratarse a la víctima, al victimario. El trato proporcionado debe ser el adecuado a las mujeres en dependencias policiales pues constituye un factor de protección frente a la situación de vulnerabilidad que está viviendo.
La guía establece por otra parte la forma de comunicación con los órganos judiciales, la recepción de la denuncia, la actuación en el control y seguimiento de las medidas cautelares dispuestas por el juez.
También en el ámbito de la Salud se ha confeccionado un “Protocolo de actuación en temas de salud”. Este protocolo indica a los Médicos, en especial a los Médicos de Familia, Ginecólogos y a todos los que trabajan en el Primer Nivel de atención en Salud como realizar un interrogatorio a las consultantes mujeres mayores de 15 años, respecto a si han sufrido o sufren violencia doméstica especialmente física, psicológica o sexual.
Conjuntamente con el protocolo se ha confeccionado un cuestionario que se pretende sea obligatorio para todo el personal de la salud, pero que ha sido muy resistido por éstos porque entienden que puede ser violatorio de los derechos de la intimidad de la consultante, así como del secreto profesional.
En lo personal me pregunto si es más importante mantener el principio del secreto profesional y no hacer nada al respecto permitiendo que una persona continúe siendo víctima de violencia doméstica, o sería mejor denunciar a la Justicia tal situación. Por otra parte debe tenerse presente que los Médicos cuando son funcionarios públicos tienen la misma responsabilidad de otros funcionarios estatales y por ende se les aplica el Art 177 del Código Penal que nos habla de la responsabilidad del funcionario ante el conocimiento de un hecho delictivo. La Violencia Doméstica es una violación a los derechos humanos y por tanto un delito.
También para los Médicos, especialmente los que actúan en el 1er Nivel de atención en Salud, se han dictado cursos de capacitación.
Vemos entonces que la ley es un gran avance, y necesaria para organizar el comportamiento y las actitudes de las personas que viven en una sociedad, pero por sí sola no alcanza, es necesario un trabajo articulado entre todos los involucrados para poder combatir el flagelo que constituye la violencia doméstica.
Y la Violencia Doméstica no estará erradicada hasta tanto no exista conciencia social de que quien ejerce violencia sobre su familia es efectivamente un violador de Derechos Humanos y no puede ser tratado impune e indiferentemente.
Como conclusión final se puede decir que ante el problema de la Violencia Doméstica solo tenemos dos opciones: “o somos parte de la solución o somos cómplices del problema”
Chuy, abril de 2010.