La televisión norteña viene exhibiendo desde hace algunos meses un programa denominado BBB (Big Brother Brasil) de la Red Globo, donde un “zoológico de animales” atenta diariamente contra los valores éticos y morales del periodismo brasileño.
La exhibición de este programa acapara la atención de millones de televidentes que siguen con atención los mínimos detalles generados durante el encierro voluntario que soportan los participantes del programa. Luis Fernando Veríssimo (74) uno de los mayores escritores brasileños, con una importante producción literaria, se ha transformado en critico implacable del programa, señalando en una crónica reciente que esta producción “nos ha permitido llegar al fondo del pozo, porque representa una síntesis de lo peor que existe en la televisión brasileña.
Resulta difícil encontrar las palabras adecuadas para calificar tamaño atentado a nuestra modesta inteligencia. Dicen que Roma, uno de los mayores imperios que el mundo conoció, tuvo su fin marcado por la depravación de los valores morales de su pueblo, principalmente por la banalización del sexo. Resulta difícil asistir al programa en compañía de los hijos. Nos encontramos con gays, lesbianas, hetereos etc. Todos en la misma casa, la casa de los “héroes” como son llamados por Pedro Bial. Nos gustaría preguntarle si no piensa que ese programa es la muerte de la cultura, de valores y principios, de la moral, la ética y la dignidad. Son esos nuestros ejemplos heroicos, para mí son aquellos que recorren diariamente millones de brasileños, profesores de la salud, de la red pública y tantos otros trabajadores incansables que pasan el día ejerciendo sus funciones con dedicación, competencia y amor, casi siempre mal remunerados.
Héroes son millones de brasileños que no tienen un plato diario de comida, ni un colchón decente para dormir y todavía pueden sobrevivir. Héroes son los niños, jóvenes y adultos que luchan contra las enfermedades y complicaciones porque no tuvieron la chance de tener una vida más digna y saludable. Este programa no es cultural, ni educativo, no agrega información ni conocimientos intelectuales a los telespectadores ni a los participantes, ni tampoco estimula o incentiva hacia el deporte, la música, la creatividad ni la enseñanza. Son personas que se ocupan solamente de comer, beber, tomar sol, conversar, dormir, y reaccionar estúpidamente para que al final del programa el “elegido” reciba un millón y medio de reales.
Estas palabras no son de protesta sino de vergüenza e indignación ante tamaña aberración por ver millones de brasileños, que antes de mirar este programa deberían estar leyendo un libro, un poema de Mario Quintana o de Neruda, ir al cine, estudiar, escuchar música, cuidar las flores, telefonear a un amigo, visitar los abuelos, pescar, jugar con los niños o simplemente dormir”.
Chuy, abril de 2010.