Comentábamos en notas anteriores las circunstancias que rodeaban los asados organizados por el Dr. Fulvio Cabrera Ayala en esta ciudad para recibir a los campeones del mundo Obdulio Varela, Julio Pérez y el “Mono Gambetta en la década del 70.
Los dos últimos jugaban en Santa Teresa y solía acompañarlos Obdulio, invitado por el Gordo Cariboni que presidía el representativo de la fortaleza. Al margen de su grandeza dentro de la cancha, donde fue siempre un guerrero hasta caer herido en el 54 y tener que colgar los zapatos, conocimos en esa oportunidad al “Negro Jefe” al viejo caudillo en su condición humana al reconocer que al cuadro brasileño del 50, si volvíamos a jugar 10 partidos no le ganábamos ninguno”. Solamente el temperamento, la fuerza, la vergüenza, el coraje y el amor propio pudieron vencer al mejor equipo que había tenido el fútbol brasileño.
Hay pocas cosas en la vida que tienen el poder de mantenerse vivas en nuestra memoria. El recuerdo de MARACANA en nuestros 13 años y el encuentro con Obdulio y Julio Pérez que montarán guardia para siempre, como celoso centinela de nuestros mejores recuerdos. Esta crónica evocativa se las estábamos debiendo a los campeones, no para reiterar conceptos ya vertidos durante 60 años, sino para servir de ejemplo a las generaciones juveniles que se están iniciando en el maravilloso mundo del fútbol. Durante tantas horas de charlas informales, el tema central giraba inevitablemente en torno a la conquista, porque todos queríamos conocer de primera mano algunos detalles relacionados con la misma. Primero y como sigue sucediendo se concurrió en malas condiciones y una falta total de organización. El técnico se designó a un mes del primer compromiso y cuando llegaron a Brasil no tenían alojamiento reservado, ni las condiciones elementales que requiere una delegación deportiva. Entre muchas cosas que rodearon aquella patriada que sigue siendo uno de los grandes milagros del fútbol uruguayo, nos enteramos que Julio Pérez estuvo practicando en el arco, ante la eventualidad de que no se pudiera utilizar a Maspoli ni Paz, puesto que solamente habían concurrido dos arqueros.
Obdulio nos manifestaba que su primer sorpresa fue el triunfo de Estado Unidos ante Inglaterra, “no entendimos como fue posible que estos japoneses sin figuras importantes, pudieran derrotar a los inventores del fútbol.” Julio Pérez por su parte destacaba la presencia de Matucho Fígoli que “siempre estaba dispuesto a colaborar con el grupo, sin desatender su especialidad de masajista.” Refiriéndose a los compañeros Julio no quiso destacar a ninguno señalando que el “Ñato” Ghiggia, que había comenzado como uno más del plantel, se fue transformando en una de las piezas fundamentales del equipo.” También señaló Julio que cuando iban para el Estadio Ghiggia les dijo estar seguro que ganarían y que él haría el gol del triunfo como finalmente sucedió.
“Cuando terminó el partido nos quedamos con Obdulio en el medio del campo esperando el trofeo y como la cosa estaba demorando demasiado nos dijo en tono amenazante:”Si este japonés no me entrega la copa, nos vamos y chau, no estamos aquí para esperar a nadie.” También nos enteramos que cuando llegaron al hotel no hubo festejos porque los dirigentes no estaban. Dijo finalmente Julio que se fue con el “canario” Rijo a comprar unas cervezas y algo para picar, pero antes se sacaron el equipo deportivo que podía identificarlos ante la parcialidad brasileña. Sin embargo esto no sirvió de mucho y la gente del boliche los reconoció de inmediato invitándolos con algunas cervezas y pidiéndoles autógrafos. Los Campeones del Mundo de 1950 tuvieron que festejar solos, compartiendo algunas copas con amigos circunstanciales en un boliche de Río.
Chuy, julio de 2010.