Nota 6
Alberto Vila, excepcional artista uruguayo, cantante de éxito, actor destacado y compositor, caído hoy en el olvido, brilló en el firmamento rioplatense por su voz, tanto como por su talento y magnética presencia.
Como lo recuerda José Gobello (Todo Tango - Bs. As. 2009), el tango “Garufa”, de la autoría de los también uruguayos Roberto Fontaina y Víctor Soliño, fue estrenado por Alberto Vila, quien lo grabó en noviembre de 1928.
La voz garufa, asimilada como expresión rioplatense de origen lunfardo, alude a diversión, farra, parranda.
En sus eruditos estudios, el tangófilo argentino esclarece diversos giros del texto. Puntualiza que la letra tuvo -y tiene- dos versiones. La uruguaya y la argentina. Esta “hace referencia al Parque Japonés, lugar de diversión de los porteños de principios de siglo”, agregando luego que “la letra original, uruguaya, dice: “por la calle San José”, que era la calle de las prostitutas de Montevideo”. Después, anota que “el barrio “La Mondiola” fue denominado así, en forma peyorativa, para indicar su bajo nivel social.” Nacía en el arroyo Pocitos, extendiéndose hasta el Buceo por la costa y, más arriba, por la Av. Rivera.
Pero ¿quién era este seductor personaje que, cruzando con sus canciones el Río de la Plata, triunfa en Buenos Aires, conmueve en las provincias y escala etapas de singular prestigio, filmando en Uruguay, Argentina y Estados Unidos?
Alberto Vila nace el 25 de septiembre de 1903, en Montevideo. El 6 de octubre de 1927 debuta en el Teatro Solís, integrando la célebre Trouppe Ateniense. En su actuación hace imitaciones de Carlos Gardel.
El 27 de diciembre de aquel año llega al escenario del Teatro Coliseo (Bs.As.). De inmediato es captado por la Compañía Discográfica Víctor. Graba numerosos temas, entre ellos: Ensueño, de Homero Manzi y Antonio Sureda; Perdonala, de Víctor Soliño, Roberto Fontaina y José Agnese; Niño bien, de Fontaina, Agnese y Juan A. Collazo; Che papusa, oí, de Enrique Cadìcamo y Gerardo Matos Rodríguez. Mama, yo quiero un novio, de Fontaina y Ramón Loro Collazo, fue matrizada por Vila en setiembre de 1928. La recordada Rosita Quiroga adoptó esta y otras piezas, nacidas en el entorno de la trouppe montevideana -por las que obtuvo exclusividad-, en un capítulo competitivo al que no fue ajeno Carlos Gardel.
La agenda de Vila se carga con rapidez inusitada en Buenos Aires, por lo que abandona la calidad de funcionario del Banco de Cobranzas capitalino. Asume un importante contrato en Radio Prieto, que lo lleva a suspender la gira que programaba por Europa. Alterna actuaciones en Difusoras del Uruguay (El Espectador y Sport). Se radica en la vecina orilla. Es requerido para radioteatros. Acude a los sets cinematográficos. Participa en los filmes: Radio Bar , 1936; Petróleo, 1940; Soltero soy feliz, 1938, y Los tres mosqueteros, 1946, ambas uruguayas; Sucedió en la Argentina, 1942, Adiós pampa mía, 1946 (en la que actuara Alberto Castillo, en un momento cenital de su labor).
Gobello, en otra de sus obras biográficas (Mujeres y hombres que hicieron el tango - Centro Editor de Cultura Argentina - Bs. As. 2002), considera del caso establecer: “…Ha de recordarse su participación en una de las más bellas películas argentinas, La casa del recuerdo (1940, dirigida por Luis Saslavsky), en la que entona a dúo con Libertad Lamarque una agradable canción, lamentablemente no llevada al disco.”
En 1929 compartió marquesinas con la eminente Josephine Baker y años después, en el cine, con la hermosa actriz norteamericana Maureen O’Hara. Apunta el investigador porteño que en esta cinta el intérprete efectúa canciones en inglés y español.
En 1942 cierra su actividad discográfica, cuando había estampado 103 títulos. Hasta 1946 registra 12 obras cinematográficas, innumerables radioteatros y recitales por doquier.
En pleno éxito, abandona los escenarios y aborda actividades de comercio en Buenos Aires. El 23 de febrero de 1981, encontrándose de paseo en Montevideo, en casa de familiares, padece un fulminante episodio cardíaco.
Alberto Vila conoció el éxito resonante que cualquier artista aspiraría para sí. Alguien podrá explicar porqué sus compatriotas hemos sido mezquinos en el recuerdo y en la difusión de su voz.
Como tantos cultores del arte popular, él colocó piedras basálticas para hacer que el tango sea lo que es: patrimonio cultural de la humanidad.
GARUFA
Del barrio de La Mondiola sos el más rana/
y te llaman Garufa por lo bacán.
Tenés más pretensiones que bataclana
que hubiera hecho suceso con un gotán.
Durante la semana, meta laburo;
y el sábado a la noche sos un dotor.
Te encajás las polainas y el cuello duro
y te venís p’al Centro de rompedor.
¡Garufa!,
pucha que sos divertido.
¡Garufa!,
ya sos un caso perdido.
Tu vieja
Dice que sos un bandido
Porque supo que te vieron,
la otra noche,
en el Parque Japonés.
Caés a la milonga cuando empieza
y sos para las minas el vareador.
Sos capaz de bailarte La Marsellesa,
la Marcha’e Garibaldi y El Trovador.
Con un café con leche y una ensaimada
rematás esas noches de bacanal
y al volverte a tu casa, de madrugada,
decís: “yo soy un rana fenomenal”.
Vocabulario:
Rana, avispado, listo. Bacán, sujeto rico o de indumentaria lujosa; patrón, dueño. Rompedor, conquistador. Vareador, quien prepara y pasea las bestias en los hipódromos.
La Marsellesa, himno revolucionario francés de Claude Rouget de Lisle. El Trovador, ópera de Giusppe Verdi. Marcha’e Garibaldi, música alusiva al Héroe de Dos Mundos.
Montevideo, julio de 2010.