LA ALEGRÍA VISITÓ AL POBRE
En este aluvión de notas y comentarios que ha generado la actuación uruguaya en el reciente campeonato del mundo, resulta imposible detenernos en alguna que pueda sobresalir para señalarnos que estamos en los primeros planos del fútbol mundial. Entre tanta publicación llegada a nuestra casilla en las últimas horas, seleccionamos una que sintetiza como pocas la actuación del seleccionado uruguayo y la alegría generada entre su población. La alegría de la gente parece un milagro nimio. Uno espera que ocurran otros milagros mas espectaculares de pronto y tal ves no percibe especialmente en épocas tan duras y apuradas lo impactante que es la alegría sana. No la alegre tontera ni la que es producto de mal de otros. La alegría va por barrios sintetiza el hecho de que son raras las alegrías colectivas sino que lo que se da comúnmente es de que mientras unos andamos alegres hay otros que penan.
Ahora era todo el pueblo el que se empapaba con lluvia de entusiasmo, de esperanza y sobre todo de alegría, movidos por una selección de futbol de nuestro país que contradijo varias costumbres nacionales. Se defendió sin dejar de atacar, respeto a cada rival pero les jugo de igual a igual y muchas veces fue superior en la cancha. Fue aplicada en lo táctico, no dejo de pelear hasta el último minuto y se fue sobre los contrarios con todo el corazón, pero no se desordeno ni facilito al rival respuestas.
Aun viniendo de ese otro mundo que es el de las estrellas deportivas que juegan en grandes equipos de Europa, los muchachos fueron sencillos en su trato entre ellos donde las estrellas eran los mas humildes. Y fueron humildes con la gente. Supieron clasificar en la eliminatoria a lo uruguayo con agonía pero nunca se dieron por vencidos. Ya en el mundial creemos que toda la gente es conciente de que empezaron a escribir de nuevo paginas de gloria de la celeste mostrando a una selección capaz de hacer mas goles en un mundial que todas la selecciones en 40 años de mundiales.
Fue una selección que devolvió a la gente las ganas de mirar futbol, a los viejos con memorias de Maracaná y a los mas jóvenes que nunca habían visto a Uruguay ganar partidos y jugar bien y llegar a estar entre las 4 mejores selecciones del mundo. Fue un equipo no un montón de nombres detrás de la pelota, que han disfrutado del mundial pero que han sido responsables y protagonistas.
En todo esto es muy bueno darse cuenta la importancia de tener en el banco a un DT como Oscar W. Tabárez. Muy pocos entrenadores tienen ni dos mundiales ni 4 años continuos de proceso para trabajar. Apostar a eso no es un mérito menor de la siempre criticada dirigencia de la Asociación del futbol uruguayo, que a pesar de sus luchas internas y cambios de mando, mantuvo a Tabárez aun cuando casi no clasificamos al mundial.
Todo es positivo. No vamos a la final pero Uruguay vuelve después de tanto tiempo a meterse entre los países con mejor futbol del mundo. Algo fantástico si miran nuestro tamaño y población y la lucha de nuestra economía.
Esta selección en definitiva generó alegría. Alegría por ver gente buena haciendo las cosas bien y con fortuna, jugando con el alma y manifestándose con júbilos sencillos y tremendamente uruguayos.
En todos los barrios y en los pueblos mas apartados, en casas de jóvenes y en casas de gente muy grande, en casas de futbolistas y en casas de gente que nunca se importa por el futbol, en los hospitales y en la cárceles… en el medio del campo o en los edificios mas poblados del país… en todas partes la gente se pone de celeste y vibra y recuerda y se emociona y hace nacer una enorme alegría compartida que se extiende como un abrazo nacional. En la calle nos saludamos mejor, en la familia nos abrazamos y disfrutamos momentos históricos reunidos generación con generación.
En definitiva, el futbol como los demás deportes son hijos del deseo de superación de los deportistas y técnicos cuyo único fruto buscado es hacer feliz a nuestro pueblo. No hay dudas estos mundialistas celestes de Sudáfrica 2010 -nos han hecho vivir de alegría en alegría– no es poca cosa.
Chuy, julio de 2010.