Han transcurrido 100 años desde el momento que el responsable de esta historia llegara a las Sierras de San Miguel para trabajar en un comercio de ramos generales, y con el paso de los años se convertiría en el mayor ejemplo de lo que significa la iniciativa privada.
El 31 de marzo de 1908, tras cruzar el arroyo San Miguel, el joven Leopoldo Fernández, ingresaba por primera vez al establecimiento comercial de don Manuel Gallego, sin sospechar siquiera que a los pocos años estaría asociado al giro comercial de la empresa.
También se fueron integrando al “directorio” Jesús Fernández, y José Fernández permitiendo que la actividad comercial se extendiera mediante sucursales en Paso de San Miguel, Chuy y La Coronilla.
Pasan los años y la dinámica impuesta por don Leopoldo lo convierte en el único propietario de algunas sucursales, agregándoles diversos rubros entre los que podemos destacar despachos de aduanas y acopio de frutos del país. También se fueron agregando panaderías, estaciones de servicios, combustibles y artículos de barraca.
Posteriormente quedaron al frente de los comercios, sus hijos Antonio, Máximo y Leopoldo y sus yernos Liborio Fernández y Aldo Martínez, conjuntamente con su sobrino Vicente Fernández Gallego.
En el caso concreto de Chuy, no tenemos ninguna duda de que Casa Fernández fue testigo y protagonista del desarrollo comercial del norte rochense. Sin embargo como suele suceder en otras etapas de la vida, los vaivenes de la frontera decretaron un día el cierre definitivo de Casa Fernández.
La demolición y nueva construcciones “estiraron” el circuito de compras, ganándole algunos metros a la avenida Internacional. Hasta el desprevenido turista que llega accidentalmente a la frontera quedaba sorprendido por los nuevos edificios que en nombre del progreso fueron borrando la identidad edilicia de la ciudad. La demolición de estos edificios hace desaparecer definitivamente las huellas de la historia fronteriza, sepultando páginas enteras de nuestra identidad. En su lugar ha surgido un nuevo establecimiento con otro sistema de comercialización, sustituyendo las calderas de lata, la yerba, el fideo, las alpargatas Rueda, la Glostora y la mortadela por los perfumes importados, los equipos de audio y electrónica con garantía de origen como dicen los vendedores.
De todas maneras, CASA FERNÁNDEZ quedará en el mejor recuerdo de los habitantes de esta frontera. Es evidente que la voracidad inmobiliaria está sentenciando la identidad edilicia de esta ciudad, generando nuevos edificios que en forma simultanea han ido borrando la historia que fueron escribiendo desde 1888 los primeros habitantes de la aldea.
Chuy, setiembre de 2010.