A pocos metros de la Escuela 28 y poniéndole punto final a la Avenida Internacional, bastante lejos del mundanal ruido comercial “del centro” se encontraba la fábrica de tabacos. Todo había comenzado con la llegada de los primeros adelantados, entre los cuales se encontraba Antonio Fosatti, cuya presencia contribuyó al desarrollo social y económico de esta frontera.
Como ha sucedido en los últimos meses con otros edificios emblemáticos de la ciudad, hace algunos días cayeron para siempre los últimos vestigios del abolengo industrial que supo ostentar durante muchas décadas la fábrica Fosatti.
Don Silvio había nacido en 1890, cuando solamente se divisaban las casas de don José Rodríguez, León Ventura, Francisco Méndez y algún rancho de adobe y paja brava como el que ocupaba el guarda aduanero Isidoro Machado. Pasan los años y espíritu emprendedor del joven Silvio, lo lleva a instalar su “pequeña industria” con solamente dos empleados destinada a la fabricación de tabaco.
Desde el primer momento recogió el nombre de Don Antonio en homenaje al padre de su fundador que fuera el primer Juez de Paz que tuvo la frontera. El edificio inicial contaba con las siguientes dependencias; un depósito donde se preparaba la materia prima, una sala de máquinas para el picado del tabaco y otro para el horno, limpieza y envasado. Desde sus comienzos la pequeña industria fue considerada como un verdadero milagro, al subsistir frente a los intereses económicos de poderosas organizaciones, acrecentando la venta de sus productos con marcas impuestas por su calidad como sucediera con Puritano, Don Antonio y San Luis.
QUIEN ERA DON SILVIO
Como complemento de esta nota evocativa, vamos a extractar partes fundamentales de un reportaje realizado a Irineo Alves meses antes del fallecimiento de Don Silvio, señalando que era hijo de Antonio Fosatti, el primer Juez de Paz, habiendo nacido el 21 de abril del año 1890. Fue alumno fundador de la Escuela Federativa de Brasil. “Tras algunos intentos experimentales inauguró oficialmente la fábrica el 18 de febrero de 1925. Su inteligencia, su carácter, su poder de iniciativa y su tino comercial lo llevaron a imponer su iniciativa y los productos en todo el territorio nacional.
Con los años la pequeña fábrica se convirtió en el factor fundamental para el desarrollo comercial y social de la ciudad, generando una de las fuentes de trabajo más importantes del departamento. En la década del 30 se concreto una de sus iniciativas, con el empadronamiento de las calles y plaza pública mediante un plano ejecutado por el agrimensor Facundo Machado. Donó además el terreno para la construcción del Club Social y habilitó un edificio para la instalación de la Sucursal del Banco de la República, que se concretó el 14 de abril de 1951. Don Silvio falleció el 7 de febrero de 1975 -dijo finalmente Irineo Alves.
Chuy, setiembre de 2010.