En 1958 se produjo en el país un triunfo largamente esperado por los blancos, quienes llegaron al Gobierno, augurando mejoras en el panorama político y mayor bienestar a la ciudadanía. Sin embargo los buenos augurios no se concretaron y los repartos de cargos, conjuntamente con la muerte del caudillo Luis Alberto de Herrera agravó el fraccionamiento interno de aquel colegiado.
El 8 de abril de 1959 se produjo la muerte del caudillo blanco, cerrando un ciclo de 86 años dedicados intensamente a la política. Es posible que la misma hubiera comenzado a los 25 años cuando concurre a Buenos Aires para homenajear a Leandro Alem en representación de los estudiantes montevideanos.
Posteriormente pronunció su primer discurso político en el Uruguay en el Club Defensores de Paysandú, y en 1897 entra de lleno en la guerra civil. Esa pasión por la política y las libertades individuales fue la misma que lo hizo sobrellevar la larga agonía que había comenzado el 5 de abril cuando fue internado en el Sanatorio Americano y puso fin a su vida el 8 de abril a las 23 horas y 40 minutos. Si bien sus libros nunca tuvieron la trascendencia merecida, alcanzaron reconocimiento internacional al denunciar los crímenes de la Triple Alianza entre Mitre, los brasileños y el General Flores, los que llegaron al genocidio del pueblo paraguayo, determinando que una de las principales avenidas de Asunción lleve su nombre.
Cuando le llegó la muerte, se encontraba en una pobreza edificante, peleado con la soledad, amargado por la traición de aquellos a quienes llamaba de amigos, colegas o correligionarios. Días más tarde el pueblo uruguayo fue sorprendido por lo que sería el testamento político del Dr. Luis Alberto de Herrera.
El texto censurado en nuestro país fue trasmitido desde Buenos Aires, por Canal 12, donde la Dra. Raquel Cabrera, asistida por el abogado argentino Dr. Oliva anunció que por decisión de los albaceas se daba a publicidad el documento, cuyo texto integro sería de puño y letra del Dr. Herrera.
En una parte del extenso documento el caudillo blanco señalaba: “Queridos correligionarios: estáis asistiendo a la sepultura de nuestros mas caros ideales, mientras la patria y el partido han sido traicionados. Me encuentro junto a mis seres queridos en el panteón del Buceo, donde he pedido ser enterrado, pero igual levantaré mi cabeza y los culpables serán castigados, los zorros volverán a sus guaridas a esconder sus cabezas bajo el ala como los avestruces. Pobres de mis amigos, los compañeros de la campaña, mis gauchos y nobles correligionarios que siempre me acompañaron. A quienes esperaban mi muerte pensando que me iban a reemplazar les decimos que estamos mas presente que nunca y con mi dedo pronto a juzgarlos. Juro que seré implacable, que la Patria será saneada y limpia de esta escoria putrefacta y mal oliente.”
El extenso testamento del caudillo blanco analiza finalmente el desempeño de la gran mayoría de los líderes de la política uruguaya de aquellos años “Harrison, Zabalza y Nardone, no hay palabras para calificarlos. Formamos un lema y cuando ganamos, dijeron haber ganado “ellos”. Ahora también han ganado. Albérico Passadore, Uruguay Tournne, Juan Ylaria, y muchos otros “grandes amigos”.
Enrique Erro, debe estar siempre en nuestras filas, es un gran hombre.
Máximo Garrido, noble cuidador, algo fantasioso, pero cuando se da es de corazón. Francisco Ubillos está algo desubicado, aunque no es malo.
Vidal Saglio, gran herrerista pero una vez tuvo el sueño del coche propio y lo dejaba escondido pero es muy capaz y amigo.
Justo Alonso, de los que uno no tiene interés en conocer demasiado.
Estos pobrecitos son del gallinero del vecino, me los trajeron un día y su maestro no les enseñó mucho.
Gianola, un pobre abogado, se le empleo en UTE, donde está?
Guadalupe, gira y gira y se marea, le puse el “trompo”, Garat no se compromete para nada, Eduardo Víctor Haedo “Matasiete” un pillo de primera, lo único bueno que tiene es que es un gran político.
Descansará nuevamente mi cabeza en la fría losa, si mi partido vuelve a la lucha, con coraje, honradez, sin ambiciones personales y todo lo hacen por La Patria por Saravia, por Diego Lamas.”
En la parte final del Testamento el Dr. Herrera señala virtudes y defectos de sus principales adversarios políticos; Luis Batlle Berres, batllista 100 x 100, artero enemigo de filas, pero un gran Caballero. Si volviera a vivir, mi final sería en el Paraguay, como Artigas, cuna de héroes con el recuerdo imperecedero de mi madre y del Mariscal López en el corazón”.
Chuy, noviembre de 2010.