Las murallas petrificadas de la histórica Fortaleza construidas en el siglo XVIII para defender un paraje denominado La Angostura de Castillos, nos recuerdan hoy el pasado histórico de un punto estratégico del litoral rochense.
En la actualidad representa el mayor atractivo del turismo rochense facilitando la convivencia armoniosa del pasado apuntando al presente y mirando hacia un venturoso futuro. Rodeada de una naturaleza pródiga la histórica Fortaleza de Santa Teresa se ha convertido nuevamente en el punto preferido de muchos viajeros que recorren miles de kilómetros para disfrutar de una cómoda estadía. A pocos kilómetros de la Fortaleza, el atlántico sigue siendo el mayor atractivo rochense por sus aguas tranquilas y finas arenas que conforman un paisaje inolvidable.
Durante la temporada veraniega se puede observar una intensa movilización en todo el litoral, ofreciendo junto a las dunas, un mar abierto y generoso que conjuntamente con la hospitalidad de sus moradores se ha convertido en el mejor imán de la costa rochense. Ubicada en una zona de antiguaos conflictos fronterizos, la fortaleza fue testigo de muchos intentos de expansión del Imperio Hispánico en estas regiones.
Los conflictos de 1762 entre Portugal y España determinaron que el Gobernador de Buenos Aires D. Pedro de Cevallos pusiera sitio y rindiera finalmente a la Plaza portuguesa de la Colonia del Sacramento, mientras el Virrey de Brasil, Gómez Freire de Andrade ordenaba al Coronel Tomás Luis Osorio la fortificación de La Angostura de Castillos, paso obligado de los ejércitos entre la Banda Oriental y la Provincia de Río Grande de San Pedro. De esta manera el 15 de octubre de 1762 (Santa Teresa de Ávila) comenzaron los trabajos bajo la dirección de Osorio, siendo en su principio de tierra y palo a pique, utilizando madera de los montes de San Miguel. Las precarias condiciones que ofrecía la fortificación de madera determinaron que el Ingeniero Juan Gómez de Mello se abocara a realizar los planos definitivos para su construcción en piedra.
En abril de 1763 se registra la presencia del propio Cevallos en Santa Teresa al frente de un ejército compuesto de dragones, blandengues y milicias con abundante artillería lo que facilitó la rendición de los portugueses. Dueño de la situación le correspondió a Cevallos disponer la inmediata construcción de la fortaleza, disponiendo que los planos estuvieran a cargo del ingeniero Militar Francisco Rodríguez Cardozo, los que más tarde fueron modificados por el ingeniero Bartolomé Hobal que puso termino a la obra y a quien puede considerarse como el verdadero autor de la misma de acuerdo a documentos del Departamento de Estudios Históricos. Años más tarde nuevas ofensivas sobre Río Grande determinaron que muchos efectivos españoles se refugiaran en Santa Teresa que vio su capacidad colmada por los fugitivos.
En el año 1797 se ubica la presencia de Artigas en la Fortaleza, al frente de una fuerza del Cuerpo de Blandengues de la Frontera que se había creado recientemente. Cuando los pueblos orientales abrazan la causa de Mayo, la fortaleza constituyó uno de los objetivos militares de los patriotas, siendo ocupada sin resistencia por las fuerzas comandadas por Manuel Francisco Artigas. De acuerdo a los documentos del Departamento de Estudios Históricos, durante la dominación luso-brasileña (1816-25) Santa Teresa fue deteriorándose poco a poco mientras su importancia estratégica había decaído, dada su ubicación entre las provincias sometidas en aquella oportunidad al mismo soberano. Iniciado el movimiento emancipador de 1825, luego de los triunfos orientales de Rincón y Sarandí, el Comandante Militar de Maldonado Leonardo Olivera, fue comisionado para ocupar la Fortaleza, lo que realizó en la madrugada del último día de aquel año. Sin embargo los brasileños lograron reconquistarla en octubre de 1827 pero al año siguiente el mismo Olivera toma posesión definitiva de la plaza. Después de la Independencia, el interés en la Fortaleza fue decayendo y el abandono la fue transformando en una ruina llena de recuerdos relacionados con nuestro pasado histórico. Finalmente en 1927 durante la presidencia del Dr. Juan Campisteguy se dispuso su restauración de acuerdo a una iniciativa del senador Alejandro Gallinal.
Chuy, setiembre de 2009.