Pocos temas como la educación tienen la virtud de promover tantos debates pretendiendo unificar opiniones que conduzcan finalmente a la escuela que haga del niño el protagonista de los adelantos técnicos y científicos del mundo actual y del futuro.
No podemos negar que la cultura contemporánea pasa por nuevos valores que apuntan al futuro, mediante un sistema educativo que debe sufrir algunas transformaciones. Con opiniones discrepantes, padres, maestros y profesores avanzan en el tema con rótulos que pasan por lo “anticuado” y “deficiente”, hasta poner en tela de juicio los métodos anunciados para la reforma.
De todas maneras existen instituciones que priorizan el tema de la laicidad, ante los embates que vienen sufriendo por parte de algunos sectores de la sociedad. Hace algunos años el profesor Rosalío Pereira señalaba en el Segmento Cultural de EL ESTE que “el mejor método será aquel, que en su amplitud, permita a todos y a cada uno, asirse a la motivación o a las actividades que le son más propicias.
En este aspecto, lo que más importa como formación del educador es la capacidad para captar, comprender y utilizar eficazmente las diferencias individuales. Consideración similar cabe con respecto al modo de encarar los temas de estudios, en razón del medio en que actúa. Por lo general las fuentes de información solo ofrecen materiales de validez universal. Bien mirado, el educador ha de ser siempre, además de una persona culta, un verdadero puente entre la cultura objetiva y la apetencia del educando por recibir y re-crear esa cultura. Ahí radica, quizás el aspecto más importante en la formación de maestros y profesores; más que la mera trasmisión de formulas de dudosa eficacia, se requiere la capacitación para pensar por si mismos, a fin de poder encontrar, siempre, los caminos que cada alumno y cada medio reclama, en beneficio de una educación eficiente y sobre todo dinamizadora” –señalaba el profesor Rosalío Pereira. Cuando los sociólogos, maestros y profesores analicen y discutan sobre el futuro de la enseñanza, continuarán las dicrepncias sobre los cambios que se deben realizar para lograr que los nuevos programas contemplen una verdadera reforma de la enseñanza. De todas maneras resultara muy difícil lograr los objetivos deseados al tener que tomar resoluciones definitivas sobre personas que vivirán dentro de 20 años en el ambiente que se les está elaborando en el día de hoy, con una realidad totalmente distinta. Pero tampoco basta que el niño reciba formación escolar, es necesario que se den las condiciones para que pueda seguir estudiando. Alguien señalaba con razón que un “pueblo educado sabe elegir entre un discurso serio y una prédica demagógica”.
Chuy, marzo de 2011.