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Por Julio Dornel - 9 de Abril 2011

BARRA DO CHUI: ORIGEN DE UN BALNEARIO

Hace algunos años señalábamos en ZONA CHUY que el balneario brasileño La Barra, había crecido en forma paralela al uruguayo del mismo nombre, y que solamente la cotización de la moneda determinaba el auge de la construcción de ambos lados del arroyo Chuy.

En aquella oportunidad recurrimos a uno de los vecinos más consustanciados con la historia del balneario para evocar el origen del mismo: Egidio Pereyra que con sus 80 años transcurridos entre el balneario y la frontera, se había convertido en uno de los pioneros del desarrollo zonal y testigo directo de la mejor historia del balneario.

Nació frente al atlántico el 1º de septiembre de 1921, en el seno de una familia muy numerosa, que fue cercando de ranchos el primer faro de hierro que habían construido los franceses en un terreno donado por su abuelo. Se llamaba Juan Pedro Pereyra, pero le decían “Yoca Documento”, apodo que había recibido al haber vendido más de 500 terrenos sin ningún tipo de documento que justificara la deuda.

Los recuerdos de don Egidio se amontonan en forma desordenada mientras va relatando el nacimiento del balneario y el afincamiento de los primeros vecinos. Conoció el balneario con sus ranchos y casillas de madera, que le daban a la geografía costera un encanto muy particular. Recordaba también las primeras construcciones de material que fueron desplazando las casillas y otorgando al balneario una nueva fisonomía. La familia de los Pereyra estuvo ligada permanentemente a la historia del faro local, donde muchos de sus integrantes cumplieron funciones durante el siglo pasado.

Al recordar los comienzos del balneario don Egidio señalaba que “por aquellos años no habían turistas, sino amantes del mar que llegaron un día con una caña de pescar y se afincaron definitivamente, con la esperanza propia de los pioneros, para ir forjando lentamente el desarrollo zonal". “No teníamos apuro-dijo don Egidio- se estrechaba la mano con mucha facilidad para el saludo afectuoso y dar comienzo a una vinculación social que se renovaba en cada temporada”.

Nos recuerda además los primeros vecinos y el clima un tanto especial para ir manteniendo a su manera una escala de valores que luego fue desapareciendo con los años. “Era un núcleo de ranchos sin mayores pretensiones, pero muy lindos y acogedores con una identificación total de los vecinos.

A principios de siglo esta tierra era prácticamente un potrero donde el ganado pastaba tranquilamente y hasta se podían observar animales cimarrones. Sin embargo el paso de los años y el afincamiento de los primeros Pereyra, con Yoca Documento a la cabeza y su modalidad de fraccionar y vender terrenos con amplias facilidades y sin garantía, fue determinando el auge del balneario.

El aporte de don Egidio nos ha permitido recordar a Américo Rodríguez uno de los fundadores del Club Social Beira Mar, en cuyos mostradores se daban cita los pocos habitantes del balneario. También a Héctor Calvette que fuera propietario del primer hotel donde recalaban los viajeros sin necesidad de presentar documentación. En realidad era una pensión con pretensiones de hotel, done abundaba el vino, la mortadela y el matambre casero.

Los nuevos edificios y la voracidad inmobiliaria nos han ido quitando las referencias del balneario y en la actualidad son pocos los sobrevivientes que pueden aportar recuerdos y anécdotas como lo hizo en aquella oportunidad don Egidio.

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