El título elegido nos señala la muerte del vecino Adauto Puñales, nacido en el paraje Los Andaluces a 30 kilómetros de la ciudad de Lascano, en la década del 30, en un pequeño minifundio que no superaba las 10 cuadras de superficie.
A la muerte del padre, se traslada a la ciudad de Lascano cumpliendo diversas actividades comerciales, mientras comienza a surgir su vocación política y su admiración por los hombres del Partido Colorado y fundamentalmente por el batllismo. Culmina de esta manera una larga y fecunda actividad política en filas del partido colorado, pero culmina también la vida de un hombre de hogar, un jefe de familia y un amigo de sus amigos, lo que nos hace dudar cuando debemos aceptar la muerte dentro del orden natural de las cosas.
Atraído desde muy joven por la personalidad de José Batlle y Ordóñez, dedicó su vida a la actividad pública, poniéndola al servicio de la libertad, la defensa de las instituciones y de la democracia. Con la muerte de Adauto desaparece del escenario político del departamento un hombre que por su integración moral hizo de la política el vehículo natural para luchar por sus ideales. Con la muerte de Adauto se va un ciudadano serio y respetado que hizo de la militancia política el trampolín para lanzar sus ideas y defenderlas con la pasión que ponen siempre los hombres del interior. Fue sobre todas las cosas un hombre de pueblo, sencillo, solidario y consustanciado con las causas populares. Por nuestra actividad periodística llegamos en varias oportunidades a su “retiro espiritual” en La Barra para conocer de primera mano las obras encaradas o las dificultades económicas que sufría la intendencia.
Debemos reconocer que nos desconcertó en varias oportunidades con sus comentarios pocos académicos cuando se tocaban algunos temas relacionados con su administración. En cambio es justo reconocer las buenas relaciones que mantuvo siempre con los medios de prensa, atendiendo siempre a los mismos con su habitual sonrisa, haciendo gala del ingenio popular que afloraba en todo momento con su cuota de humor cuando la insistencia periodística pretendía en vano sacarlo de sus casillas. Como no recordar los camellos para Cabo Polonio, el expediente de los Testigos de Jehová o su propuesta para trabajar las 24 horas del día y parte de la noche, sin que esto significara nada más que un gran sentido del humor. Sin embargo los camellos llegaron en 1994, sorteando las dunas rochenses con hábiles jinetes uruguayos en sustitución de los beduinos, pero con menos comodidad que los vehículos del “Frances”, haciendo realidad el proyecto de Adauto.
Sin embargo al margen de estas consideraciones de orden personal, no tenemos ninguna duda de que la historia de este departamento recogerá el nombre de Adauto como uno de los gobernantes más polémicos, discutidos, tradicionales y carismáticos de la política departamental.
Desde esta frontera que tanto quiso, nuestro emocionado recuerdo ante su desaparición física. A sus familiares nuestras sinceras condolencias.
Chuy, 23 de setiembre de 2009.