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Por Julio Dornel - 13 de Agosto 2011

BRASIL TENIA EL MEJOR EQUIPO


OBDULIO Y SUS RECUERDOS

Al margen de su grandeza dentro de la cancha donde fue siempre un guerrero hasta caer herido en el 54 y tener que colgar los zapatos, nos ha quedado de aquellos encuentros en casa del Dr. Cabrera Ayala, la imagen del “Negro Jefe” en su condición humana, al reconocer que al “cuadro brasileño del 50, si volvíamos a jugar 10 partidos no le ganábamos ninguno”.

Solamente el temperamento, la fuerza, la vergüenza, el coraje y el amor propio pudieron vencer al mejor equipo que había tenido el fútbol brasileño. Hay pocas cosas en la vida que tienen el poder de mantenerse vivas en nuestra memoria. El recuerdo de MARACANA en nuestros 13 años y el encuentro con Obdulio, Julio Pérez y el “Mono” Gambeta, quedarán para siempre montando guardia, como celoso centinela de nuestros mejores recuerdos. Esta crónica evocativa se las estábamos debiendo a los campeones, no para reiterar conceptos ya vertidos durante 61 años, sino para servir de ejemplo a las generaciones juveniles que se están iniciando en el maravilloso mundo del fútbol.

Durante tantas horas de charlas informales, el tema central giraba inevitablemente en torno a la conquista, porque todos queríamos conocer de primera mano algunos detalles relacionados con la misma. Primero, y como sucediendo durante muchos años, se concurrió en malas condiciones y una falta total de organización.

El técnico se designó a un mes del primer compromiso y cuando llegaron a Brasil no tenían alojamiento reservado, ni las condiciones elementales que requiere una delegación deportiva. Entre muchas cosas que rodearon aquella patriada que sigue siendo uno de los grandes milagros del fútbol uruguayo, nos enteramos que Julio Pérez estuvo practicando en el arco, ante la eventualidad de que no se pudiera utilizar a Maspoli ni Paz, puesto que en aquel mundial solamente habían concurrido dos arqueros. Obdulio nos manifestaba que su primera sorpresa fue el triunfo de Estado Unidos ante Inglaterra, “no entendimos como fue posible que estos japoneses sin figuras importantes, pudieran derrotar a los inventores del fútbol.” Julio Pérez por su parte destacaba la presencia de Matucho Fígoli que “siempre estaba dispuesto a colaborar con el grupo, sin desatender su especialidad de masajista.”

Refiriéndose a los compañeros Julio Pérez no quiso destacar a ninguno, señalando que el “Ñato” Ghiggia, que había comenzado como uno más del plantel, se fue transformando en una de las piezas fundamentales del equipo.” También señaló Julio que cuando iban para el Estadio Ghiggia les dijo estar seguro que ganarían y que él haría el gol del triunfo como finalmente sucedió. Cuando terminó el partido se quedaron con Obdulio en el medio del campo esperando el trofeo y como la cosa estaba demorando demasiado dijo en tono amenazante “Si este japonés no me entrega la copa, nos vamos y chau, no estamos aquí para esperar a nadie.” También nos enteramos que cuando llegaron al hotel no hubo festejos porque los dirigentes no estaban. Dijo finalmente Julio que se fue con el “canario” Rijo a comprar unas cervezas y algo para picar, pero antes se sacaron el equipo deportivo que podía identificarlos ante la parcialidad brasileña. Sin embargo esto no sirvió de mucho y la gente del boliche los reconoció de inmediato invitándolos con algunas cervezas y pidiéndoles autógrafos. Los Campeones del Mundo de 1950 tuvieron que festejar solos, compartiendo algunas copas con amigos circunstanciales en un boliche de Río.

Esta nota no estaría completa si no recogiéramos algunos conceptos vertidos por el periodista brasileño Luís Zanin, en una parte de su columna para el diario El Estado de San Pablo: “No adelanta reunir once cabezas privilegiadas y obligarlos a ganar partidos y torneos. La “raza” es apenas algo más, que puede hacer la diferencia cuando tienes otros ingredientes disponibles, técnica, táctica, inteligencia etc, etc.

Es apenas un plus, nunca un factor determinante. En 1950 ese carácter fue simbolizado por Obdulio Varela, el comandante de la victoria sobre Brasil. Entre varias historias, el escritor uruguayo Eduardo Galeano relata en su libro A Sol y Sombra, que después del partido, Obdulio no quiso conmemorar con los dirigentes uruguayos y salió solo por la noche de Río de Janeiro. Con estos seres humanos -decía Luís Zanín- se hace un gran equipo. Sin embargo, si observamos las dos formaciones, jugador por jugador, nadie podrá negar que la selección brasileña era superior a la uruguaya. Eso poco adelantaba si le estaba faltando lo esencia...

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