Heráclito de Éfeso (540-475 a.C.), notable pensador de la antigüedad griega, hizo un aporte fundamental al desarrollo de la filosofía y las ciencias al incorporar la idea del “devenir de las cosas”, esto es, el concepto del cambio, del movimiento, de la transformación permanente de todo.
Esta noción, justamente, estaría llamada a tener trascendencia en el decurso de los siglos, por oposición a la del “fijismo” o de la “inmutabilidad”.
La existencia transcurre en el movimiento. Cualquier encasillamiento responde sólo a lo momentáneo y, en consecuencia, caduca. En última instancia, nada es igual a su anterior; no hay repetición, apenas similitud. Como señalaba el filósofo “nunca puedes bañarte dos veces en el agua del mismo río”.
Examiné -en nota de hace unos días- la aparición del Diccionario del Español del Uruguay (DEU), lo que es una muestra viva, en el Río de la Plata, de la variación y enriquecimiento del caudal de la lengua matriz. Es una materia atinente a la lingüística.
El ejemplo va más allá y puede saltar a numerosísimas esferas. No es una exquisitez, ni un capricho. Alcanza lo más real y tangible, como son los intereses humanos inmediatos, a poco que las orientaciones se visualicen, para poner un caso, a través de las ciencias sociales y políticas.
No he de ingresar a este territorio apasionante, que hace a la filosofía política, a la economía y sus sistemas, a la filosofía de la historia y al papel del hombre en la sociedad.
Manteniéndome en el ámbito del idioma, no puedo menos que decir ¡“help”!, ayuda, socorro! Es que alguien, o mejor muchos -felizmente- y jóvenes, ya han ingresado a la veta del abanico tecnológico que se inserta en el español. Se acercan, la entienden o la dominan. No yo, desgraciadamente y por ahora…
Si aún ha tenido la paciencia de acompañarme, descífreme, por favor, este segmento de un artículo que sobre los monitores (pantallas informáticas) aparecido en “La Nación” de Buenos Aires y divulgado por el “Grupo Diarios de América” (GDA) y dígame si el idioma no está en movimiento:
“El Central Station CA 550 de Samsung -un display Full HD, brillo de 250 cd/m2, tiempo de respuesta de 2 ms- es básicamente un hub con pantalla de 23 pulgadas. ¿Qué significa? El equipo cuenta con una serie de puertos -5 USB, HDMI, RGB- que permite que le conectemos una portátil y desktop, un teclado, un mouse y un disco rígido externo, por ejemplo. Uno llega con su netbook o notebook y la conecta a uno de los puertos del CA 550. Luego de instalarle los drivers, verá en él duplicada la pantalla de la portátil. Podrá conectar también al hub un mouse y un teclado, y trabajar en una netbook durante horas no será incómodo.
Cierto es que la ignorancia provoca desazón, al menos en mí. Pero el comunicador, que mortifica con su novedad, aún tiene algo más para espetar: “La idea del equipo Samsung es atractiva.” Por no entender, no lo pongo en duda. Me preocupa lo que sigue: “El precio, no es muy popular todavía..”
Prefiero, sí, volver al principio, aunque resulte prosaico. El idioma no está estático. Se amplia, se desarrolla. No está encorsetado. “Fluye”, para repetir a Heráclito. Con palabras de Galileo Galilei, “se mueve”.
Como todo en la vida.